Daría algo bueno de verdad por tener la capacidad premonitoria para saber cuándo voy a leer algo que me va a provocar tal desazón y odio hacia un escritor que, por otro lado, admiro. Claro, alguien dirá: "hombre, hoy puedes leer mil y una reseñas, como éstas que tú escribes que te pueden orientar...". Y, sí, es cierto. Pero reconozco que el autor de este humilde blog apenas lee otros blogs de reseñas literarias. Así de contradictorio y paradójico soy. Vamos, hablando en plata: que (todavía) admiro y valoro sobresalientemente a Brian Aldiss como un gran escritor de ciencia ficción, que alguna de sus obras (principalmente, la trilogía Heliconia) se cuentan entre mis novelas de ciencia ficción favoritas; pero que A cabeza descalza es una de las peores novelas que he leído jamás. Me duele escribir algo así de Aldiss, pero lo pienso de veras.
Antes de tratar de desentrañar este bodrio literario, tendré que decir que todo escritor, en tanto que ser humano, es hijo de su tiempo. Esto es más notable si cabe en los autores de ciencia ficción, que, quieran o no, se dejan influenciar por los temas más candentes de la actualidad social o política, especialmente aquellos que son novedosos y entrañan algún tipo de peligro futuro (ahí es donde los escritores de ciencia ficción cultivan su huerto creativo). Así, esta novela fue publicada en 1967, por lo que no es de extrañar que entre sus temas más destacados esté el uso de drogas (sobre todo de LSD), la sempiterna amenaza de la guerra mundial, así como el esoterismo y misticismo. Recordemos que en los años 60 del pasado siglo la juventud descubrió el uso recreativo de las drogas, ligada a la llamada "cultura pop"; que la amenaza de otra guerra mundial provocó la tensión política y militar que luego daría el nombre al periodo de "Guerra fría"; y que la búsqueda del sentido de la existencia que creara las religiones estalló en un esoterismo un tanto absurdo tras la Segunda Guerra Mundial. Brian Aldiss, hijo de su tiempo, incluye estos temas en esta chapuza ilegible.
Comparando con otras novelas de Aldiss que he leído (consultando este blog, dieciséis, más que suficiente para hablar con sentido de un autor) la calidad de A cabeza descalza es bajísima, pero lo que más llama la atención es el estilo narrativo absolutamente diferente del resto de su obra, tanto que no sólo yo, sino reputados críticos de este tipo de literatura llegaron a preguntar al autor si no estaba él mismo bajo la influencia del ácido lisérgico que tan generosamente corría por ciertos ambientes sociales de Inglaterra en aquellos años 60, cuando escribió esta novela. Aldiss negó siempre esta acusación, pero incluso así, queda la duda de que la ingesta de esta droga alucinógena no contaminase la mente de este, por otro lado y en otros momentos, gran autor. Además del hipotético consumo de LSD, otros autores comparan la prosa rota, delirante y sin sentido de esta novela con fragmentos del Ulysses de James Joyce, como si Aldiss hubiera querido experimentar, imitando en las formas al autor irlandés. Pues, sí, habiendo leído casi dos decenas de novelas de Brian Aldiss, yo también dudo de si este tipo había consumido LSD cuando escribía la novela, o, por el contrario, era tan pretencioso que trató de imitar a un reconocidísimo y controvertido autor pasado, con el fin de darse fuste literario. No lo sé, la verdad, estoy un tanto confuso, pero tengo claro que por el bien de la literatura en general y de la propia obra en conjunto del autor inglés, esta novela no debió publicarse jamás.
Bueno, el argumento de esta basura es el siguiente: Kuwait bombardea Europa con bombas cargadas de LSD, droga alucinógena que destruye la capacidad pensante y organizativa de los ciudadanos europeos. Un yugoslavo (serbio) que ha residido en el sur de Italia (ambas zonas con menor daño en sus habitantes) inicia un viaje hacia el norte, hacia Inglaterra y Escocia. En el camino encontrará no ya amigos, sino seguidores, pues el tipo acaba convertido en una suerte de mesías. En el camino de vuelta al continente, la semejanza con Cristo es mayor, estando amenazado de ser crucificado en Alemania. Bien, el argumento es flojo y poco interesante, pero eso es lo menos malo. Lo peor son las formas, lo que da lugar a pensar que Aldiss mismo estuviera drogado al escribirlo, porque hay centenares o miles de neologismos por no decir palabros, así como poesías que son verdaderos ripios e incluso caligramas. Aquí, por cierto, hay que destacar el trabajo inverosímil del traductor, Jesús Gómez García, que, supongo, tendría que acabar escribiendo él mismo más que traduciendo.
El esoterismo marcado de esta novela hace que dos de los personajes más conocidos de esta corriente un tanto infantiloide que presume de conocer lo oculto sin decirlo abiertamente, claro, es decir, hacerse los importantes para que algún incauto los crea, dos de estos autores, digo, están presentes en el texto. Son el armenio George Gurdjieff, un supuesto filósofo, místico y maestro espiritual, así como su discípulo, el ruso Peter Ouspensky, que fue más un difusor en Occidente de las delirantes teorías de su maestro.
En fin, no quiero gastar más tiempo en reseñar una novela que no merece la pena leer, que nunca debió publicarse, que emborrona la trayectoria literaria de un excelente autor y a la ciencia ficción en su conjunto.

