lunes, 9 de marzo de 2026

"Diario de un don nadie", de George y Weedon Grossmith.

  Uno nunca puede ser imparcial, cuando le gusta un determinado periodo o cultura se tiende a valorar todo lo que proviene de ellos de forma positiva, y luego se da uno el batacazo. Un batacazo considerable me he dado yo al leer Diario de un don nadie, escrito por George Grossmith e ilustrado por su hermano Weedon. Y es que, si alguien lee este blog pobretón lo sabrá, la época victoriana e Inglaterra son las coordinadas espaciotemporales en las que encuentro a mis escritores predilectos. Pero en mi descargo diré que hay que ser un redomado tarugo para no apreciar a Dickens, Trollope, Hardy, Austen, Thackeray, James, Stevenson, Tennyson y compañía. Que uno tiene paladar, vamos. Pero en la simpleza de quien esto escribe se comete el gravísimo error de pensar que todo aquello que se escribió en la pérfida Albión a finales del XIX ha de ser por fuerza de altísima calidad. Por otro lado, las zozobras anímicas provocadas por vivir en un planeta con ocho mil millones de imbéciles (casi toda la población, excluyendo un pequeño grupo del que me he rodeado, felizmente) me fuerzan últimamente a buscar literatura humorística para seguir alentando. Conocía la existencia de Punch, revista humorística inglesa editada a partir de 1841 y que estos tíos que reseño ahora habían publicado en ella. Todo ello me llevó a sacar este libro de la biblioteca... y darme el batacazo.
 Y es que, queridos amigos, no se puede generalizar. Que esa pequeña isla del Atlántico tuviera una de las generaciones de escritores más prolíficas y excelentes no quiere decir que todos los escritores ingleses de época victoriana lo fueran. Temo tener que decir, espero no ser injusto, que George Grossmith no fue un escritor meritorio. Es más, creo que Weedon Grossmith como caricaturista y dibujante es mucho mejor que su hermano como escritor.
 Diario de un don nadie es, obviamente, un diario, el de Charles Pooter (el apellido, claro, es una broma que se repite muy a menudo, "poo" se traduce como "caca", así que Pooter sería algo así como Cagón), un inglés de clase media baja, contable en la city, con mezquinas aspiraciones, con ínfulas, grandes anhelos de trepar socialmente, de mente cuadriculada y una terrible tendencia a contar chistes malos. Es, en realidad, una burla del típico inglés de clase media, buen ciudadano, ñoño hasta aburrir, cicatero y roñoso. Precisamente, por ahorrarse unas pocas libras tiende a meterse en situaciones ridículas, acabando por ser el hazmerreír de todos. Si se comparara con un personaje televisivo semejante sería el contemporáneo Mr. Bean.
 Evidentemente, el diario de Pooter es de una irrelevancia absoluta,, anotando en él bobadas cotidianas a las que presta gran importancia. Ese afán grandilocuente contrasta con su mediocridad absoluta, ahí está lo jocoso.
 Quien lea esto pensará que no hace falta irse a la Inglaterra victoriana para encontrar Pooters a tutiplén, que aquí mismo hay millares de bobos solemnes que se creen dechados de virtud. ¡Ay de mi propia familia cierta gente!
 En fin, leyendo lo que acabo de escribir podría parecer interesante, pero Grossmith no lo consigue. Es bastante malo; quizá por el tiempo pasado muchas situaciones chistosas son previsibles y poco graciosas. Todo el diario resulta bastante ñoño. Se entiende el humor, por supuesto, pero es tan evidente y blanco que no satisface. Una pequeña decepción.

domingo, 8 de marzo de 2026

Inciso museístico: Museo de Valladolid.

