Ojo por ojo no pertenece a ninguna de las dos series de novelas del escritor inglés, ni a las "Novelas de Barchester", ni a las de "Palliser"; es una novela independiente. Tampoco tiene la complejidad argumental y de personajes que otras novelas del genial autor victoriano. Con todo, para un fervoroso admirador de Trollope como un servidor, leerlo ha sido un placer que me ha aislado de la mediocridad social y existencial que nos rodea.
Anthony Trollope vivió muchos años en Irlanda (cuando la isla esmeralda formaba parte del Imperio británico), trabajando como un simple empleado postal. Desde un punto de vista literario, esta época de su vida dejó poso en varias novelas, ambientadas total o parcialmente en esa isla, y en personajes irlandeses un tanto estereotipados (católicos fervientes, tradicionalistas, bebedores, enemigos de todo lo inglés...). En Ojo por ojo, de hecho, los principales personajes irlandeses (Kate O'Hara, su madre y el cura) contrastan vivamente con los ingleses, siendo éstos comedidos y razonables, apasionados e iracundos, aquéllos.
El argumento de Ojo por ojo es, grosso modo, el que sigue: Una familia inglesa de rancio abolengo nobiliario se encuentran ante la tesitura de decantarse por un heredero apropiado. El joven que, de forma natural, sería el mayorazgo lleva una vida disoluta y, finalmente, muere joven, con lo que el conde elige a su sobrino Fred Neville como sucesor. Éste es un joven oficial del ejército británico que ha de ser destinado a Irlanda (como antes dije, todavía tierra británica en aquella época). Allí conocerá a una joven, Kate O´Hara, y a su madre, esta última, supuesta viuda. Por otro lado, en Inglaterra, la condesa intriga por su parte para que Fred se empareje con una joven local, la señorita Mellerby. Trollope, gran descriptor de caracteres presenta a las dos jóvenes como antítesis: la morena, visceral, apasionada e inquieta irlandesa se contrapone a la rubia, razonable, anodina y calmosa inglesa. Pero, más aún, las mujeres de una generación anterior, que patrocinan y protegen a las menores también se enfrentan; Lady Scroope, la condesa, que promueve a la Mellerby es manipuladora pero se autocontrola; la madre de Kate es, por el contrario, prona a los ataques violentos. Dejando de lado a las mujeres, los hombres son mucho más simplones: el viejo conde sólo quiere que Fred siente la cabeza, le da igual que sea con una o con otra; y el propio Fred no es más que un pobre hombre incapaz de imponer su carácter sobre las manipulaciones femeninas. En fin, está visto que Anthony Trollope, gran conocedor del alma humana, distingue entre los estereotipos masculino y femenino de forma extraordinaria, pintando un retrato absolutamente verosímil para cualquier época y lugar. La situación se complicará con el embarazo de la irlandesa, estratagema clasiquísima para cazar al rico heredero. Pero, además, el padre de la irlandesa, un tipo patibulario que hasta el momento se creía muerto, aparece para extorsionar al inglés, exigiéndole una fuerte suma o una renta vitalicia para desaparecer de su vida. Una vez más, Neville será incapaz de complacer a ninguna de las mujeres: pretende casarse con la irlandesa para cumplir con ella, pero no hacerla condesa y vivir en el extranjero para satisfacer a su tía. Todo se desbaratará trágicamente cuando la madre de Kate O´Hara, en un ataque de ira, empuje al joven heredero por los acantilados de Moher.
En fin, un dramón, pero perfectamente creíble, especialmente por la capacidad que tiene el autor de retratar personajes con sus caracteres perfectamente definidos. Otra gran novela de Trollope, por mucho que, como decía antes, no sea de las mejores.

