Segunda novela que leo de Rigoni Stern, un autor con una producción intermedia en cuanto a cantidad, pero cuyas obras más conocidas se pueden contar con los dedos de una mano. Y releyendo la entrada que publiqué hace ya cuatro años largos coincido en las conclusiones principales: la sutil condición antibélica de la novela de Rigoni, que no llega en ningún momento a afirmar abiertamente la maldad de la guerra, pero que muestra al lector inteligente cómo la guerra destruye todo lo bueno del ser humano, sea individual o colectivo. Otro tema repetido en Rigoni es la labilidad de la identidad colectiva o nacional, como suele ocurrir en personas que viven en zonas fronterizas, regiones que se han visto históricamente influenciadas por dos o más nacionalidades. Mario Rigoni nació en Asiago, Vicenza, donde viviría prácticamente toda su vida, y precisamente esa región, el Véneto, fue fronteriza entre Italia y Austria durante el principio del siglo pasado. Como es frecuente en las regiones colindantes entre dos Estados, se hablan las dos lenguas nacionales, además de un dialecto propio.
Historia de Tönle es la narración de la vida, casi completa de Tönle Bintarn, un campesino analfabeto del Trentino (hoy incluido en la región italiana Trentino-Alto Adigio, pero que antes de la Primera Guerra Mundial formaba parte de Austria) desde su juventud hasta su muerte. el tal Tönle, nacido en un hermoso paisaje montañoso pero pobre, ha de ganarse el pan con el contrabando de distintos bienes de uno al otro lado de la frontera. En uno de esos viajes es sorprendido por la pareja de carabinieri. Tönle consigue escapar pero hiriendo con su cayado a uno de los uniformados; como consecuencia, tiene que huir a la montaña, esa montaña que conoce tan bien. Será juzgado en ausencia y condenado a cuatro años de reclusión por contrabando y atentado a la autoridad. Así que Bintarn no puede volver a su casa y acompañará a un vendedor ambulante de grabados por media Europa.
La mayor parte de la novela está ambientada temporalmente en la Primera Guerra Mundial, que tan intensa fue en el Trentino. Tönle, por supuesto, no tiene nada que ver con los altos intereses geopolíticos de las dos potencias litigantes. Él es un simple campesino que quiere cuidar de sus ovejas y su familia, no le interesa ni el italiano ni el alemán, pues, aun hablando las dos lenguas, el se expresa en su propio dialecto. Pero sobre todo es el cambio de las fronteras lo que él no entiende, pues él las traspasa normalmente y es consciente de que la naturaleza no tiene fronteras, él que está inmerso en el mundo natural. Para glosar esto copiaré un fragmento que lo aclara perfectamente: Además, de qué valían esas fronteras que había para ellos si los aeroplanos las podían cruzar sin más? Y si en el aire no había fronteras, ¿por qué tenía que haberlas en la tierra? En ese "ellos" incluía a todos los que consideraban las fronteras como algo concreto y sagrado. Pero para él y los que eran como él, no tan pocos como podría suponerse, sino la mayoría de los hombres, las fronteras no habían existido nunca sino como guardias a los que había que pagar o gendarmes que esquivar. En una palabra, si el aire era libre y también lo era el agua, también debía ser libre la tierra.
En cualquier caso, Tönle acabará siendo detenido por tropas austriacas (lo podía haber sido igualmente por los italianos), a los que no gusta que un simple paisano analfabeto hable perfectamente alemán e italiano además de su propio dialecto. Todo muy sospechoso, probablemente sea un espía. Así, Bintarn pasará años en una y otra prisión hasta que sea finalmente liberado, siendo ya un anciano al que no le falta más que morir. Pero antes podrá volver a su pueblo, que ha sido arrasado por las bombas.
Es, pues, un relato antibelicista, no de forma evidente, pero el lector sensible y sensato percibe la sinrazón de la guerra, que todo lo destruye.
Desde el punto de vista formal, la prosa de Rigoni no tiene nada de artificiosa o enrevesada, todo lo contrario, es una prosa sencilla, directa, casi periodística, que facilita la transmisión de ese mensaje pacifista tan evidente por el contraste entre el sereno mundo de la naturaleza y el agitado mundo de los hombres.


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