jueves, 4 de junio de 2026

Feria del libro (Forges)

 

Imagen tomada de la web www.julianmarquina.es

Corpus Christi

 

Waldmüller, Ferdinand George. (1857). The morning of the Feast of Corpus Christi, [Óleo sobre lienzo]. Galería Belevedere, Viena.
Imagen tomada de Wikimedia Commons

domingo, 31 de mayo de 2026

"Intentos de sacarle algo a la vida. El diario de Hendrik Groen, de 83 años y cuarto."

  De cuando en cuando busco narrativa contemporánea de humor. Debe ser una reacción a vivir en el mundo de hoy (y, probablemente, el de siempre). Son novelas sin grandes aspiraciones, ni en el argumento, los temas o incluso la forma; novelillas para ir tirando, vamos. De los autores que más me han gustado recientemente en este tipo de narrativa sin pretensiones más que la de entretener está el sueco Jonas Jonasson, autor de la aclamada novela El abuelo que saltó por la ventana y se largó, que narra en retrospectiva y en primera persona la vida de Allan Karlsson, un centenario sueco que decide escapar de la residencia geriátrica en la que vive y recorrer un poco de mundo, a la vez que cuenta su brillante y estrambótico pasado que lo llevó a conocer a grandes figuras políticas como Franco, Stalin, Truman o Churchill. Todo, claro está entre humoradas, ya que el propio Karlsson es un tanto disminuido en el plano intelectual. Pero el viejecillo se hace querer por su ingenuidad, su gran corazón y su facilidad para complicarse la vida a los más altos niveles. No es una gran novela, pero sí está muy bien armada y merece la pena echar unas cuantas horas en ella. El propio Jonasson, estimulado por el gran éxito de público y crítica, continuó con ese tipo de narrativa facilona pero estimulante con cinco novelas más (al menos que se hayan traducido al español); las otras cinco son bastante más flojas que la primera, pero, con todo, también merecen la pena. Pues eso, que buscando por el maremágnum de internet si este autor sueco había sacado otra novela me encontré con otro autor, esta vez neerlandés, al que la crítica comparaba con Jonasson. La novela era esta:
 De hecho, en la contraportada de esta novela se apunta: "Una poderosa combinación entre El abuelo que saltó por la ventana y se largó y Alguien voló sobre el nido del cuco. ¡Maravilloso!". Y, sí, pensándolo bien no está mal traída esa comparación. Con todo, aunque en el argumento y los temas tratados haya semejanza, este diario ficticio es de muchísima peor calidad que las obras de Jonasson. No tiene ni ese humor irónico y estrambótico del sueco ni sus imaginativos giros argumentales. No quiero ser injusto con el autor holandés (quien, por cierto, no es Hendrik Groen, claro, sino el periodistas Peter de Smet), su libro tiene un humor entrañable, pone sobre la mesa la terrible problemática que se cierne sobre Europa (el envejecimiento irreversible de su población) pero con gracejo.
 Intentos de sacarle algo a la vida es el diario durante justo un año (del 1 de enero al 31 de diciembre de 2013) de un octogenario holandés, Hendrik Groen, residente en un geriátrico al norte de Ámsterdam. Aparte de las sempiternas quejas, los dolores, los pañales, las disputas... también se comenta la actualidad política y económica internacional del momento, bajo el prisma un tanto deteriorado de los internos, que comprenden a medias y para los que, lógicamente, "en su época no pasaban esas cosas". Groen, al igual que el Karlsson de Jonasson, disfruta de un sentido del humor irónico, también es bienintecionado e ingenuo. Cualquiera que haya tratado con ancianos entiende las mil y una situaciones descacharrantes y absurdas que se dan en la residencia. Vamos, que según va uno leyendo se le pone una sonrisa en la cara (muchas veces, por otro lado, reír por no llorar). Es pues, un humor sencillo pero efectivo, muy inofensivo, pero entrañable a la vez. Tan entrañable es, que muchos pensarán: ojalá todos los ancianos fueran tan majos, chistosos, comprensivos y altruista como Hendrik Groen, ¡cuántos carcamales insoportables habremos conocido!
 La novela, eso sí, acaba de forma un tanto trágica, con la muerte por Alzhéimer de una residente, amiga íntima de Groen. En ese sentido, el autor no ha querido endulzar el fin evidente de todos los residentes del geriátrico. Sólo las salidas absurdas y cómicas sacan una sonrisa al lector, el trasfondo sigue siendo dramático.
 En conclusión: no es Jonasson, ni mucho menos, pero se entiende que esta pequeña novela en forma de diario haya sido un best seller en Países Bajos. 

sábado, 30 de mayo de 2026

Quincuagésimo novena edición de la Feria del Libro de Valladolid.

