domingo, 12 de abril de 2026

Inciso musical: decimoquinto concierto de abono de la temporada 25-26 de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Obras de Sibelius y Coll.

  En el día de ayer, la OSCyL estuvo dirigida por su batuta habitual, Thierry Fischer, mientras que el solista invitado fue el pianista Kirill Gerstein. Se programó un concierto de Sibelius, con el plato fuerte de la Sinfonía nº5 y el entremés de En saga (en sueco, Un cuento, Una saga); eso sí, también se introdujo, un poco con calzador, el Concierto para piano de Francisco Coll.
 La primera obra, En saga, de Jean Sibelius es un verdadero poema sinfónico, aunque no tan evidente como aquéllos de Debussy o Smetana. Es, sin embargo, una obra redonda, en la que en poco más de dieciocho minutos se pasa por todas las emociones posibles, de la tristeza más profunda a la alegría más desbordante, pasando por varios estados intermedios. El título puede ser engañoso, pues lleva a pensar que pudiera estar influido por alguna historia popular finlandesa, de hecho, algún sesudo crítico llegó a relacionarla con Kalevala (una epopeya nacional finlandesa), pero el propio Sibelius se encargó de desmentirlo, asegurando que la variedad melódica y rítmica tuvo su origen en los vaivenes emocionales por los que él mismo pasó, sin tener nada que ver con obra literaria alguna. En cualquier caso, la obra ha sufrido muchas modificaciones, pues inicialmente fue escrita para septeto de cuerda con flauta y clarinete, hasta acabar adaptado para orquesta sinfónica completa. La composición contiene muchos ostinato, frases melódicas que se repiten "obstinadamente", dando por momentos una sensación de stress y ansiedad; en otros momentos, por el contrario, la melodía se dulcifica notablemente. Esos contrastes enriquecen notablemente la obra.
 Después, tocó el turno de Francisco Coll y su Concierto para piano, interpretada por el pianista de origen ruso Kirill Gerstein. Es ésta una obra francamente difícil de escuchar, al menos para el espectador medio, que busca melodías reconocibles que encajen en ritmos tradicionales. Sin embargo, Coll ha recibido multitud de premios, tanto en nuestro país como en el extranjero, y recibe con frecuencia encargos. Este mismo concierto es encargo de las orquestas sinfónicas de la Radio Bávara, Boston, Estado de Sao Paulo, Castilla y León y Melbourne. El Concierto para piano es de una agresividad notable, excesiva, transmite un estado anímico alterado que el auditorio no acaba de entender plenamente. Los aplausos del público, quizá más destinados a la propia orquesta o a los innegables esfuerzos de Gerstein para llegar a tan exigente partitura, plantean la duda de hasta qué punto el respetable entendió la obra. Por cierto, Kirill Gerstein consideró innecesario ofrecer un bis.
 Afortunadamente, tras el descanso llegó el plato principal, mucho más entendible y agradable de la Sinfonía nº5 de Sibelius, una de las grandes obras que la OSCyL interpreta por quinta vez en su historia. En ese afán de programar conciertos contrastantes, de nuevo, el contraste entre Sibelius y Coll es absoluto, también, me temo, en calidad. La Quinta sinfonía no es la más interpretada de Sibelius, ese podio se reserva para la Segunda; con todo, la Quinta  es una de esas obras que caracterizan a un compositor y lo elevan al Parnaso musical. La obra, a diferencia de la estructura clásica, está dividida en tres movimientos, no en cuatro. El primero de ellos, Tempo molto moderato - Allegro moderato, que procede de la unión de dos, que daría los cuatro movimientos típicos de toda sinfonía. El segundo movimiento, Andante mosso, quasi allegretto, tiene varios pizzicatti de las cuerdas al completo. Pero, el tercer movimiento, Allegro molto - Largamente assai es, sin duda, el mejor: contiene una frase musical, iniciada por las trompas en solitario, a las que después se unirán el resto del viento metal, que lleva la composición a un nivel superior. Este motivo musical ha sido relacionado tradicionalmente con cisnes, bien porque el propio Sibelius afirmó haberse inspirado al ver un grupo de cisnes volar, bien porque se ha querido ver un final del estilo del "canto del cisne". Sea como sea, genera un sentimiento emotivo a la par que potente. Y es que las trompas, que son consideradas unos de los instrumentos menos melódicos de una orquesta sinfónica, sólo útiles para transmitir sentimientos épicos y un tanto apabullantes, en realidad pueden dar también una dulzura que pocos instrumentos consiguen. En el largo aplauso final, el público deparó una ovación especial a los cuatro trompistas, cuyo desempeño fue impecable.