miércoles, 8 de julio de 2026

"El club de los negocios raros", de Gilbert Keith Chesterton.

  La producción literaria de Chesterton, en sus poco más de sesenta años de vida, fue muy abundante. Entre novelas, relatos, ensayos, biografías, libros de viaje y artículos periodísticos dejó un inmenso legado para la posteridad. Con todo, la cantidad es lo de menos, siendo la calidad y sobre todo la transmisión de ideas lo más importante. Porque Chesterton fue un pensador más que un narrador, un buscador de la razón de la vida, alguien con "criterio propio" (algo, desgraciadamente, cada vez más difícil de encontrar) a quien no le importaba aquello del "qué dirán". Un ejemplo de esto es su periplo por las religiones, evidente prueba de búsqueda espiritual, que lo llevó del ateísmo, pues fue criado en una de esas familias racionalistas tan frecuentes en la Inglaterra de la Revolución Industrial, al anglicanismo primero, para acabar en el seno del catolicismo. Es decir, algo muy inusual y contra corriente en su país. Y al igual que en ámbito religioso, Chesterton tuvo unas ideas sociales muy claras, con su defensa del "distributismo", una forma de socialismo suave que promovía la incautación de tierras improductivas y su entrega a los desfavorecidos. Chesterton no se casaba con nadie, anunciaba sus intenciones con una indiferencia ante las reacciones que demuestran su independencia de pensamiento.
 El club de los negocios raros es, sin duda, una obra menor, pero la esencia "chestertoniana" se aprecia en cada uno de los seis relatos, pues muestran personajes tan estrambóticos como el propio escritor, que tienen como característica común el hecho de haber inventado una profesión totalmente nueva. Chesterton lo presenta de una forma muy clásica en aquella época, de forma semejante a como escribían otros autores del subgénero policíaco, llevando a un equívoco intencionado al lector, que finalmente acaba por entender todo.
 En Las extraordinarias aventuras del comandante Brown se presenta a los personajes que irán desentrañando las anómalas vidas de otros personajes, los hermanos Grant, Basil y Rupert, además del narrador. La relación entre éstos no es muy diferente de la de Holmes y Watson, por ejemplo, puesto que uno es sagaz y astuto, mientras el otro es ingenuo y lento para comprender. Así, en sus conversaciones, se entera el lector, mejor dicho, va captando, lo que acaba por destriparse al final. En este relato, accidentalmente, un militar retirado es confundido con otro, y  se encuentra con una agencia que planifica aventuras excitantes para clientes que creen llevar vidas anodinas.
 El lamentable fin de una gran reputación es un relato en el que una agencia provee de actores que se introducen en fiestas de sus clientes.
 Como siempre, Chesterton plantea, desde una visión muy conservadora, situaciones absurdas y sin sentido, para que todo se aclare en el desenlace.
 En La verdadera causa de la visita del vicario presenta otra profesión estrambótica, la de "retenedores profesionales", es decir, tipos que van a entretener a alguien durante unas horas para que otros puedan llevar a cabo sus fines. Un cura anglicano relata algo sorprendente: unos rufianes vestidos de mujeres le han secuestrado para que él, también travestido, les ayude a dar un golpe en casa de un rico. Todo aparentemente bien urdido. Pero, en realidad, es una falsa, el falso vicario es uno de esos "retenedores" que sólo pretenden bloquear a alguien.
 El cuarto relato, La singular especificación del agente de fincas, narra un "agente de fincas" especial, que no consigue casas como tal a sus clientes, sino casas en lo alto de los árboles. No es el mejor relato, pero la maestría de Chesterton mantiene el suspense correctamente.
 En La pintoresca conducta del profesor Chadd un famoso etnólogo experto en el lenguaje de los zulúes espera que su gran reputación le abra las egregias puertas del British Museum, pero una aparente crisis de demencia lo aleja de ellas. Los Grant, sin embargo, consiguen que el insigne museo le pague ochocientas libras al año hasta que deje de actuar como un loco, pretextando que Chadd está investigando un lenguaje basado en la danza.
 En el último relato, La extraña reclusión de la anciana señora, los protagonistas de siempre descubren a una pobre anciana encerrada a oscuras en una casa. Cuando se proponen liberarla, se encuentran con unos estudiantes de Oxford que discuten sobre teorías darwinistas. Para su sorpresa, la anciana liberada no quiere abandonar su cautiverio. Sólo cuando los jóvenes le piden por favor que abandone la casa se dignará a hacerlo. Luego se descubre que la anciana fue juzgada por Basil Grant y condenada a reclusión solitaria para romper un compromiso construido por difamación.
 En fin, como decía, una obra menor de Chesterton, pero con todas las características que hacen del inglés uno de los más interesantes pensadores del cambio de siglo XIX al XX.