lunes, 9 de marzo de 2026

"Diario de un don nadie", de George y Weedon Grossmith.

  Uno nunca puede ser imparcial, cuando le gusta un determinado periodo o cultura se tiende a valorar todo lo que proviene de ellos de forma positiva, y luego se da uno el batacazo. Un batacazo considerable me he dado yo al leer Diario de un don nadie, escrito por George Grossmith e ilustrado por su hermano Weedon. Y es que, si alguien lee este blog pobretón lo sabrá, la época victoriana e Inglaterra son las coordinadas espaciotemporales en las que encuentro a mis escritores predilectos. Pero en mi descargo diré que hay que ser un redomado tarugo para no apreciar a Dickens, Trollope, Hardy, Austen, Thackeray, James, Stevenson, Tennyson y compañía. Que uno tiene paladar, vamos. Pero en la simpleza de quien esto escribe se comete el gravísimo error de pensar que todo aquello que se escribió en la pérfida Albión a finales del XIX ha de ser por fuerza de altísima calidad. Por otro lado, las zozobras anímicas provocadas por vivir en un planeta con ocho mil millones de imbéciles (casi toda la población, excluyendo un pequeño grupo del que me he rodeado, felizmente) me fuerzan últimamente a buscar literatura humorística para seguir alentando. Conocía la existencia de Punch, revista humorística inglesa editada a partir de 1841 y que estos tíos que reseño ahora habían publicado en ella. Todo ello me llevó a sacar este libro de la biblioteca... y darme el batacazo.
 Y es que, queridos amigos, no se puede generalizar. Que esa pequeña isla del Atlántico tuviera una de las generaciones de escritores más prolíficas y excelentes no quiere decir que todos los escritores ingleses de época victoriana lo fueran. Temo tener que decir, espero no ser injusto, que George Grossmith no fue un escritor meritorio. Es más, creo que Weedon Grossmith como caricaturista y dibujante es mucho mejor que su hermano como escritor.
 Diario de un don nadie es, obviamente, un diario, el de Charles Pooter (el apellido, claro, es una broma que se repite muy a menudo, "poo" se traduce como "caca", así que Pooter sería algo así como Cagón), un inglés de clase media baja, contable en la city, con mezquinas aspiraciones, con ínfulas, grandes anhelos de trepar socialmente, de mente cuadriculada y una terrible tendencia a contar chistes malos. Es, en realidad, una burla del típico inglés de clase media, buen ciudadano, ñoño hasta aburrir, cicatero y roñoso. Precisamente, por ahorrarse unas pocas libras tiende a meterse en situaciones ridículas, acabando por ser el hazmerreír de todos. Si se comparara con un personaje televisivo semejante sería el contemporáneo Mr. Bean.
 Evidentemente, el diario de Pooter es de una irrelevancia absoluta,, anotando en él bobadas cotidianas a las que presta gran importancia. Ese afán grandilocuente contrasta con su mediocridad absoluta, ahí está lo jocoso.
 Quien lea esto pensará que no hace falta irse a la Inglaterra victoriana para encontrar Pooters a tutiplén, que aquí mismo hay millares de bobos solemnes que se creen dechados de virtud. ¡Ay de mi propia familia cierta gente!
 En fin, leyendo lo que acabo de escribir podría parecer interesante, pero Grossmith no lo consigue. Es bastante malo; quizá por el tiempo pasado muchas situaciones chistosas son previsibles y poco graciosas. Todo el diario resulta bastante ñoño. Se entiende el humor, por supuesto, pero es tan evidente y blanco que no satisface. Una pequeña decepción.