  Al igual que en otra entrada precedente en la que glosaba la importantísima labor cultural que ejercen las bibliotecas públicas, ahora hago lo propio con los museos. Porque, a pesar de que estén prácticamente vacíos excepto los que forman parte de, digamos, "el circuito de los grandes museos", que en España son pocos aparte del Museo del Prado, el Thyssen-Bornemisza y el Reina Sofía (que, seamos sinceros, tienen miles de visitantes, la mayor parte de los cuales sólo quiere figurar ante sus amigos y conocidos de haberlos visitado para darse fuste), existen centenares de museos en España que cumplen extraordinariamente bien su función como divulgadores de conocimientos a la población general. De nuevo, son todo ventajas para el ciudadano: accesibilidad absoluta, con precios simbólicos o directamente gratuitos (el Museo de Valladolid cobra ese precio simbólico de 1 euro, y los sábados por la tarde y domingos por la mañana es totalmente gratuito); explicaciones sencillas para que todo el mundo lo entienda, pero sin perder rigor alguno; muchos cuentan ya con todo tipo de elementos interactivos para hacer más amena la visita... Vamos, que no hay excusa alguna para no visitarlos, salvo haber hecho alguna promesa de seguir siendo un zote hasta el día de la muerte.
 Y aparte de esos archiconocidos museos que he citado y alguno más, como decía, existen distribuidos por toda la geografía nacional excelentes museos, tal vez pequeños en su contenido pero que poseen una capacidad de síntesis extraordinaria que nos permiten adquirir conocimientos  extensos de forma amena y entretenida. El Museo de Valladolid es uno de ellos. Sito en el Palacio de Fabio Nelli, un hermoso palacete cuyo origen, muy modificado, por supuesto, se remonta hasta el siglo XVI, fue inaugurado como Museo Arqueológico de Valladolid a mediados del siglo pasado para albergar todos los hallazgos arqueológicos de importancia menor (los más notables están, claro, en el Museo Arqueológico Nacional) de la provincia de Valladolid. Tiene muestras desde el Paleolítico hasta el siglo XVIII, destacando los hallazgos de época vaccea y romana, quizá porque España es un país afortunado en cuanto a la enorme densidad de hallazgos de esta época, lo encontrado aquí, aquí se quedó.
Patio porticado del Palacio de Fabio Nelli. Foto del autor
 Son diez salas dedicadas a los hallazgos arqueológicos y ocho a las Bellas Artes, todas de notable interés, incluida algún óleo atribuido a Gregorio Fernández. 
 De época celtíbera, vacceos era la denominación de las tribus presentes en la actual provincia de Valladolid, tienen muchas vasijas (los vacceos pertenecen como tantos pueblos europeos del periodo del Bronce y del Hierro a la llamada "Cultura de Hallstatt" o de "los campos de urnas") y urnas funerarias en las que introducían los restos mortales incinerados, junto con otras vasijas con el ajuar funerario del fallecido, así como torques de oro, pendientes, fíbulas y todo tipo de decoración corporal.
 La Submeseta Norte de la Península Ibérica fue conquistada por Roma en torno al año 100 a.C., imponiéndose una rápida romanización. El Museo de Valladolid contiene multitud de hallazgos de esta época, incluidos notables mosaicos de las villas, alguna encontrada en el mismo término municipal de la ciudad.
Sala del museo dedicada a la época romana. Foto del autor
 De época visigoda tienen menos objetos, sin duda porque esta cultura dejó una impronta menor en la provincia, al menos en el ámbito arquitectónico o escultórico. 
 Igualmente, de época islámica los hallazgos arqueológicos fueron de mucha menor importancia en la actual provincia de Valladolid. No son comparables con la inmensa cantidad de objetos que se encuentran en Andalucía, por ejemplo, y que forman parte importantísima de su bagaje cultural.
Infrecuente representación escultórica de Niño Jesús. Foto del autor
 Ya de época moderna y contemporánea pasamos de los hallazgos arqueológicos a las Bellas Artes, con multitud de objetos que convierten al Museo de Valladolid en una pinacoteca y museo de escultura nada desdeñable.
Representación idealizada del comedor de una casa noble en el siglo XVIII. Foto del autor
 En fin, un pequeño museo albergado en un hermoso palacete cuya visita proporciona una amplia visión general de la historia y la cultura en Valladolid desde el Paleolítico hasta nuestros días. ¿Coste de la experiencia? Cero euros. ¿Disfrute de alguien cultivado? Inmenso. ¿Recomendable? Absolutamente. La visita al Museo de Valladolid es, como a casi todos los museos del país, una de las actividades más gratificantes que se puede llevar a cabo cualquier mañana. Desgraciadamente, esto debo pensarlo yo sólo, porque hoy apenas éramos cuatro o cinco los visitantes del museo.

sábado, 7 de marzo de 2026

"Mayerling y otras narraciones", de Alexander Lernet-Holenia.