Imagen tomada del sitio www.ferialibrovalladolid.es
 Otra edición, la número cincuenta y nueve, de la Feria del Libro de Valladolid, una excelente oportunidad para que las librerías y algunas editoriales públicas y privadas de la ciudad y la región (en total suman unas cincuenta casetas) presenten su oferta literaria a la ciudadanía. En un entorno tan privilegiado como la Plaza Mayor, desde el 29 de mayo hasta el 7 de junio, todos los ciudadanos y visitantes tenemos el placer de deambular libre y despaciosamente por entre los libros, un verdadero gozo.

miércoles, 27 de mayo de 2026

"El mar del color del vino", de Leonardo Sciascia.

  En este pequeño volumen se recopilan trece relatos que Leonardo Sciascia escribió entre 1959 y 1972. No se aprecia gran disparidad entre ellos a pesar de los trece años de diferencia; las líneas maestras de su construcción permanecen: el realismo como forma ineludible de plasmar la sociedad; la "sicilianidad" de todos sus temas, pero especialmente del poder, la corrupción y la mafia; las formas, por otro lado, a pesar de ser el autor periodista, son barrocas hasta el preciosismo, aunque no cansa ni parece especialmente atildado. Es, simplemente, un autor con afán de perfección formal sin merma de agudeza en la crítica social. Cabría decir, aun a riesgo de ir demasiado lejos sin haber conocido personalmente al autor y parafraseando a Unamuno aunque cambiando la localización geográfica, que Sciascia amaba a Sicilia porque no le gustaba. Porque no cabe duda de la acerba crítica que el escritor vierte sobre esa sociedad cainita, tribal, violenta y que miraba hacia otro lado (¡cuántas veces se explicita la omertà!). No está en absoluto carente de amor y admiración, como a esa patria a la que, desgraciadamente, se pertenece, que lo marca a uno aunque no quiera y que, en definitiva, forma parte de su ser.
 En Reversibilidad, Sciascia retrata las costumbres nupciales y de vida en general de Sicilia, en la que la palabra dada obliga, pero luego, a escondidas, se traiciona una y mil veces. 
 El largo viaje es un genial relato humorístico, aunque con su duro juicio. Engañan a unos humildes campesinos cobrándoles unas fuertes sumas por llevarlos en una pequeña barca a América. Tras varios días de travesía son desembarcados, y para su sorpresa en "América" también hablan italiano y conducen coches FIAT. El lector comprende antes que los pobres protagonistas que nunca salieron de la isla, se habían gastado todos sus ahorros e incluso endeudado para nada.
 El relato que da título al volumen, El mar del color del vino, narra el interminable viaje en tren de un septentrional (de nuevo, un lugar común en Sciascia) de Vicenza y una familia siciliana. Los sicilianos son retratados por el autor siciliano con todos los estereotipos: gritones, maleducados, entrometidos, irrespetuosos... hasta que acaban enamorando al viajero véneto, incapaz de protegerse de esa sinceridad a prueba de bomba de los terroni.
 La remoción es otro relato burlesco de genial factura en el que un paisano siciliano denuesta la cerrazón religiosa de las mujeres de su tierra, incapaces de pensar, incapaces de si quiera hacer caso a la última encíclica del papa, sólo apegadas a sus tradiciones centenarias, y todo porque dicen que quieren quitar la tumba de santa Filomena... Hasta que en la Unión Soviética van a quitar los honores a la tumba de Stalin en la necrópolis del Kremlin. Entonces, claro, para él, comunista acérrimo, la tumba del dictador es sagrada, no hace caso si quiera a las autoridades soviéticas, su tradición es su tradición.
 En Filología se dan vueltas y vueltas a la vieja cuestión: la mafia. Se ha constituido una comisión para estudiar ese fenómeno social y criminal tan característico de la isla mediterránea. ¿Y qué hacen los sicilianos? Enredarse en el origen etimológico de la palabra "mafia", no en cómo eliminar la violencia, las extorsiones  y el famoso secreto (la omertà), sino hablar durante horas y horas del término y su origen. Aparentemente, una forma muy siciliana de no abordar los problemas.
 Y así hasta trece excelentes relatos. Es evidente que sólo a un siciliano se le permitiría ser tan incisivo, tan inmisericorde, tan cruel incluso con la sociedad siciliana. Y el enorme éxito que tuvo en Italia lo tuvo de norte a sur, desde el Véneto y la Lombardía, donde no se soportaba a los terroni, hasta la Calabria, Apulia y, por supuesto, Sicilia, donde no se toleraba a los polentoni. Lo cierto es que cuando escritores y pensadores tan marcados por su tierra natal no tienen pelos en la lengua para hablar de los defectos de casa, todos se entienden mejor, todos se acaban tolerando y las sociedades acaban funcionando. Es una lástima que haya tan pocos "Leonardos Sciascias".

