jueves, 11 de junio de 2026

"La calavera de Atahualpa y otros relatos", de Emilio Carrere.

 Y continúo con Carrere (más bien, termino, pues queda muy poquito más publicado), con otra edición de Valdemar (gracias, sean dadas a dicha editorial por recuperar al escritor madrileño, injustamente olvidado). Ahora es una novela breve, La calavera de Atahualpa, protagonizada por el impagable Sindulfo del Arco, personaje a medio camino entre el Barón de Munchausen, el marqués de Bradomín y Groucho Marx. Desgraciadamente, ya lo expliqué en otra entrada, en nuestro país siempre se despreció la narrativa humorística, más en aquel cambio de siglo y principios del XX, en la que el Realismo era el subgénero narrativo aplastantemente de moda. Si Carrere hubiera nacido en la pérfida Albión o al menos un siglo más tarde hubiera tenido un merecidísimo éxito tanto de crítica como, sobre todo, de público. Porque Emilio Carrere era un genio de la narración irónica, sarcástica y humorística en general, tan necesaria para una sociedad que quiere mantener su salud mental; además, como decía antes, era un excelente creador de personajes picarescos, vividores con mucha cara y pocas ganas de sudar, capaces de ordeñar hasta el extremo a la vaca de la vida... Es decir, personajes a imitar en la vida real.
 Sindulfo del Arco es un supuesto arqueólogo (autoproclamado) que asegura haber encontrado la famosa calavera del último Inca, Atahualpa. Con ese hallazgo tan improbable pretende ingresar como miembro en la exclusiva (e inexistente) Academia de las Ciencias Tradicionales y Anticuarias. Más difícil es conseguirlo cuando comprueban que la calavera de Atahualpa es, en realidad, la de un asno. Pero Sindulfo, todo coraje y caradurismo, no se arredra un ápice, cambiando de aventura para descubrir los misteriosos pasadizos subterráneos secretos del antiguo Madrid de los Austrias, tal vez, por qué no, excavados por antiguos gnomos o enanos, o quizá por judíos o moriscos. Nuestro descacharrante héroe está tan seguro de ello, que no duda en asegurar que hay un pozo que tiene más de 400 metros de profundidad (¡ojo, 400 metros bajo el nivel del mar! ¡En Madrid!). Naturalmente, la desquiciante aventura sin sentido también acaba mal (en cierto sentido), pues Sindulfo no pasa de un sótano a pie de calle en el que queda atrapado. Pero desde el ventanuco que da a la calle llama a los viandantes que consiguen rescatarlo. La peripecia acaba convirtiendo al arqueólogo en una celebridad y garantiza su ingreso en la famosa Academia de las Ciencias Tradicionales y Anticuarias. Pero las correrías de Sindulfo del Arco no acaban ahí: inicia una expedición cinegética en El Escorial, queriendo cazar una gran fiera (pues con anterioridad había asegurado haber cazado leopardos en África). Y como la suerte favorece a los valientes, Sindulfo caza un oso. Sí, un oso en El Escorial. Irrelevante es que el animal en cuestión fuera una osa amaestrada propiedad de unos cíngaros, que, con un circo, están por la zona. Sindulfo compra al gitano el animal (a un precio muy superior del que debiera, claro) y lo lleva a Madrid, no sin antes anunciar por telegrama que lleva una osa que se llama Cleopatra. En la Academia de Ciencias Tradicionales y Anticuarias trastocan el telegrama, interpretando que lo que lleva es la momia de Cleopatra, encontrada en El Escorial. La narración acaba con una delirante cena en honor de Sindulfo del Arco en la famosa academia, donde no se demuestra que en tan insigne institución no hay nadie totalmente cuerdo.
 He disfrutado horrores leyendo esta novela breve de Carrere. Está muy bien pergeñada, el humor tiene una calidad altísima. Por momentos pensé que si el autor hubiera sido más prolífico podría haber creado varias aventuras más protagonizadas por el fabuloso Sindulfo. Podría incluso haber creado una serie de novelas con ese esperpento delicioso.
 El volumen de Valdemar está completado con tres relatos más, de peor calidad que el anterior, aunque se aprecie el humor descacharrante de Carrere en cada párrafo. Rata de hotel es el relato de un ladrón de guante blanco, que roba a los huéspedes de un hotel abulense. Es una narración con el humor sarcástico de La calavera de Atahualpa, pero no alcanza su alto nivel literario. La última noche del capitán Martín Ávila es un relato de aventuras más al estilo de Julio Verne, ambientado en la conquista del Perú, con personajes reales como Pizarro o Hernando de Soto. Igualmente, le falta el mordiente de la primera narración. La conquista de Madrid es más una tragicomedia costumbrista del Madrid castizo, con paletos que fracasan en sus ambiciones de obtener fama y fortuna en la capital y acaban enredándose en asuntos de infidelidades.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.