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domingo, 4 de enero de 2026

"Boda nocturna", de Alexander Lernet-Holenia.

  Me ha pasado ya varias veces: conozco a un autor (generalmente desconocido para las masas) y comienzo, lógicamente, leyendo sus obras más famosas y apreciadas; tras engancharme con sus virtudes literarias, sigo leyendo más  y más obras, cada vez más difíciles de encontrar; acabo por leer las primeras novelas o las menos exitosas, y es entonces cuando empiezo a desilusionarme con el autor en cuestión. He leído ocho libros de Lernet-Holenia (nueve novelas), y precisamente la última, Aventuras de un joven caballero en Polonia, me ha parecido anodina, farragosa, anticuada y sin aliciente, nada que ver con excelentes novelas como El barón Bagge, Marte en Aries, El conde Luna o El estandarte. Hay que decir, en todo caso, que esa novela fue la primera que publicó, en 1931, siendo lo anterior poesía y teatro. Todo requiere un aprendizaje, "al mejor escribano le sale un borrón", reza el dicho popular. 
 El volumen de Ediciones G.P. (editorial ya difunta, esfuerzo empresarial del catalán Germán Plaza, que con esta colección Reno inundó los hogares españoles en la segunda mitad del pasado siglo) que he leído es del 73, lo encontré en la plataforma iberlibro.com, y me sorprendió un tanto la portada, muy anticuada y un tanto cursi, tanto que parecía propia de una novela rosa escrita por Corín Tellado, por ejemplo. Para evitar errores, escaneo la portada de la sobrecubierta y también la portada interior, mucho más austera.
 La primera novela es Boda nocturna, de mucha mayor calidad que la que he mencionado antes y en la que es más reconocible el autor vienés. Un conde polaco con apellido de reminiscencias germánicas, Sommerstorff, se encarga de llevar una joven campesina a la corte de Varsovia. Ambos viven un tórrido romance de camino de la capital polaca. La tal Marusia no es, como aparentaba, una joven rústica sino una princesa que fue dada en adopción a unos labriegos, y se llama María Sorel. Es hija de un noble y de una americana. Ahora, a su mayoría de edad, debe cumplir con su papel de casar con el archiduque para consolidar la situación dinástica del país. Para sorpresa del joven conde, todos en la corte conocen la relación que ha tenido con la princesa, y a nadie parece importar. En realidad, lo que ocurre es que María es heredera de una enorme fortuna por vía materna, de la que el archiduque pretende apoderarse para apuntalar la situación de la corona tras asesinar a la joven una vez ésta sea su mujer. Por supuesto, el heroico conde desbaratará los planes de boda y el asesinato el mismo día del enlace, al infiltrarse en el cortejo nupcial. El elemento mágico en esta novela, tan frecuente en Lernet-Holenia, consiste en apariciones de fantasmas de fallecidos que asedian a Marusia.
 La segunda novela incluida en este tomo, Las aventuras de un joven caballero en Polonia, también tiene como protagonista a un joven noble en edad militar, el cual tiene que pasar desapercibido, pues es un húsar del ejército austrohúngaro en la Polonia ocupada por el Imperio ruso. No encuentra otra forma de esconderse que vestirse de mozuela, Kascha se llamará ahora el teniente Keller. Así quedará hasta la liberación de la zona por tropas alemanas, liberación en la que participará heroicamente.
 Ya digo, esta segunda novel es muy floja, una opera prima en el plano narrativo, todavía muy lejos de la excelencia que alcanzaría su autor en años venideros.

jueves, 17 de julio de 2025

"El estandarte", de Alexander Lernet-Holenia.