lunes, 25 de mayo de 2026

"Un paria de las islas", de Joseph Conrad.

  Segunda novela que escribió Joseph Conrad, pero primera en la cronología de esos pocos europeos que viven y comercian (tratan) en la lejana Malasia. Concretamente, la otra novela, reseñada aquí unas pocas entradas anteriores, es La locura de Almayer, en la que se narraba la dura existencia de ese tal Almayer y de su protector, el capitán Lingard, así como de la hija del primero, ya adulta joven, quien se escapa con un malayo, contradiciendo así la voluntad de su padre, que quería regresar con ella a Europa. Bien, Un paria de las islas se sitúa anteriormente a ella, cuando la joven, Nina, es una niña pequeña, e introduciendo a otro personaje, quizás el más interesante, Peter Willems, un holandés que, recogido por el Lindgard en Rotterdam con apenas diecisiete años, es también protegido por el capitán y llevado a Malasia. Allí trabajará para otro europeo, Hudig, pero acabará "metiendo la mano en la caja" y tendrá que huir. Lindgard se volverá a apiadar de él y lo llevará con Almayer a Simbar, en la desembocadura del río Pantai.
 Y es más o menos en ese momento cuando comienza el meollo de la novela, con un Willems incapaz de controlar sus más bajos instintos, que choca frontalmente con Almayer, quien sólo quiere conseguir el dinero suficiente para llevarse a su hija a Europa y criarla como una blanca. Willems se enamora ciegamente de una nativa, Aissa, hasta el punto de perder la razón completamente por ella. Los nativos, mucho más serenos que los europeos, aprovecharán la lujuriosa ceguera del holandés para sonsacarle dónde están los pasos más seguros del río Pantai, libres de bajíos, que sólo él sabe. Además, los musulmanes (Aissa es hija de Omar, un musulmán en tratos con Babalatchi, intrigante zalamero, que a su vez trata con Abdullah, comerciante también musulmán) pretenden (y consiguen) enfrentar mortalmente a Almayer y Willems para hacerse con todo el comercio de Simbar.
 Grosso modo, ese sería el argumento de Un paria de las islas, que terminará con la caída en desgracia absoluta de Willems, que vivirá retirado en un chamizo con Aissa hasta que Almayer, buscando vengarse de él, le lleve a su antigua mujer y su hijo, lo que provocará un enfrentamiento entre las dos mujeres que acabará costando la vida al holandés.
 La extraordinaria maestría narrativa de Joseph Conrad crea un excelente cuadro tanto de ambientes exóticos, con una descripción minuciosa de esta parte de Malasia, como de los personajes, haciéndolos evolucionar para que el lector vea, por ejemplo, como Willems lentamente desciende a los infiernos hasta acabar siendo lo que el título indica, un paria de las islas.
 La concepción de Conrad no cae en absoluto en el eurocentrismo, de hecho, los personajes europeos son estúpidos cuando no depravados y pervertidos. No es que los malayos sean criaturas celestiales, también tienen sus defectos evidentes, tendentes a la violencia en la mayor parte de los casos. A diferencia de otros escritores en los que se suele meter a Conrad, como los llamados "escritores de novelas de aventuras", los protagonistas del polaco-británico están tan bien delineados, son tan verosímiles que nunca cae en tendenciosidad alguna, ni geográfica ni cultural.
 Las relaciones entre los personajes definen, claro, la novela, pero aquéllas son tan intensas que muchas podrían ser las típicas del Antiguo Testamento. Así, por ejemplo, el capitán Lingard es una suerte de Dios todopoderoso para el resto de europeos, tomando bajo su ala a sus criaturas, especialmente Almayer y Willems. Cuando Willems cae en desgracia, Lingard lo abandona como criatura descarriada que merece castigo.
 Si al excelente argumento y los interesantes temas unimos la prosa pulcra, cuidada, muy adjetivada y erudita de Conrad conseguimos, claro está, una de las mejores novelas de todos los tiempos, una verdadera lección de literatura que los escritores de éxito de nuestro tiempo, mucho me temo, no alcanzan ni en sueños.

