Una de las editoriales que más está haciendo por reeditar insignes textos de finales del XIX y principios del XX (en caso de ser británicos, de la llamada "literatura victoriana", por tanto) es Alba editorial, empresa catalana perteneciente a Prensa Ibérica. Sus colecciones "Clásicos" o "Maior" han publicado en los últimos años joyas literarias que llevaban decenios descatalogadas. Gracias a esta importantísima labor editorial disponemos de textos bien traducidos y bien editados en el sentido físico (buen papel, tapas duras...) con el que nutrir nuestras siempre hambrientas bibliotecas particulares. Como mero lector y bibliófilo saludo estas iniciativas tan loables.
Cuentos de amor victorianos son veintidós cuentos de autores británicos (excepto el americano Henry James, aunque, como ya se sabe, fuera inglés de corazón) publicados durante el reinado de Victoria, que tanto marcara la política, la sociedad y la economía, no sólo del Reino Unido o de Europa sino prácticamente de todo el mundo. Pero precisamente esos aspectos, los políticos, sociales y económicos, son, para mí (y, tal vez, para el lector de este humilde blog) los menos importantes, siendo el ámbito cultural, especialmente el literario lo más importante. Porque, lo repetiré una vez más sin cansancio alguno, la literatura anglosajona alcanzará las más altas cotas de calidad en este periodo. Autores como Dickens, Thackeray, Trollope, Henry James, Thomas Hardy, Wilkie Collins, Stevenson, Oscar Wilde, Conan Doyle, etcétera son lo más granado de la literatura universal de todos los tiempos. Y precisamente de todos esos y alguno más se sirve Alba editorial para publicar un excelente volumen con cuentos que tienen al amor, el desamor, el odio, la reconciliación o la pasión como los argumentos centrales de los mismos. El resultado es, no podía ser de otro modo, excelso.
Obviamente, hay altibajos de calidad entre los veintidós relatos, pero todos ellos tienen enjundia suficiente para merecer su lectura, fin no sencillo hasta la publicación de este volumen, pues las grandes obras de esos señeros escritores está fácilmente disponible, pero no los cuentos y relatos menores.
Comienza el volumen con La prueba de amor, de Mary Shelley, la inmortal autora de Frankenstein o el moderno Prometeo. En este relato se presenta el clásico triángulo amoroso entre dos amigas y el prometido de la menor, que precisamente por ser muy joven es instada a esperar un año antes de tomar la decisión de casada. Durante ese año, el chico se enamorará de la amiga mayor, aunque se atendrá a su promesa al cumplimiento del periodo, casándose con ella. La amiga más madura no tendrá otra salida que el convento. Era la época...
De Elizabeth Gaskell se presenta Por fin se hace justicia, en el que se denuncia la hipocresía moral de la época (tema muy recurrido en los cuentos de este tomo). Un matrimonio vive modestamente, él es médico, pero tiene un pasado familiar no apto para la estrecha moral dominante. Un sirviente roba dinero y, cuando es descubierto, amenaza con airear ese oscuro pasado y destruir la hasta entonces honorable reputación familiar.
La mujer de Dennis Haggarthy, de Thackeray es más una historia de desamor, crueldad y maltrato femeninos. Un médico militar irlandés se enamora de una joven noble del mismo país. Ésta lo rechaza. Años después, el irlandés vuelve a interesarse por ella. Ahora todo ha cambiado: ella tuvo la viruela y quedó ciega e inválida; lo acepta y se casan. Más tarde, la mujer, los hijos y la suegra lo han echado de su casa y lo han desheredado.
Del genial Dickens han publicado El auxiliar de la parroquia, un relato incluido originalmente en Los papeles de Pickwick. Un auxiliar de parroquia (anglicana, claro) pobre es utilizado por una joven para dar celos a su primo y así casarse con él. La inalcanzable calidad de Dickens convierte esta narración en una de las mejores del libro.