  A pesar de las previsiones derrotistas de los políticos y los medios de comunicación (que calan muy profundamente en la multitud sin criterio propio, más del noventa por ciento de la población), cada vez se mejoran más las condiciones de vida del ciudadano común. Un ejemplo importantísimo, en absoluto baladí, es la disposición a la que se pone el vastísimo caudal de cultura que suponen las bibliotecas públicas. Despreciadas por ese noventa por ciento de la población a la que antes aludía, las bibliotecas públicas contienen una inmensa cantidad de obras literarias, técnicas y científicas de toda época y lugar. En ciudades consideradas de segunda categoría también se encuentran estas magnas instituciones que tanto bien pueden hacer al individuo con afán de cultivarse. Ese servicio que prestan lo hacen totalmente gratis, sin pedir nada más que el lógico cuidado de los libros que se fían y que sean devueltos en el plazo correspondiente. Todo lo demás son ventajas para el lector. Es descorazonador saber el desdén con el que se tratan las bibliotecas públicas por aquellas personas que precisamente más las necesitan. En fin, está claro que el mundo está preñado de necios... Bien, todo esto viene a cuento porque el libro que reseño ha sido sacado de la biblioteca pública, como la práctica totalidad de los que he leído lentamente, pero además, gracias a una variedad que llaman "préstamo interbibliotecario", ha sido traído de otra ciudad en unos pocos días para que un servidor pueda leerlo cómodamente sin gastar un céntimo. ¡Qué importante labor cumplen las bibliotecas públicas!
 El volumen, como muestra la imagen que subo, fue editado por Luis de Caralt el año 1969, y contiene siete relatos de Lernet-Holenia, de diversa calidad, siendo el más notable uno que ya había leído, El barón de Bagge.
 El primer relato es el que da título al volumen, Mayerling, nombre también de un pabellón de caza de los Habsburgo cerca de Viena. En ese pabellón de caza tuvo lugar un hecho luctuoso el 30 de enero de 1889, cuando el príncipe heredero Rodolfo se suicidó a la edad de treinta años, llevándose antes la vida de su amante, María Vetsera, de diecisiete. Es esta una narración un tanto insulsa (para ser de Lernet-Holenia), más una exposición de hechos históricos sin el característico elemento mágico o fantástico del escritor vienés. Opta por la versión oficial de esa casa real, obviando los rumores de conspiración húngara o del servicio secreto francés. Esa versión oficial muestra al príncipe Rodolfo como un hombre depresivo incapaz de afrontar el exclusivo rol que la vida le había deparado. Lernet-Holenia, eso sí, muestra al príncipe como alguien juicioso, progresista y empático, que entiende que el Imperio Austro-Húngaro era un territorio inviable por la diversidad cultural, étnica y religiosa de los pueblos que lo componían, augurando su disolución en un futuro cercano.
 Mona Lisa es, no podía ser de otra forma, una fabulación a partir del personaje pictórico de Leonardo da Vinci. En el siglo XVI, un oficial de las tropas francesas que atraviesa Italia para luchar contra los españoles en Nápoles se detiene en Florencia y, accidentalmente, conoce a Leonardo da Vinci. Cae rendido ante la enigmática belleza de La Gioconda, no admitiendo que alguien pueda pintar tal belleza de una mujer que, supuestamente, ha fallecido dos años antes. El oficial sospecha que la modelo sigue viva. Para salir de dudas abre el ataúd en el que debiera reposar el cadáver de la mujer, fallecida por tifus; lo encuentra vacío. Entrará por la fuerza en casa de Giocondo pensando que Mona Lisa se encuentra secuestrada por su marido. Como consecuencia, el oficial francés es detenido y ejecutado. Leonardo da Vinci sigue retocando el retrato de Mona Lisa, de memoria, pues había fallecido realmente años atrás, dejando una sonrisa si cabe más enigmática y atractiva.
 El barón de Bagge, ya lo reseñé en este humilde blog, es uno de los mejores textos que he leído de Lernet-Holenia, con ese giro argumental tan espectacular ya al final del mismo, que deja al lector con un sabor de boca espléndido. Su relectura me ha permitido apreciar algunos matices que no reconocí en la primera lectura, pequeñas pistas que el autor pone y que fácilmente pasan desapercibidas, como la sensación del protagonista de estar soñando o situaciones absurdas y "pesadillescas", que son, claro, producto de la fiebre que tiene postrado al militar tras las heridas inferidas por el enemigo.
 Maresi es un relato un tanto más plano, pero entrañable sobre la vida de una yegua, Maresi (nombre, por cierto, que se daba de forma cariñosa a la emperatriz María Teresa de Habsburgo) desde su nacimiento hasta que el dueño, narrador del relato, tiene que sacrificarla de un disparo. Las peripecias que el animal vive, desde ser caballo de paseo de una adinerada familia vienesa; pasando por las terribles experiencias en la Guerra del 14, cuando el animal es "reclutado"; hasta que su dueño, previamente arruinado, la encuentra trabajando como animal de tiro, siendo maltratada por su dueño de forma tan brutal que el dueño anterior, el narrador, no tiene otra opción que dispararle.
Alexander Lernet-Holenia. Imagen tomada del sitio www.lernet-holenia.com
 20 de julio es un excelente relato ambientado ese día de 1944, cuando un grupo de oficiales alemanes trata de asesinar a Hitler en lo que sería llamado "Plan Valquiria". Ese intento de magnicidio fracasaría, pero Lernet-Holenia muestra a unos alemanes que ya están a disgusto con el Tercer Reich, que odian a Hitler, que sienten que han sido engañados. Este relato, como la mayoría de los de este volumen, fueron escritos tras la derrota de la Alemania nazi; este hecho no se puede obviar.
 El dios ciego es otro relato entrañable con animales de por medio, un perro lazarillo con una fidelidad a prueba de bombas. Ambientado en la Primera Guerra Mundial, como tantas narraciones de este autor.
 El unicornio es, probablemente, el peor relato del tomo: un confuso texto que usa ese recurso tan propio de Lernet-Holenia, el del giro argumental, en este caso por cuestión onírica, pero no está tan logrado como otros.