"Veni, Sancte Spiritus"

Tiziano, (1546). Pentecostés [Óleo sobre lienzo].Basílica de Santa María della Salute, Venecia.
Imagen tomada de Wikimedia Commons

jueves, 21 de mayo de 2026

"La rosa", de Robert Walser.

  No se me ocurre cambio más brusco en el ámbito literario que pasar de la fuerza arrolladora de la ciencia-ficción de Brian Lumley a la sensibilidad delicada y exquisita de Robert Walser. Pero, dicen, en la variedad está el gusto. Yo, al menos, así lo creo, y me regocijo en la diversidad de emociones y sentimientos que me proporciona la lectura.
 Y Walser, ¿qué decir de Robert Walser? Si es que tengo algún lector interesado en mi humilde blog, habrá podido comprobar que los sentimientos que tengo hacia el escritor suizo son contradictorios: por un lado admiro la pulcritud de su prosa, su exactitud y belleza, además de las muestras de sensibilidad y delicadeza que necesito sentir para poder seguir alentando; por otro lado, especialmente con sus novelas largas, desprecio la actitud que el personaje principal tiene de sumisión abyecta y deshumanizadora con la que se anula como persona. Porque, verdaderamente, existen dos Robert Walser: uno el de sus novelas largas, como Jakob von Gunten o Los hermanos Tanner en las que el protagonista, de forma voluntaria se desprecia a sí mismo hasta convertirse en una suerte de esclavo, de siervo sin vida propia. Me resulta francamente repulsivo ese comportamiento, necesito creer en la dignidad humana que nace, en primer lugar, del respeto propio, si no nada tiene sentido. Pero, por otro lado, están los relatos breves y las anotaciones a vuelapluma que luego fueron publicadas y que contienen bellísimos sentimientos. Allí nos muestran a un Robert Walser sensible, delicado, exquisito.. Entre las obras del suizo de este cariz están El paseo, El pequeño zoológico  o el pequeño tomo que leo, La rosa.
 Concretamente, El pequeño zoológico es una de mis volúmenes favoritos, por su sensibilidad, por esa prosa poética que ve belleza donde la mayoría no ve más que cosas o sucios animales. Walser tiene la mirada del poeta, capaz de descubrir lo que, probablemente, llevara él dentro: belleza y bondad. Bien, La rosa también son pequeños artículos en las que el escritor describe con el corazón lo que sus ojos contemplan; muchas veces son descripciones de sí mismo, consciente de su incapacidad social, de su falta de adecuación a este burdo y sórdido mundo; otras son cosas sencillas, cotidianas, pero con esa mirada poética son cosas enormes, gigantescas, que nos permiten respirar hondo y seguir adelante. En fin, mejor que describir lo que me hace sentir Walser, prefiero transcribir tres pequeños fragmentos escogidos que lo materializan mejor que yo:
  Vladimir. A quienes no lo trataban como él hubiera deseado los dejaba, como se dice, caer, es decir, se fue acostumbrando a no pensar en muchas cosas desagradables. De ese modo protegía su vida interior de sumirse en el salvajismo y ponía sus sentimientos a salvo de una dureza malsana.
 El niño. Hay gente que suele pasar por hábil sólo porque es ruidosa, una prueba de la importancia de la superficie. Si me muestro superficial, gusto a la gente. Con la irreflexión nos podemos ganar sus favores.
 El solitario. La vida no es más impresionante allí donde se habla de cosas importantes. Las discusiones reducen su objeto, reabsorben poco a poco las fuentes. La conversación fatiga. Pasado y presente reaniman por igual al solitario. Si me entraran ganas de llorar, ¡qué mal quedaría en sociedad! Aquí lo hago a discreción. Sólo aquí me he enterado de lo bellas que son las lágrimas, de cuán bello es diluirse en el sentimiento.
 En fin, sólo me queda agradecer a la Editorial Siruela la publicación de estas joyas literarias, que me permiten seguir alentando y bregar contra corriente en esta vida tan zafia que nos ha tocado vivir.

