Preparando ya mi viaje a Praga este octubre, con parada obligatoria en el Rudolfinum para escuchar a la Orquesta Filarmónica de Chequia, estoy leyendo narrativa ambientada en la capital del Moldava. Siendo una ciudad relativamente pequeña, Praga disfruta de una enorme cantidad de escritores de altísima calidad que escribieron viviendo allí. Obviamente hay que pensar primero en Kafka, aunque en sus obras no se haga referencia a la ciudad; también Gustav Meyrink, vienés, pero que sitúa su principal obra allí: El Golem, como bien es sabido, con referencias continuas al barrio judío y sus sinagogas; también está Jaroslav Hasek y las Las aventuras del buen soldado Sveijk, con ese humor absurdo; también praguense era Leo Perutz; el italiano Umberto Eco y El cementerio de Praga; el excelente Jiri Weil con Mendelssohn en el tejado o Vida con estrella. En fin, son muchas las novelas que en algún modo tienen a Praga como coprotagonista de la trama. Y, aconsejado, incluí a un autor de best sellers con sus thriller, generalmente ambientados en ciudades Europeas, el multimillonario Dan Brown. Brown es el archiconocido autor de El código Da Vinci, con su protagonista favorito, alter ego del autor, Robert Langdon, mitad historiador del arte y mitad hombre de acción. Ese tal Langdon también protagoniza The Secret of Secrets, ambientado, claro está, en Praga de principio a fin. No lo voy a negar: de la calidad de los autores arriba citados a la de Dan Brown hay un bajón terrible. Me temo que Dan Brown es un autor de nuestro tiempo, en el sentido más cruel de la expresión. Es decir, es narrativa de batalla. No está mal escrita, el suspense está bien mantenido hasta el final, los personajes son relativamente verosímiles... ¡Vaya, que no está tan mal este Dan Brown! Pero está a años luz de Kafka, Perutz, Weil o Meyrink. Lo que sí he aprovechado es para leerlo en versión original, y así revivir algo mi oxidado inglés; es por ello por lo que pongo el título en la lengua en la que fue escrito.
The Secret of Secrets narra las peligrosas aventuras que sufren el historiador del arte e investigador Robert Langdon y su pareja, la escritora especializada en la noesis, la ciencia (algunos dicen pseudociencia) que estudia el acto intencional de intelección, la doctora Katherine Solomon. Ésta está a punto de publicar un estudio sobre la conciencia, y parece que alguien está muy interesado en que esas avanzadas investigaciones no se publiquen nunca. En primer lugar, los originales que tenían en la red, tanto el editor como la propia autora desaparecen por completo, el manuscrito impreso también desaparece; después, una peligrosa unidad de inteligencia de la policía checa persigue a los dos estadounidenses con fines claramente criminales. Por otro lado, la doctora Brigita Gessner, otra renombrada especialista en conciencia desaparece igualmente, encontrándose su cadáver poco después.
Brown intercala las peripecias de Langdon y Solomon con las extrañas actuaciones de dos personajes, una bien delineada, Sasha Vesna, una antigua paciente de la doctora Gessner, que comenzó tratando su epilepsia y acabó como ayudante de la doctora; y otro mucho más neblinoso al que el autor da el nombre más conocido de la Edad Media praguense, El Golem. Curiosamente, esto no es casual, cuando aparece la una no está el otro. El Golem es un personaje violento, responsable de la muerte de Gessner y de un agente de la CIA agregado a la embajada. Además de esta otra línea argumental, también están las luchas intestinas de la propia embajada de Estados Unidos en Praga, con la embajadora (antigua agente de la CIA) en el punto de mira de los directores de la famosa agencia de inteligencia.
Poco a poco, Langdon y Solomon se irán enterando de un secretísimo proyecto de investigación que el gobierno de los Estados Unidos tiene en la capital checa, conocido como Threshold (límite o umbral en español), con un laboratorio subterráneo en pleno centro de la ciudad. Con ayuda de Sasha Vesna y la agudeza investigadora de Langdon conseguirán entrar en el fortificado subterráneo, descubriendo que los estudios que se llevan a cabo son exactamente los que esboza en su desaparecido libro la doctora Solomon, pero en un estado mucho más avanzado.
Los avances de El Golem, que parece querer vengarse de un tratamiento ignominioso y brutal que sufrió Vesna a manos de Gessner, con lo que acabará por provocar una devastadora explosión en el laboratorio subterráneo. Explosión que matará al directivo de la CIA que encabeza el proyecto Threshold, y de la cual se librarán por centímetros Solomon y Langdon.
La novela finaliza cuando se descubre que Sasha Vesna no sólo es epiléptica, sino también esquizofrénica, llegando a tener dos personalidades totalmente disociadas: la propia y la del famoso Golem, siendo totalmente ignorante de cuándo actúa como tal. Por otro lado, la doctora Solomon consigue llegar a un acuerdo con la agencia de inteligencia que le permitirá publicar su estudio sin tapujos ni cortapisas; estudio, por otra parte, del que milagrosamente se ha salvado una copia.
En fin, como decía antes, es una novela efectista con tanta persecución, asesinatos y explosiones. La tensión está bien mantenida hasta el final, aunque poco a poco (también esto es intencionado) el lector va comprendiendo lo que de verdad ocurre. Eso sí, es una prosa bastante ramplona en comparación con la más alta literatura. Alta literatura a la que un servidor está acostumbrado, felizmente.


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