Otra novela de aquel narrador apasionado de la Historia, al que también le gustaba darle un giro mágico o sobrenatural a su narración. El caballero sueco tiene un trasfondo histórico, pues se ambienta en la época de Carlos XII de Suecia, que en apenas treinta y seis años de vida (1682-1718) trató de llevar a cabo sus grandiosas aspiraciones, fracasando en todas ellas. Concretamente, la más notable de esas aspiraciones fue que Suecia llegara a ser un imperio que desde el Báltico llegara hasta el Mar Negro. Tamaño anhelo quedó hecho trizas en la Batalla de Poltava (1709), donde las tropas del zar Pedro I de Rusia destrozaron las de Carlos XII. El personaje principal de la novela, el famoso caballero sueco, bien el verdadero, bien el fingido lucharán codo con codo con Carlos XII, y en esa Batalla de Poltava, el caballero sueco (el de verdad) morirá.
El caballero sueco es una reflexión sobre la identidad personal y la muerte. Ese cambio en la identidad personal parece imposible, pero, bien en el ámbito literario o bajo algunas circunstancias extraordinarias, sí se produce, lo cual le da pie a Perutz para preguntarnos sobre nuestra verdadera identidad y la irreversibilidad de la misma.
En esencia, el argumento de El caballero sueco es el de un cambio de personalidad. Dos infortunados se encuentran, un ladrón y un caballero, el ladrón se convertirá en señor y el señor en ladrón. Por supuesto, Perutz nos presenta con su habitual minuciosidad a los dos personajes: el ladrón es un tipo curtido en mil batallas (no precisamente militares), con una cabeza muy bien amueblada y poco idealismo; el joven caballero es, por contra, un chico bien intencionado, ingenuo, todo ideales, sin experiencia alguna. Y en la frontera entre Alemania y Polonia intercambiarán sus personalidades. El ladrón, reconvertido en caballero, será el personaje principal de la novela: se casará con la prometida del caballero, expulsará a los malos administradores de sus tierras y las gobernará con mano de hierro para sacar el máximo rendimiento de las mismas; tendrá una hija a la que educará en el más estricto respecto a la moral cristiana.
En el último capítulo, los dos protagonistas volverán a juntarse y a trocar papeles, y la muerte jugará su papel. El caballero, el original, retoma su casaca y parte para ayudar a su rey en batalla, donde morirá; el ladrón se despeñará en un precipicio cercano a sus antiguas posesiones. Así se cierra el círculo que el propio Perutz abrió cuando los dos personajes mudaron su destino.
Bien mirado es una novela con una cierta inspiración filosófica, en el sentido del inmenso poder que tiene la rueda de la fortuna que, hasta cierto punto, gobierna la vida de la criatura humana. Ese concepto, el de la rueda de la fortuna, tiene origen en la Antigüedad Clásica, aunque fue en la Edad Media cuando más desarrollo tuvo y más aparece en obras literarias. Aquí, Perutz lo retoma para recalcar la escasa gobernanza que los hombres tienen de sus propias vidas. Además, algo muy típico de este autor, incluye un elemento sobrenatural en la persona del molinero muerto, que aparece como intermediario entre el Cielo y el Infierno.
Es, como antes decía, una novela muy "perutziana", en la que el rigor histórico, muy bien documentado, es enriquecido por el elemento mágico que le da la chispa característica.
Como siempre, la prosa de Leo Perutz está muy cuidada, con abundante adjetivación y frases subordinadas. Puede ser que su estilo, único, por otro lado, no esté muy de moda en estos tiempos, toda vez que aquel llamado "realismo mágico" pasó a mejor vida, pero lo cierto es que es un gustazo leer esa combinación de realismo narrativo, con adscripción histórica comprobable, y ese punto inverosímil que le aporta el picante para que no quede en otro bodrio histórico más.