martes, 19 de mayo de 2026

"Demogorgo", de Brian Lumley.

  No conocía al tal Lumley hasta que leí los Nuevos mitos de los cuentos de Cthulhu, editados por Ramsey Cambell (que reseñé en este mismo blog). De la decena escasa de relatos allí contenidos destacaba uno muy especialmente: El segundo deseo, de Brian Lumley. Era este relato, efectivamente, muy lovecraftiano, con aparición estelar de Cthulhu y demás; pero lo que más me gustó es lo bien que estaba escrito, porque había algún otro relato que era francamente flojo, con una prosa ramplona que no merecían ser publicados. Así que busqué algo más de este Lumley y encontré este tomo en mi biblioteca habitual:
 Sí, Demogorgo. Efectivamente, todos aquellos que estén en nuestros tiempos absorbidos por las series y películas de las plataformas de televisión, les habrá llamado la atención el nombre, toda vez que una exitosísima serie de televisión (la mencionaré, aunque no haga falta, Stranger Things) tenía como nombre de la criatura infernal que atemoriza a una pequeña localidad estadounidense el nombre de "Demogorgon" (nombre, por cierto, usado quizá por primera vez en el juego de rol de Dragones y mazmorras). Lo cierto es que la novela de Lumley se publicó en 1987, siendo el juego de rol del 74 y su adaptación como serie de televisión del 83. Sea como fuere, Brian Lumley es uno de los escritores del círculo de Lovecraft, aun cuando el inglés naciera exactamente el año que murió el americano (aquí, quien quiera creer en la patraña de la reencarnación...), por lo que, digamos que "todo queda en casa", ya que Lovecraft promovió el mismo que otros escritores aprovecharan sus relatos y criaturas para seguir escribiendo (parece que el solitario de Providence nunca entendió muy bien eso de los derechos de autor).
 En Demogorgo, Lumley recrea la figura del Anticristo, con una criatura auxiliar, por supuesto demoníaca, el famoso demogorgo, que se "reencarna" cada ciertos años utilizando a pobres desgraciados de los que toma el cuerpo (varios de cada vez). Es, pues, la clásica lucha entre el bien y el mal, en el que los humanos son meros juguetes ignorantes de las batallas.
 Lumley documenta bastante bien su novela, no es la típica ciencia ficción mal pergeñada, con agujeros e inconsistencias. Recurre muchas veces a la Biblia, tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo para localizar la acción. Por ejemplo, la reencarnación de Demogorgo se produce en las ciudades maldecidas por Cristo, Betsaida, Corozaín y Cafarnaún. El "equipo de los buenos", además de por los contemporáneos anónimos, mitad heroicos, mitad atontados, están los principales líderes religiosos del mundo, como el Papa, el Arzobispo de Canterbury o el Dalai Lama.
 No está mal la novela, la verdad. Está bien estructurada y argumentada; los personajes son verosímiles (los de carne y hueso, claro, los otros ya depende del lector); y la prosa es razonablemente culta para una novela de ciencia-ficción. Pondré un pero, sin embargo, al menos en lo referente a mis gustos, y es que las descripciones de las batallas entre el bien y el mal, demasiado largas a mi modo de ver, rompen la trayectoria pausada del resto del texto, ocupando páginas y páginas en las que un servidor se aburre soberanamente.
 En fin, no está mal, ya digo. Sigo prefiriendo el relato breve a la novela en la ciencia-ficción, pero algo de extensión mayor puede aguantar el tipo. 

miércoles, 13 de mayo de 2026

"El diablo de los ojos verdes y otros relatos", de Emilio Carrere.

