Cuarto volumen de relatos y artículos de Emilio Carrere que leo. Saco las mismas conclusiones que antes: que Carrere es más un periodista que un narrador de ficción, aunque tiene una calidad prosística evidente. De hecho, varios de los títulos contenidos en el tomo son artículos periodísticos, ignoro si publicados en prensa o no, y no pretenden en ningún caso tener aspecto de relato. Por otro lado, ya sea en los relatos o los artículos periodísticos, la personalidad del autor se manifiesta con ese humor irónico, sarcástico, así como una burla de la mediocridad social o el excesivo poder de la Iglesia católica. Porque, aunque es posible que el escritor madrileño fuera un bromista, un vividor y un bohemio no dejaba de tener un carácter combativo en muchos aspectos. Otro rasgo de su temperamento está en el gusto por lo sobrenatural, siempre desde una óptica humorosa que lo hace tolerable, y que empapa muchos de sus relatos.
El relato que da título al libro, El diablo de los ojos verdes, es una excelente narración preñada de ironía y sarcasmo sobre monjas seducidas por un diablo de ojos verdes (un cura joven y atractivo, vamos) y su inverosímil defensa sobre la naturaleza demoníaca del sacerdote. Es un cuento que muestra la excepcional capacidad de Carrere para el humor, así como la sorna con la que trataba la fanática autoridad de la Iglesia católica.
La rebelión de los fantoches es un relato que pareciera haber sido escrito por Pirandello, pues comparte con la obra del genial dramaturgo siciliano el hecho de que los personajes del autor se le presentan en la vida real. El plagio está imposibilitado en tanto que ambas obras se publicaron el mismo año, 1925. En el relato de Carrere, a un escritor, Martín Sayago (alter ego evidente del autor), se le aparece primeramente un personaje, el doctor Catafalco (protagonista de La torre de los siete jorobados, de Carrere) para decirle que sus protagonistas están muy descontentos con él y planean una encerrona. Con esa emboscada, concretamente, quieren dejarle claro que los ha creado pobretones, miserables y sin posibilidad de mejora. Es un relato genial, muy original, pareciera el argumento de una zarzuela, que tanto éxito tenían por estos lares hace cien años.
El resto textos del volumen están englobados bajo el epígrafe de De Almas, brujas y espectros grotescos y suponen una cierta alternancia entre relatos de ficción, la mayoría con temática espiritista, y artículos periodísticos, casi todos con temática literaria. Así, Lo que vio la reina de Francia es la narración de la propia María Antonieta, reina de Francia y aficionada al espiritismo, que, engañada por el sorprendente estafador siciliano Cagliostro, creía en la predicción del futuro, viendo en la "cubeta de Mesmer" como sería decapitada. En El espectro de la rosa, texto muy metaliterario, incluye la Ligeia de Edgar Allan Poe, además de autores patrios como Pedro de Rápide o Pérez Galdós. Precisamente sobre el autor americano discurre Carrere en su Edgar Poe, el ocultista, artículo periodístico en el que defiende la posibilidad de que el talento del bostoniano tenía que ver con que fuera médium y estuviera en contacto con seres del más allá. El chato de El Escorial es una crónica periodística en el que reinterpreta un terrible crimen que ocurrió en 1892, cuando un niño fue secuestrado, violado y asesinado en esa localidad madrileña. Carrere se hace eco de la teoría popular según la cual el asesino convicto, enfermo epiléptico y analfabeto que nunca admitió haber cometido el infanticidio, fue una cabeza de turco para eximir de culpa a algún fraile del famoso monasterio.
En fin, queda claro que Emilio Carrere fue un gran escritor. Tal vez no tuvo ideas para grandes novelas, pero su dominio de la lengua escrita era extraordinario, aportando siempre un toque humorístico que deja un excelente sabor de boca en el lector. Escribía en este mismo blog hace años que era una pena que Carrere no hubiese nacido en Inglaterra en esa misma época, pues en ese caso habría sido considerado un gran autor, pionero en ese humor sarcástico que consideramos "humor británico", sin embargo, en nuestra "piel de toro" el realismo literario imperaba con soltura, marginando otras formas de escribir. En todo caso, ese verso libre que fue Emilio Carrere dejó un excelente puñado de relatos y narraciones que bien merece una relectura ocasional.

