sábado, 28 de marzo de 2026

"Fábulas y cuentos", de Gilbert Keith Chesterton.

  Estos días atrás, he leído a la vez Generación X de Douglas Coupland, que acabo de reseñar, con este pequeño volumen de la editorial Valdemar titulado Fábulas y cuentos del inmortal Chesterton y, claro, la diferencia de calidad es tan innegable que seguro que ha influenciado en la mala recensión de la novela de Coupland. Porque Chesterton es una apuesta segura. No digo que he leído todo lo del inglés porque su producción es enorme, ya sea en narrativa, poesía, ensayo o teatro, pero sí he leído mucho, y no he encontrado nada que fuera flojo, previsible o de baja calidad. Sí puede ocurrir que algo esté desactualizado o que, por mor de los cambios sociales -naturales o forzados-, ya no sea tan interesante. Pero poco de eso, poco. Porque, no sólo los ensayos, también en el resto de géneros literarios, el inglés no da puntada sin hilo, siempre aprovecha para dar su parecer sobre un determinado tema, de forma sutil, claro, o para criticar una desmesura o un mal comportamiento individual o colectivo. Chesterton era, quién lo duda, un moralista. Pero su moral era de tipo natural, reforzada por la cristiana, en alguien, recordemos, que fue criado en el ateísmo racionalista de finales del XIX y que, por su independencia intelectual y criterio propio, llegó al Catolicismo pasando previamente por el Anglicanismo. Sí, G. K. Chesterton fue un verso libre, alguien que no buscaba la aprobación ni el aplauso de sus semejantes, sino que orientó sus pasos en la vida en función de lo que su raciocinio le dictaba. En ese sentido, el de buscar el propio camino y no la alabanza ajena, Chesterton es un ejemplo a seguir.
 Así que no es sorpresa alguna encontrar esa moral natural y cristiana en casi todas las fábulas y cuentos reunidos en este pequeño tomo de la excelente colección El Club Diógenes de Valdemar. Pero todo, por supuesto, sin adoctrinar, escrito de forma sutil; quien quiera entender, que entienda; quien quiera vivir una vida plena, que la viva... Así, casi todas las narraciones de Chesterton son lecciones de vida, consideraciones tomadas a vuelapluma pero que conllevan un trasfondo de gran calado vital.
 Las tres edades,  más que una fábula es una pequeña reflexión sobre tres estilos arquitectónicos que el autor llama: cristiano, romántico y realista, de una forma más subjetiva que académica, claro. Una historia disparatada cuenta el nacimiento y la vida desde el punto de vista subjetiva del neonato, que se ve lanzado al cruel mundo, ¿y si el neonato tuviera la capacidad reflexiva del adulto? Chesterton lo novela. Nostalgia de casa es un relato muy evangélico, algo frecuente en el inglés, de un hombre que busca su casa, otra forma de llamar a Dios. Cultura y lumbre es un cortísimo relato de dos viajeros de tren sobre el poder cultural del fuego, que, tal vez, nos hizo humanos. La doma de la pesadilla es la continuación de la cancioncilla infantil de Jack Horner, que domó la yegua de la pesadilla, criatura infernal. Los tres perros es una fascinante fábula de cómo surgió el can Cerbero: al principio eran tres perros que se turnaban para cazar, sin discutir entre ellos; pero Hermes, el dios del comercio les hizo competir entre ellos, discutiendo y peleando siempre; Plutón, el dios de la fragua los fundió en un único cuerpo con tres cabezas. En La leyenda de San Francisco, el santo baja a la Tierra, aunque al principio cree que muchos siguen los principios franciscanos de pobreza y humildad (por la gran cantidad de pobres que ve), luego se da cuenta de que todos buscan la riqueza y el placer. La calle irritada  es una fábula que desprecia la vida moderna, en la que las personas tienen rutinas machacantes y sin sentido, pero lo hace poniendo el foco en las cosas materiales, que son menospreciados y desdeñados por quienes llevan esas vidas de esclavos. La leyenda de la espada está ambientada en la Guerra de Cuba: un americano (moderno, arrogante, armado con las últimas tecnologías) y un español (anacrónico, caballeroso, con una espada como toda tecnología); el español es una suerte de Quijote (honorable, respetuoso, ingenuo, anticuado...); pero el autor toma partida por el español, claro. El dragón en su escondite es una fábula en la que un caballero va a sobrevivir a un dragón, diciendo previamente que se esconderá donde no pueda encontrarlo; ¿dónde lo hará? Dentro de la propia criatura mitológica; es otra forma de explicar cómo se puede estar libre de un peligro cerca de él (a salvo junto a la boca del lobo). 
 Bueno, y así hasta dieciséis relatos, dieciséis pequeñas joyas, todas con su lección moral correspondiente. Una pequeña gran colección esta de Valdemar, como todas las de Chesterton.