  Cuarto volumen de relatos y artículos de Emilio Carrere que leo. Saco las mismas conclusiones que antes: que Carrere es más un periodista que un narrador de ficción, aunque tiene una calidad prosística evidente. De hecho, varios de los títulos contenidos en el tomo son artículos periodísticos, ignoro si publicados en prensa o no, y no pretenden en ningún caso tener aspecto de relato. Por otro lado, ya sea en los relatos o los artículos periodísticos, la personalidad del autor se manifiesta con ese humor irónico, sarcástico, así como una burla de la mediocridad social o el excesivo poder de la Iglesia católica. Porque, aunque es posible que el escritor madrileño fuera un bromista, un vividor y un bohemio no dejaba de tener un carácter combativo en muchos aspectos. Otro rasgo de su temperamento está en el gusto por lo sobrenatural, siempre desde una óptica humorosa que lo hace tolerable, y que empapa muchos de sus relatos.
 El relato que da título al libro, El diablo de los ojos verdes, es una excelente narración preñada de ironía y sarcasmo sobre monjas seducidas por un diablo de ojos verdes (un cura joven y atractivo, vamos) y su inverosímil defensa sobre la naturaleza demoníaca del sacerdote. Es un cuento que muestra la excepcional capacidad de Carrere para el humor, así como la sorna con la que trataba la fanática autoridad de la Iglesia católica.
 La rebelión de los fantoches es un relato que pareciera haber sido escrito por Pirandello, pues comparte con la obra del genial dramaturgo siciliano el hecho de que los personajes del autor se le presentan en la vida real. El plagio está imposibilitado en tanto que ambas obras se publicaron el mismo año, 1925. En el relato de Carrere, a un escritor, Martín Sayago (alter ego evidente del autor), se le aparece primeramente un personaje, el doctor Catafalco (protagonista de La torre de los siete jorobados, de Carrere) para decirle que sus protagonistas están muy descontentos con él y planean una encerrona. Con esa emboscada, concretamente, quieren dejarle claro que los ha creado pobretones, miserables y sin posibilidad de mejora. Es un relato genial, muy original, pareciera el argumento de una zarzuela, que tanto éxito tenían por estos lares hace cien años.
 El resto textos del volumen están englobados bajo el epígrafe de De Almas, brujas y espectros grotescos y suponen una cierta alternancia entre relatos de ficción, la mayoría con temática espiritista, y artículos periodísticos, casi todos con temática literaria. Así, Lo que vio la reina de Francia es la narración de la propia María Antonieta, reina de Francia y aficionada al espiritismo, que, engañada por el sorprendente estafador siciliano Cagliostro, creía en la predicción del futuro, viendo en la "cubeta de Mesmer" como sería decapitada. En El espectro de la rosa, texto muy metaliterario, incluye la Ligeia de Edgar Allan Poe, además de autores patrios como Pedro de Rápide o Pérez Galdós. Precisamente sobre el autor americano discurre Carrere en su Edgar Poe, el ocultista, artículo periodístico en el que defiende la posibilidad de que el talento del bostoniano tenía que ver con que fuera médium y estuviera en contacto con seres del más allá. El chato de El Escorial es una crónica periodística en el que reinterpreta un terrible crimen que ocurrió en 1892, cuando un niño fue secuestrado, violado y asesinado en esa localidad madrileña. Carrere se hace eco de la teoría popular según la cual el asesino convicto, enfermo epiléptico y analfabeto que nunca admitió haber cometido el infanticidio, fue una cabeza de turco para eximir de culpa a algún fraile del famoso monasterio.
 En fin, queda claro que Emilio Carrere fue un gran escritor. Tal vez no tuvo ideas para grandes novelas, pero su dominio de la lengua escrita era extraordinario, aportando siempre un toque humorístico que deja un excelente sabor de boca en el lector. Escribía en este mismo blog hace años que era una pena que Carrere no hubiese nacido en Inglaterra en esa misma época, pues en ese caso habría sido considerado un gran autor, pionero en ese humor sarcástico que consideramos "humor británico", sin embargo, en nuestra "piel de toro" el realismo literario imperaba con soltura, marginando otras formas de escribir. En todo caso, ese verso libre que fue Emilio Carrere dejó un excelente puñado de relatos y narraciones que bien merece una relectura ocasional.