Otro conjunto de relatos (alguno podría ser categorizado hoy como novela breve) de ese extraordinario escritor siciliano, experto en diseccionar el alma humana. Porque Sciascia habla de Sicilia, los sicilianos y lo siciliano, pero su análisis del individuo y su sociedad es tan fino, tan intenso, que, en realidad, habla del ser humano y la sociedad en que se organiza. Sus personajes son redondos, verosímiles, casi se los puede tocar. Estaba Sciascia, sin duda, enamorado de su tierra, pero que nadie se equivoque, no hay ni rastro de chovinismo o patrioterismo en su narrativa, al contrario, precisamente por ser "de la casa", el escritor no deja títere sin cabeza. Conoce tan bien los vicios y defectos de sus coterráneos que lo denuncia sin sonrojo alguno. Porque, al final, sicilianos o no sicilianos, los vicios y virtudes de los hombres son las dos caras de la misma manera. Así, por ejemplo, la capacidad de salir adelante contra viento y marea, innegable virtud, se basa muchas veces en mirar para otro lado cuando hay problemas (el silencio opresivo de la omertà, yo no he visto nada, yo no sé nada); o el afán de superar dificultades a toda costa, de nuevo, loable cualidad humana, se torna en superficialidad y volubilidad, apoyando a distintos poderes, por ejemplo, según interese, independientemente de los principios propios.
El primer relato contenido en este volumen es La tía de América, una deliciosa narración ambientada en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial en un pueblo de Sicilia. Allí, los paisanos están esperando, entre esperanzados y atemorizados, a que llegue la invasión de las tropas estadounidenses. Cuando finalmente llegan los americanos, a los que creen una suerte de raza superior, se encuentran con que muchos soldados rasos hablan italiano, y algunos incluso el dialecto siciliano, pues son hijos de inmigrantes de la zona. Y, claro, lo que antes decía, el veleidoso carácter siciliano hace que los que antes daban vivas al Duce, ahora aseguren ser antifascistas de toda la vida; las castas y puras mujeres, se venden ahora por unos cigarrillos. Eso sí, acritud, ninguna, puro sentido de oportunismo camaleónico. A la familia del narrador, un adolescente, llegan cartas de Nueva York de una tía que allí vive. Ésta les promete el oro y el moro, y, cuando finalmente visita la isla, le parece la tierra más atrasada del planeta, ella, que salió del mismo terruño.
La muerte de Stalin es, en este caso, lo contrario, un relato de fidelidad política fanática cuasi religiosa. Pero la maestría de Sciascia lo muestra con una ironía deliciosa: hace quejarse al comunista Calogero del fanatismo religioso de su mujer, que se niega a aceptar los cambios dentro de la Iglesia Católica. Él, ateo declarado, defiende los cambios con aquel: ¿no sabrán las autoridades lo que os conviene? Eso sí, cuando tiene que aplicarse a sí mismo esa sencilla regla, ya no lo acepta. Estalinista ferviente, cuando muere el dictador y la cúpula del politburó encabezada por Kruschev denuncia los excesos brutales del genocida georgiano, no puede creer ni una palabra que sale del PCUS. Entonces es él el que se aferra a la tradición, a su santito de bigote frente a las razones que se exhiben denunciando las purgas y los gulags. Es el otro extremo del veleidoso posibilista, la intransigencia dogmática que no acepta cambio alguno.
El "Quarantotto" es más una novela breve que un relato. También ambientado en la ficticia localidad de Castro y en 1848, con las revoluciones contra los Borbones en el sur de Italia y los Habsburgo en el norte, y que acabará en 1860 en la Unificación de Italia encabezada por Garibaldi. Pero Sciascia, una vez más, habla de intrahistoria, de los pequeños personajes, no de los grandes nombres que todos recuerdan. En esencia, todas las características que el autor da a sus personajes se encuentran aquí: la veleidad oportunista, la ausencia de fijeza en los comportamientos y la creencia, la volubilidad sin sonrojo... Un ejemplo es el barón de la localidad, que en el 48 se declara borbónico furibundo cuando la revolución finalmente fracasa, se torna ahora garibaldino firme cuando las tropas del general claramente van a ganar la partida.
El último relato de este volumen es El antimonio, una excelente narración, parcialmente ambientada en la Guerra Civil española, que ya leí y reseñé en este blog.
Leonardo Sciascia. Imagen tomada de Wikimedia Commons
En fin, la prosa de Sciascia es tan quirúrgicamente exacta, tan precisa, que siente uno el alma atravesada con esa mirada tan aparentemente normal, pero con una agudeza difícil de encontrar.

