miércoles, 15 de abril de 2026

"La locura de Almayer", de Joseph Conrad.

  Joseph Conrad pertenece a esa excelsa pléyade de escritores que todos los que somos lectores asiduos leímos en nuestra adolescencia y primera juventud. Además de Conrad, están Julio Verne, Emilio Salgari, Robert Louis Stevenson o Rudyard Kipling, es decir, los llamados escritores de novelas de aventuras. Sin embargo, hay grandes diferencias entre ellos: Verne y Salgari son, efectivamente, escritores para adolescentes (sobre todo el francés) por lo estereotipados que están los personajes (virtuosísimos, los héroes; abyectamente malvados, sus contrapartes), así como porque siempre triunfa el bien. En Stevenson se aprecia ya una mayor complejidad, no todo es tan evidente y previsible; con todo, desde el inicio de la novela se puede ver qué personaje será "de los buenos" aunque de primeras parezca uno "de los malos". Kipling también es bastante predecible; sus novelas muestran la admiración (un tanto infantiloide y propia del complejo de inferioridad del hombre blanco) hacia lo exótico, mostrándolo como una suerte de paraíso perdido. El autor angloíndio no parece ver que la miseria, material y moral, también abunda en ese supuesto paraíso. Pero Joseph Conrad, a pesar de sus ambientaciones exóticas, ya sea en el corazón de África, en el Sudeste Asiático o en el Caribe, no es, en absoluto, un escritor para adolescentes. Puede que sus novelas narren aventuras exóticas que atraen más en las primeras etapas de la vida, pero los personajes, todos, tienen una oscuridad en su interior que no les hace aptos para jóvenes lectores. Conrad es un gran conocedor del alma humana, de sus miserias, que sobre todo tienen que ver con ambiciones desbordadas, pasiones irrefrenables, odios que llevan a la violencia extrema. Todos sus personajes tienen alguna mácula, además, claro, de alguna virtud; es decir, su protagonistas son verosímiles, no están tan estereotipados como los de Verne o Salgari. Cuando de adolescentes leíamos a Conrad perdíamos una gran parte de sus matices, aunque sólo fuera por la inexperiencia vital propia de la juventud.
  La locura de Almayer es la primera novela del autor polaco, y está ambientada en el Sudeste Asiático, concretamente en lo que hoy es Malasia. Allí, en Simbar, está asentado un descendiente de holandeses, Kaspar Almayer, que pretende hacerse rico y huir hacia el Viejo Continente con su hija, Nina, mestiza. A pesar de haber vivido siempre en Malasia, Almayer se considera superior a los indígenas por el mero hecho de ser blanco, y si su hija es mestiza, espera que el dinero "lave la inferioridad racial". Con tanta superioridad se comporta, que los malayos entienden que debe tener algún tesoro escondido, lo cual pone su vida en riesgo, claro. Almayer aspira al dominio europeo en aquel remoto lugar, a orillas del río Pantai, que sirve de autovía para el comercio con distintos pueblos; y aunque practica un comercio lícito auspiciado por la metrópoli, no duda en hacer contrabando de armas y pólvora para enriquecerse. Por cierto, el título de la novela no hace referencia a una supuesta enfermedad o actitud enfermiza del protagonista, sino al nombre que dan los locales a la desproporcionadamente grande y lujosa casa que Almayer se construye a orillas del río. La relación del protagonista con los locales es siempre controvertida y peligrosa, ya sea con el rajá local, Lakamba, como con el "valido" de éste, Babalatchi, o el hijo del rajá de Bali, Dain Maroola, quien se enamorará perdidamente de Nina Almayer.
 Cuando la armada holandesa intenta controlar la situación de contrabando eliminando o capturando a Dain, éste huye con ayuda del rajá local, presentando un cadáver desfigurado al que han puesto sus joyas para suponer su muerte. El propio Almayer cree en la desaparición del joven insurgente, cuando, en realidad, está planeando huir con Nina. Finalmente, ante el disgusto y desesperación de Almayer, Dain y Nina huyen juntos de los holandeses, instalándose en Bali. Almayer, perdida la única razón de su existencia prende fuego a su palacete de juncos, a su "locura", y se abandona al opio, muriendo poco después.
 Como se puede ver, La locura de Almayer no es una novela para niños. Las pasiones desatadas, esas ambiciones absurdas, esa negritud en el alma de sus protagonistas no serían entendidas plenamente por un chico de quince años. Son novelas que muestran una profunda desafección hacia el género humano, hacia esa incapacidad que muestra el "mono con pantalones" para vivir en paz con sus congéneres. Sí, son novelas de aventuras, y, desde Occidente, se podría leer con ese punto de admiración por el lejano trópico y sus extraordinarias andanzas, pero, al margen de la ambientación, los hombres de aquí y de allá albergan los mismos sentimientos en sus corazones.

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