"Generación X", de Douglas Coupland.

  Leí Generación X hace la friolera de treinta y tantos años, cuando un servidor andaba por los veintipocos, principalmente por recomendación de un amigo de la época que, a su vez, lo había oído mencionar como novela icónica para nuestra supuesta generación. Esa "supuesta generación" nuestra fue llamada por algún sociólogo con afán de notoriedad como "generación X". Aparentemente, a la generación X pertenecían los nacidos entre 1965 y 1980, con lo que, efectivamente ahí estaba yo. Está claro que esto de las generaciones es un tanto simplón, que sólo se aplica a las sociedades occidentales y que no deja de ser una generalización burda a la que no debería prestarse mucha atención... Pero, en fin, fuera por la influencia de aquel amigo, por la búsqueda un tanto desesperada de pertenencia a un grupo social o por puro seguidismo, lo cierto es que leí esta novela de Douglas Coupland que fue un éxito absoluto en Estados Unidos y después, con menor intensidad, en Europa. Tal fue el éxito, que la novela fue presentada (evidente estratagema editorial) como la obra que retrataba a esa generación, como una novela icónica, como un texto de referencia sin el cual no se comprendería a todo ese grupo humano.
 Y recuerdo que la novela me gustó razonablemente en aquel entonces. Sí me llegué a reconocer parcialmente (o lo forcé, no sé) en esa gente un tanto desilusionada antes de llegar a los treinta, quizá la generación con mayor nivel educativo hasta el momento, pero que sentía que eso no tenía gran valor, y que no sabía cómo adaptarse a la vida adulta. Pensándolo bien, supongo que sería más un "querer parecerse" que parecerse realmente. Bueno, lo cierto es que la relectura de la novela, treinta años después, me ha dejado un tanto frío. He visto muchos errores que no percibí antes, hasta el punto de poder afirmar que es ésta una novela de juventud del tal Coupland, pero no una novela de formación o aprendizaje, sino una novela de alguien que todavía no está muy ducho en las técnicas narrativas o en la capacidad de captar la atracción del lector. Esto implica que, como ya sospechaba, el rotundo éxito en su lanzamiento el año 1991 (en España, en 1994) tiene que ver con una espléndida campaña de mercadotecnia de la industria editorial.
 Pero también, he de ser sincero, juzgo desde mis cincuenta y cinco años, nada que ver con el chaval que fui hace treinta. Ahora ya no tengo ese afán de pertenencia a grupo alguno (años hace que me precio de no encajar en ningún grupo social, lo cual no deja de ser otro grupo social), ni quiero verme reflejado en las páginas de un libro. No sé si llamarlo madurez es un tanto pretencioso, pero la autoaceptación acaba por llegar, tarde pero llega, y deja uno de mirarse el ombligo, aceptando que todos tenemos cosas que nos asemejan y nos diferencian, ya sea de la misma generación o entre generaciones. 
 Generación X es, evidentemente, un texto para gente joven, que narra un pequeño fragmento de la vida de unos veinteañeros que rememoran la época segura y sin zozobra de la infancia, así como la difícil relación con los padres y la vida adulta en general. Eso, está claro, lo han sentido los jóvenes de toda época y lugar, ya sea en los años noventa del siglo XX, en la actualidad o en la Edad Media.
 Algo destacable, meritorio, aunque no único de la novela de Coupland es la inclusión de pequeñas definiciones, a modo de diccionario, de palabros de nuevo cuño que, supuestamente, esa generación usábamos de forma cotidiana. Aquí, la traducción rompe un poco el valor de esa aportación, aunque se entiende y refuerza el sentimiento de alienación que, ya digo, es propio de toda juventud.
 En fin, una vez más: no sé si es buena idea releer, especialmente cuando hace tantos años que se leyó por primera vez. Se hace muy patente el paso del tiempo en un servidor; vienen a la memoria muchos recuerdos de la época, y su inevitable comparación con la actualidad lo dejan a uno muy malparado.