  Gran novela de Lernet-Holenia. No tiene giros argumentales espectaculares del El barón Bagge, ni digresiones filosóficas como El conde Luna, las otras dos novelas que he leído del austriaco; de hecho, cabe decir que, en sentido estilístico, El estandarte es bastante clásica, muy lineal, tanto en el avance cronológico como en la ausencia de elementos mágicos o sobrenaturales (como en El conde Luna).  Supongo que desde un punto de vista comercial se podría clasificar como "novela bélica" o "de aventuras", y, en mi opinión, quien así la clasificara se equivocaba de lado a lado. Porque El estandarte es una novela sutilmente antibelicista, en el sentido de que de forma implícita se denuncia la guerra como actividad brutal que destruye sociedades e individuos.
 Es bien conocida la pléyade de escritores salidos de ese Imperio Austrohúngaro que periclitó en la Primera Guerra Mundial. Entre ellos están Stefan Zweig, Joseph Roth, Leo Perutz, Ödön von Horváth o el propio Lernet-Holenia; en todos ellos se aprecia esa nostalgia de un tiempo pasado mejor, más estable y, al menos para ellos, más favorable en lo económico. Y eso que había grandes diferencias entre ellos: de los judíos Zweig, Roth y Perutz (judíos desde un punto de vista étnico, no religioso ni cultural), al húngaro von Horváth o al noble austriaco Lernet-Holenia. Entre ellos, por cierto, hubo amistad e incluso colaboración profesional, y todos ellos perdieron personalmente con la desaparición del Imperio.
 El estandarte narra la vida del alférez Menis, recién llegado al servicio activo cuando la guerra ya está casi perdida para los austriacos. Será destinado a Belgrado, donde conocerá y se enamorará de una joven dama de compañía de la archiduquesa, Resa Lang; con ella, a pesar de su condición de mujer, correrá bélicas aventuras. El alférez es asignado a un regimiento a las afueras de la capital serbia, con la intención de enfrentarse a las tropas aliadas, mezcla de franceses e ingleses que se aprestan a conquistar toda Serbia.
 Lernet-Holenia narra de forma espléndida cómo el ejército austrohúngaro, reflejo del carácter multiétnico del Imperio, está ya en plena disolución, principalmente porque los componentes de origen no austriaco ni húngaro, es decir, los serbios, bosnios, ucranianos, polacos, checos, eslovacos, rumanos y demás no tenían la más mínima intención de derramar su propia sangre en beneficio del imperio de los Habsburgo. Así, la oficialidad está formada por esas dos etnias que mantenían la lealtad al emperador y la tropa por el resto de nacionalidades. Como consecuencia, cuando en el plano militar pintan bastos, se producen motines y deserciones masivas que acentúan la sensación de derrota. Tanto es así, que cuando el regimiento de Menis está para cruzar el puente de pontones que atraviesa el Danubio, la tropa se amotina, y los oficiales, tras varias advertencias, acaban por disparar contra sus propios soldados.
 En esas circunstancias, el alférez Menis se convierte en portaestandarte del regimiento, algo que para un joven de veintipocos años supone un honor extraordinario. Cuando las cosas se pongan especialmente mal, el alférez guardará el estandarte, separado del asta, entre sus ropajes. El estandarte es, claro está, el símbolo del país que desaparece, también de cambio de vida y de mentalidad. 
 Ya en Belgrado, Menis y otros pocos oficiales se encontrarán con Resa, pero están rodeados de enemigos, concretamente ingleses, que ya han tomado la ciudad. Desde la fortaleza de la ciudad conseguirán salir a través de sótanos y pasadizos ancestrales hasta llegar a la orilla del Danubio. Conseguir cruzar el gran río hasta la orilla libre de enemigos constituirá otra aventura en sí misma. De esa orilla, hasta Viena, viajando en trenes atestados, con controles de soldados amotinados, con escaramuzas que provocarán la muerte de alguno de los protagonistas...
 En Viena, la situación no es mejor. Se describe la caída del Imperio en todos los estamentos sociales, incluso la familia imperial, que ya ha eximido a sus súbditos del juramento de lealtad prestado, está para huir del país (Carlos I de Austria y IV de Hungría, el último emperador, se exiliaría en Suiza y moriría en 1922 en Madeira, a los 34 años, de una neumonía). En plena disolución y desbandada, los oficiales están quemando todas las banderas y estandartes en los patios del palacio de Schönnbrunn. Menis arroja en la pira el estandarte de su regimiento, que lo acompañó en las últimas semanas dentro de su casaca. La quema de los estandartes es otro símbolo de la desaparición del país y de sus sociedades.
 Todo esto es narrado con un ritmo frenético, reforzando la idea de precariedad y de cambios sin posibilidad de reversión, por eso, como decía antes, podría ser catalogada como "novela de aventuras", pero sabiendo la importancia personal y social que tuvo en estos escritores la caída del Imperio Austrohúngaro, hay una lectura social más interesante, al menos por sus consecuencias literarias.