He disfrutado como hace mucho tiempo que no lo hacía con este volumen de los cuentos publicados por Saki. Tengo tres entradas en este humilde blog alabando la altísima calidad prosística de Saki, que lo convierte en uno de los mejores creadores de relatos de toda época. Y esta entrada, desde luego, ahondará en ese sentimiento de gratitud hacia un narrador con un talento fuera de lo común, con una capacidad para el humor sarcástico, pero también para la exquisitez social y cultural que es muy difícil de encontrar.
Nacido en 1870 y fallecido en 1916, los anglosajones categorizarán a Hector Hugh Munro como escritor edwardiano, toda vez que la totalidad de su producción literaria se dio bajo el reinado de Eduardo VII, hijo de la todopoderosa Victoria, bajo cuyo mandato se originó la generación de autores de mayor calidad de todos los tiempos (es mi opinión, pero muy compartida por aquéllos que tenemos la literatura como salvavidas). Bien, lo cierto es que al final todo son etiquetas artificiosas que, en el caso de los ingleses, son especialmente sui géneris, en el sentido de que ellos clasifican por su cuenta y riesgo, sin tratar de homologarlo con el resto de países europeos (al menos). Así, lo que llaman "literatura victoriana", o "edwardiana" se llama, en el resto del mundo civilizado "romanticismo literario", teniendo unas características comunes (con las necesarias diferencias particulares, obviamente) en ambos periodos. Bueno, ceso, aquí este tostón a cuenta de las clasificaciones de periodos literarios emitidas por sesudos filólogos para justificar sus famas y emolumentos, y me centro en el autor.
Hector Hugh Munro no disfrutó, según parece, de enseñanza universitaria alguna. Pues no pasó de la llamada "Grammar school", que no supera el nivel del Bachillerato en España y otros países del entorno. Después se enrolaría en la policía colonial birmana (cuando Birmania, hoy Myanmar, formaba parte del Imperio Británico), regresando a Inglaterra pocos años después, tratando de conseguir una carrera literaria que no llegaría a fraguar plenamente. Con todo, dejó publicado más de ciento treinta relatos, algunos, verdaderas joyas que, desgraciadamente, van lentamente cayendo en el olvido. Finalmente, todo acabaría en 1916, en una fangosa trinchera de la Batalla del Somme, a la temprana edad de cuarenta y cinco años.
Aquí (no es la primera vez que lo hago) quiero expresar mi pesar e incomprensión por la tempranísima muerte de Hector Hugh Munro en ese matadero industrial que fue la entonces llamada Gran Guerra (que algún estúpido político aprovechó para asegurar que sería "la guerra que acabaría con todas las guerras"). Cabe pensar, más desde un ámbito cristiano, que toda vida humana es sagrada, ya sea la de un genio o la de un retrasado mental, pero no puedo evitar pensar que, precisamente por la edad, al sobrepasar los cuarenta años, no estaba obligado a alistarse, además de que, según se relata, rechazó en más de una ocasión la oportunidad de haber sido ascendido a oficial, aprovechando su extenso conocimiento de lenguas locales, pudiendo haber evitado el frente y sus trincheras, teniendo más posibilidades de sobrevivir en retaguardia. ¡En fin! Leer a Saki, darse cuenta de su inmensa inteligencia, talento literario y exquisitez social, y pensar que murió en una inmunda trinchera con el simple rango de cabo, pudiendo haber sobrevivido y seguir escribiendo... Ya digo, toda vida humana es sagrada, así lo creo, pero algunas son más valiosas que otras...
Esta recopilación (que saqué de mi biblioteca habitual, pero que compraré en un futuro próximo para que forme parte de mi biblioteca personal) fue editada por Alpha Decay en 2005, y divide su producción en seis secciones y dos apéndices: Reginald, Reginald en Rusia, Las crónicas de Clovis, Animales y superanimales, Los juguetes de la paz y El huevo cuadrado; en los apéndices se incluyen los cuentos no recopilados y otros textos. Ciertamente, hay mucha diferencia de calidad, en especial en las dos primeras secciones, donde los relatos carecen del mordiente de las últimas, son más planos y predecibles. Pero, a partir de Las crónicas de Clovis empieza uno a leer joyas de apenas tres o cuatro páginas que lo dejan a uno temblando de emoción y delectación. Reseñaré unos pocos de esos relatos que me han reconciliado, una vez más, con la lectura.
En Los fabuladores, un pedigüeño profesional encuentra la horma de su zapato en un verdadero fabulador, capaz de argumentar y contraargumentar con una originalidad y brillantez extraordinaria que hace al sablista desistir ante un compañero de profesión más cualificado. ¡Qué ganas de aprender!
