lunes, 5 de octubre de 2026

Inciso musical: primer concierto de abono de la temporada 26/27 del Ciclo Recitales y música de cámara. Obras de Haydn, Schubert y Mozart.

  Por supuesto, ya había ido en varias ocasiones a la sala de música de cámara del Auditorio Miguel Delibes, pero este año he decidido sacar el abono de temporada. No son muchos conciertos, sólo ocho, pero son suficientemente variados como para interesarme. Con toda esa variedad, siguen dominando las piezas del Barroco o del primer Clasicismo (como en el día de ayer), lo cual supone un contrapunto notable a la mayoría de obras del Romanticismo musical que se programan para la OSCyL en la sala sinfónica.
 En la noche de ayer interpretó la violinista japonesa Midori, quien, este año, es artista residente del auditorio. La acompaña un ensemble de cuerdas de la OSCyL para un selecto conjunto de obras clásicas.
 El orden del concierto se alteró, por cierto, supongo que por razones de índole logístico, interpretándose primero a Schubert, luego a Haydn y por último a Mozart.
 Así, pues, se inició el concierto con el Rondó en la mayor de Franz Schubert, una obra más corta que las siguientes, quizá más interesante al servir de "abreboca musical". La obra está concebida para violín solista y quinteto de cuerdas (dos violines, dos violas y un chelo). La maestría de Midori Goto es apabullante. Mi localidad, en una excelente tercera fila, me permite disfrutar del más mínimo movimiento de la violinista que acompaña una genialidad interpretativa difícil de alcanzar. La obra se articula en un único movimiento, con un comienzo en adagio que va poco a poco aumentando en ritmo hasta llegar al allegro. Es, sin duda, una obra compuesta para exigir virtuosismo al solista, algo que la japonesa de Osaka consigue sin dificultad.
 A continuación se interpretó el Concierto para violín nº 1 en do mayor de Franz Joseph Haydn, de mayor duración, unos veinte minutos, y estructurado en los tres movimientos típicos del Clasicismo, rápido-lento-rápido, que tan buen resultado ha dado hasta nuestros días. Y, sobre todo, es Haydn. Esta aseveración tan rotunda viene a decir que esa elegancia maravillosa del compositor austriaco se siente en toda la obra. En palabras, que me han parecido acertadísimas, del musicólogo Enrique García Revilla que firma el programa de mano: " Elegante como siempre y como nadie...". Así es, entre las características de la obra de Haydn está esa sensación de belleza reposada, consciente de sí misma, que no empeora un ápice con el paso de los siglos. Lo podemos llamar elegancia, sí, ¿por qué no? En el primer movimiento, Allegro moderato, se establece un diálogo entre el violín solista y la orquesta que entusiasma al espectador, que alterna su mirada de uno a otro como si de un partido de tenis musical se tratara. El segundo movimiento, Adagio, carece del sentimiento trágico tan frecuente con este tempo, pero mantiene su carácter elegante y solemne. Por último, el tercer movimiento, Finale, presto, supone un cierre en el que el virtuosismo del solista, en este caso la gran Midori, deja al público con un excelente sabor de boca.
 Para finalizar este primer concierto de música de cámara que mejor que Mozart, concretamente se eligió su Quinteto de cuerda nº 4, quizá una de las obras de este tipo de instrumentación menos representada del genial salzburgués. Como recuerda el musicólogo antes citado, esta obra fue compuesta en la época de la muerte del padre de Mozart, con quien tenía una gran relación, no sólo en el ámbito familiar, también en el artístico y profesional. Como consecuencia, es una obra que tiene un cierto tono lúgubre, desanimado, tan diferente de otras obras maravillosas del compositor austriaco, como sus famosos divertimenti. El quinteto está estructurado en cuatro movimientos: allegro, menuetto, adagio ma non troppo, adagio-allegro. Incluso el minueto no parece un alegre baile, ya que tiene un toque trágico que se percibe en todo momento. En todo caso, también se produce un diálogo entre instrumentos, especialmente entre el violín solista y la viola, así como entre el violín solista y el violonchelo, que provocan la delicia del público.
 En fin, un inicio de temporada excelente, como decía antes, un gran contrapunto a la, por otro lado extraordinaria, música sinfónica de la OSCyL.