Leí Generación X hace la friolera de treinta y tantos años, cuando un servidor andaba por los veintipocos, principalmente por recomendación de un amigo de la época que, a su vez, lo había oído mencionar como novela icónica para nuestra supuesta generación. Esa "supuesta generación" nuestra fue llamada por algún sociólogo con afán de notoriedad como "generación X". Aparentemente, a la generación X pertenecían los nacidos entre 1965 y 1980, con lo que, efectivamente ahí estaba yo. Está claro que esto de las generaciones es un tanto simplón, que sólo se aplica a las sociedades occidentales y que no deja de ser una generalización burda a la que no debería prestarse mucha atención... Pero, en fin, fuera por la influencia de aquel amigo, por la búsqueda un tanto desesperada de pertenencia a un grupo social o por puro seguidismo, lo cierto es que leí esta novela de Douglas Coupland que fue un éxito absoluto en Estados Unidos y después, con menor intensidad, en Europa. Tal fue el éxito, que la novela fue presentada (evidente estratagema editorial) como la obra que retrataba a esa generación, como una novela icónica, como un texto de referencia sin el cual no se comprendería a todo ese grupo humano.
Y recuerdo que la novela me gustó razonablemente en aquel entonces. Sí me llegué a reconocer parcialmente (o lo forcé, no sé) en esa gente un tanto desilusionada antes de llegar a los treinta, quizá la generación con mayor nivel educativo hasta el momento, pero que sentía que eso no tenía gran valor, y que no sabía cómo adaptarse a la vida adulta. Pensándolo bien, supongo que sería más un "querer parecerse" que parecerse realmente. Bueno, lo cierto es que la relectura de la novela, treinta años después, me ha dejado un tanto frío. He visto muchos errores que no percibí antes, hasta el punto de poder afirmar que es ésta una novela de juventud del tal Coupland, pero no una novela de formación o aprendizaje, sino una novela de alguien que todavía no está muy ducho en las técnicas narrativas o en la capacidad de captar la atracción del lector. Esto implica que, como ya sospechaba, el rotundo éxito en su lanzamiento el año 1991 (en España, en 1994) tiene que ver con una espléndida campaña de mercadotecnia de la industria editorial.
Pero también, he de ser sincero, juzgo desde mis cincuenta y cinco años, nada que ver con el chaval que fui hace treinta. Ahora ya no tengo ese afán de pertenencia a grupo alguno (años hace que me precio de no encajar en ningún grupo social, lo cual no deja de ser otro grupo social), ni quiero verme reflejado en las páginas de un libro. No sé si llamarlo madurez es un tanto pretencioso, pero la autoaceptación acaba por llegar, tarde pero llega, y deja uno de mirarse el ombligo, aceptando que todos tenemos cosas que nos asemejan y nos diferencian, ya sea de la misma generación o entre generaciones.
Generación X es, evidentemente, un texto para gente joven, que narra un pequeño fragmento de la vida de unos veinteañeros que rememoran la época segura y sin zozobra de la infancia, así como la difícil relación con los padres y la vida adulta en general. Eso, está claro, lo han sentido los jóvenes de toda época y lugar, ya sea en los años noventa del siglo XX, en la actualidad o en la Edad Media.
Algo destacable, meritorio, aunque no único de la novela de Coupland es la inclusión de pequeñas definiciones, a modo de diccionario, de palabros de nuevo cuño que, supuestamente, esa generación usábamos de forma cotidiana. Aquí, la traducción rompe un poco el valor de esa aportación, aunque se entiende y refuerza el sentimiento de alienación que, ya digo, es propio de toda juventud.
En fin, una vez más: no sé si es buena idea releer, especialmente cuando hace tantos años que se leyó por primera vez. Se hace muy patente el paso del tiempo en un servidor; vienen a la memoria muchos recuerdos de la época, y su inevitable comparación con la actualidad lo dejan a uno muy malparado.


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