La prima Teresa es una excepcional explicación satírica sobre porqué la mediocridad manda: todos se sienten felices rebajando su nivel intelectual, se sienten seguros, cómodos, aunque podrían picar mucho más alto.
La tortilla bizantina es una obra maestra, una sátira social de rabiosa actualidad: una familia es presentada como socialista y seguidora del fabianismo. Pero, claro, son riquísimos, con decenas de sirvientes entre limpiadoras, cocineros, ayudas de cámara... Un cocinero, Gaspare, se pone en huelga, y el resto del servicio le sigue. Los ricos socialistas no pueden ni dar la fiesta programada porque nadie los viste o los peina...
El contador de cuentos tiene ese humor negro británico tan atractivo. En un viaje en tren, unos niños malcriados, molestos y gritones reciben un cuento de parte de un extraño. Pero no es un cuento buenista o moralista, sino sanguinario y cruel. El efecto sobre los niños es tan impactante que quedan reducidos a meros corderitos.
El trastero , a diferencia del anterior, es una entrañable y genial oda a la imaginación infantil, que todo lo puede.
La filántropa y el gato feliz. Una mujer rica, feliz y dichosa con su vida, decide alegrar el día a una humilde pareja pobre que encuentra al azar. Se siente tan segura de sí misma, tan satisfecha, tan magnánima que cuando la pareja escogida la ignora, vuelve a casa despechada para sentirse desgraciada y vulgar.
La penitencia es una joya de la narrativa de terror. Un adulto mata a un gato que se comía a sus gallinas. Pero, sin saberlo, su crimen tuvo testigos: tres niños que desde la rama de un árbol cercano vieron horrorizados la crueldad del adulto. Desde entonces le hacen chantaje, dejándole claro que lo han visto y que se vengarán. Poco a poco, el chantaje va subiendo de intensidad, llegando a amenazar con matar a la hija pequeña del adulto como él mató al gato. Está narrado con una genialidad infrecuente, mostrando la crueldad y la impiedad como características definitorias del ser humano, adultos o niños.
Los intrusos. Una disputa por los lindes de unos terrenos llevan al enfrentamiento a dos familias a lo largo de varias generaciones. Los últimos cabeza de familia se encuentran en esos lindes, armados con escopetas un día. Se disparan a la vez, quedando ambos gravemente heridos e inmovilizados el uno junto al otro. Con la cercanía de la muerte, recobran la razón y perciben la estupidez del odio secular; deciden olvidar las necias rencillas familiares (si es que sobreviven). Esperan que lleguen sus asistentes, a los cuales ambos dieron órdenes de seguirlos pocas horas después de su salida. Finalmente, tras horas inmóviles y heridos, oyen llegar a alguien. ¿Sus asistentes que vienen a rescatarlos? No, lobos.
Tácticas de choque. A una madre controladora y entrometida que disfruta leyendo la correspondencia ajena, le hacen creer que su hijo es un mujeriego que trafica con joyas, promueve suicidios y vive con "aventureras". ¡Ay, a quién tenía que haberle hecho esto yo hace decenios!
La imagen del alma en pena representa, por el contrario, la exquisita sensibilidad y ternura de Saki, narrando la delicada relación entre un simple pajarillo y la estatua de un alma en pena de una iglesia. Recuerda vagamente a El príncipe feliz, de Oscar Wilde, tiene su misma amabilidad y dulzura.
El parlamento infernal es un exquisito relato cómico que compara un hipotético parlamento en el Infierno con los terrestres. Un recién fallecido, mientras acaba de entrar o no al Infierno, es instruido sobre la organización política del submundo. Los demonios se quejan amargamente de que todas las barbaridades humanas sean tratadas con epítetos como "demoníaco" o "diabólico", cuando la maldad es típicamente humana. ¡Hilarante!
El logro del gato, más que un relato, es una alabanza al comportamiento digno y altivo del gato. Todos los que hemos compartido parte de nuestras vidas con ellos, conocemos su superioridad moral al humilde servilismo del perro o a la abyecta estupidez del ser humano.
Eva y el fruto prohibido es una reescritura del relato veterotestamentario en clave de humor: Adán y Eva discuten con un arcángel porque aquéllos no quieren comer la fruta del pecado original del árbol de la ciencia del bien y del mal, principalmente porque están saturados de fruta. El arcángel les argumenta que si renuncian a comer la fruta de la tentación modificarán la cultura occidental posterior (literaria, pictórica, filosófica...). Sólo cuando el arcángel desata plagas sobre los frutales y huertos del paraíso no les queda más remedio que ceder a la tentación.
Bueno, y como decía antes, así más de ciento treinta relatos escritos con exquisitez, buen gusto, talento, brillantez y genialidad. Una colección que no puede faltar en una biblioteca que se precie de ser medianamente completa. No faltará en la mía.


No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.