La cueva de Malachi es de uno de mis autores favoritos, Anthony Trollope. En la costa de Cornualles vive una joven pobre que subsiste a base de vender algas a los campesinos para que las utilicen como abono. Su propia situación social le granjea el rechazo del resto de la sociedad local. Se enfrentará con un vecino, al que acabará salvando la vida y con el que se acabará casando, superando así todos esos prejuicios.
¿Quién mató a Zebedee?, de Wilkie Collins no es propiamente un cuento de amor, sino un "thriller" policiaco en el que un recién casado es asesinado. Eso sí, se matan por amor, más bien por desamor, por despecho.
En El veto del hijo de Thomas Hardy, una viuda no puede casarse con el amor de juventud porque es un simple frutero. El hijo de la viuda (y de un clérigo ya fallecido) considera que sería una deshonra. Es, pues, una historia de desamor basado en los prejuicios clasistas de la época.
En tan solo un día transcurre la acción del relato de Henry James, en el que hay tiempo de sobra para que una pareja se forme, aparentemente con toda la estabilidad del mundo, y se separe definitivamente horas después.
Del autor de La isla del tesoro, Robert Louis Stevenson, la editorial nos presenta un inverosímil relato titulado La puerta del señor de Malétroit, en el que un caballero francés, entrando por una puerta abierta inopinadamente, acaba teniendo que optar entre ser ejecutado o casarse con la sobrina del señor de la casa.
Oscar Wilde firma La esfinge del secreto, un delicioso relato brevísimo sobre una mujer que trata de hacer su vida interesante, aunque no tenga nada de ello. Es una simple esfinge del secreto, fingiendo...
Del desconocido George Gissing se presenta El padre escrupuloso, en el que se detalla el inicio de una relación amorosa entre un joven decidido y una chica retraída, sobreprotegida por su padre.
Han elegido Amy Forster de Joseph Conrad, en el que se narran las peripecias de dos criaturas marginales, una mujer simple pero de buena condición y un náufrago polaco que acaba en el sur de Inglaterra. Pero siendo un relato de Conrad, no podía tener su contenido aventurero, relatando la salida de las montañas del sur de Polonia, su embarque para América en Hamburgo y su naufragio frente a las costas inglesas en un ejercicio narrativo extraordinario. La pareja encontrará su acomodo en una sociedad que los desprecia.
En La boda de John Charrington de Edith Nesbitt se presenta la boda sí o sí de un tipo que presume de cumplir siempre lo que dice, tanto que acabará casándose habiendo muerto, siendo un fantasma. Es este relato una narración muy "gótica", algo que se desarrolló plenamente en esta época victoriana.
Conan Doyle presenta un exquisito relato humorístico en su El matrimonio del brigadier, en el que un húsar, pretencioso y arrogante, es derrotado y humillado por un toro bravo.
De otro autor poco conocido, Henry Harland se presenta La flor del membrillo, un relato que más que de desamor, lo que narra es la no comunicación en el amor. Un hombre regresa a su país tras treinta años en el extranjero. Cuando le preguntan por qué se marchó, confiesa que estaba enamorado de una joven a la que nunca se atrevió a requerir de amores. Lo tristemente irónico es que esa joven se acabó suicidando porque, estando enamorada de ese mismo hombre, nunca llegaron a sincerarse entre ellos.
Del autor de La guerra de los mundos, H.G. Wells se expone El corazón de la señorita Winchelsea, en el que se critica a la estirada y biempensante sociedad victoriana en la persona de una joven profesora que se enamora de otro hombre pero al que rechaza porque tiene un apellido malsonante.
El estatuto de las limitaciones, de Ernest Dowson es un cuento de la frustración por el paso del tiempo y las decisiones equivocadas. Una pareja de novios se separa porque él parte para Chile a hacer fortuna. A los quince años regresa, con la intención de casarse. Pero esos años no han pasado en balde, perdiendo ambos la pasión juvenil que los unió.
Otro autor poco conocido, John Galsworthy expone Un asunto de otro tiempo, en la que un cincuentón rememora su primer beso furtivo, cuando era un adolescente, a su tía, veinte años mayor.

