sábado, 11 de abril de 2026

Inciso pictórico: Exposición temporal "Hammershoi. El ojo que escucha", del Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

  Voy a decir una obviedad: es un verdadero privilegio tener un museo con la calidad de obras (primerísimos genios de la pintura) y del rango temporal y estilístico (desde los "primitivos italianos y flamencos" del siglo XIII hasta las vanguardias del siglo XX, pasando por todo el Quattrocento y Cinquecento italiano, la pintura barroca holandesa, el vedutismo italiano, el impresionismo y el arte moderno el siglo XX) que tiene el Thyssen. Es, además, perdón por la falta de respeto religioso, la tercera parte de esa "Santísima Trinidad" que forma con el Museo del Prado y el Reina Sofía, creando así en Madrid un conjunto museístico único en el mundo. Por si esto fuera poco, debido a su inmenso prestigio internacional, el Thyssen es un activo participante en intercambios pictóricos y exposiciones temporales que facilitan la contemplación de obras poco accesibles al gran público, trayendo a España a autores que no podrían ser admirados si no fuera de este modo.
 En ese orden de cosas, el Museo Thyssen presenta la exposición temporal sobre Vilhelm Hammershoi, pintor danés nacido en 1864 y fallecido en 1916, especializado en retrato e interiores. Dentro de los interiores, destaca por el empleo de la luz, creando espacios de luz fría que atrapan al espectador. El Museo Thyssen ha titulado El ojo que escucha a esta exposición, recalcando la "relación metafórica entre su pintura, el silencio y la aparente calma que transmite".
 Como la forma de entender y admirar una obra pictórica es callar las palabras y contemplar las obras adjunto unas fotografías realizadas por mí, no sin pedir perdón por la escasa calidad de las mismas.
Hammershoi, Vilhelm. (1903). Sol en la sala de estar III. [Óleo sobre lienzo]. Nationalmuseum, Estocolmo.
 La fría belleza de los cuadros de Hammershoi transmiten, efectivamente, una calma y una sensación de perdurabilidad que enganchan al espectador, incluso aunque sea en la abarrotada sala de una pinacoteca.
Hammershoi, Vilhelm. (1906). Interior, sol en el suelo. [Óleo sobre lienzo]. Tate Gallery, Londres.
 Contemplando los cuadros me ha venido a la memoria la obra de un compositor coetáneo, el gran Erik Satie, precursor del minimalismo y del impresionismo musical, concretamente a sus Gymnopédies, maravillosas pequeñas composiciones para piano con una semejanza notable en el ritmo y la melodía, pero con diferencias suficientes como para ser obras distintas, claro. Cuentan que algún malhadado crítico artístico preguntó al compositor si esas obras no se parecían demasiado, y el contestó (no cito textualmente, claro, pero sí respeto el espíritu de la respuesta) que igual que una escultura de Rodin es distinta según se mire desde uno u otro punto de vista aunque se trate de la misma obra, sus composiciones son distintas aunque tengan gran semejanza. Esto es especialmente aplicable a la obra de Hammershoi cuando recrea la misma habitación con distinta iluminación en función de las horas. Así se puede comparar con la obra anterior, reforzando la idea de paso del tiempo.
Hammershoi, Vilhelm. (1900). Rayos de sol o sol. Motas de polvo bailando en los rayos de sol. Strandgade 30. [Óleo sobre lienzo]. Ordrupgaard, Copenhague.
 Ahora que lo pienso más detalladamente, la comparación entre Satie y Hammershoi no está mal traída, pues la obra de ambos genera esa calma melancólica e introspectiva, un tanto nostálgica que nos produce la reflexión sobre el paso del tiempo.
 En resumen, una excelente exposición temporal, como lo suelen ser las del Thyssen, tanto por la calidad de las obras como por la capacidad que tiene el museo para atraerlas de todos los puntos del planeta (Londres, Estocolmo, Copenhague...), así como la excelente documentación incluida y la incorporación de elementos interactivos como un video de Michael Palin (humorista británico, conocido por ser miembro del grupo Monty Phyton, y que es, según parece, uno de los mayores coleccionistas privados de la obra de Hammershoi). Todo ello redunda en una visión global para el espectador, que sale de la exposición con un conocimiento muy amplio del artista en cuestión.

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