"Read without Inhibitions", by Grant Snider (www.incidentalcomics.com).

 

Image taken from the website www.incidentalcomics.com

Inciso musical: decimosegundo concierto de abono de la temporada 25-26 de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Obras de Chaikovski, Rajmáninov y Prokófiev.

  Ayer la OSCyL estuvo dirigida por su batuta asociada esta temporada, el ruso Vasily Petrenko. El solista invitado fue el pianista uzbeko, patrocinado por la Fundación Scherzo, Bezhod Abduraimov. Si el concierto anterior había sido de compositores románticos alemanes, ayer tocó interpretar a tres de los más grandes compositores rusos: Chaikóvski, Rajmáninov y Prokófiev. La musicóloga Inés Mogollón relaciona los tres, muy acertadamente, no sólo por la nacionalidad, sino porque representan "tres infiernos rusos", en el sentido siguiente: Francesca de Rímini  representa el amor prohibido, quizá el mismo que Chaikovski y su más que probable homosexualidad, en una época en la que esa orientación sexual estaba prohibida por ley; el "infierno" de Rajmáninov se aprecia una y otra vez por la frecuente inclusión del conocidísimo Dies irae, secuencia latina que se recitaba en las misas de difuntos y que, desde un punto de vista musical es una de las frases melódicas más utilizadas, no sólo en réquiem de todo tipo, también en multitud bandas sonoras de películas y, en general, en momentos en que se quiere atemorizar al espectador; el "infierno" de Prokófiev hace referencia a la terrible Segunda Guerra Mundial, época en la que compuso la Sinfonía nº5. Pero, vayamos poco a poco.
 Con un repertorio tan extenso y de tan altísima calidad, Chaikovski es un compositor muy socorrido. De hecho, su Sexta sinfonía debe ser una de las obras más frecuentemente interpretadas en todas las salas sinfónicas del mundo, por no hablar de las adaptaciones sinfónicas de obras para ballet como El lago de los cisnes o El cascanueces, además de obras como la Obertura 1812, el Concierto para piano nº1 o Eugenio Onegin. Sin embargo, Francesca de Rímini no es de las más habituales. Para poner en contexto es necesario recordar que Francesca de Rímini fue una noble medieval italiana inmortalizada por Dante Alighieri en su Infierno de La Divina Comedia. Francesca de Rímini y su amante se encuentran en el segundo círculo infernal, el destinado para los lujuriosos. Allí las almas de los pecadores son arrastrados por terribles vientos huracanados. Bien, pues póngase las terribles imágenes que pergeña Dante en la cabeza de un genio como Chaikovski y el resultado es espeluznante. Porque, efectivamente, el poema sinfónico, estructurado en tres movimientos, describe en el primero y el tercero esos vientos huracanados creados con las cuerdas el terrible castigo infernal; el movimiento intermedio contrasta con los anteriores, dando una sensación dulce del amor de los dos protagonistas. Con todo, la percepción final que deja es de desasosiego y zozobra, como decía antes, por esa simulación de vientos huracanados interpretada con todos los instrumentos de cuerda.
 La Rapsodia sobre un tema de Paganini, op. 43 es un conjunto de variaciones que Serguéi Rajmáninov compuso inspirado por los 24 caprichos para violín solo de Paganini. La gran virtuosidad que imponía Paganini a sus intérpretes (y que él, gran violinista, también sabía interpretar) la traslada Rajmáninov a sus pianistas (y que también él mismo, gran pianista, supo interpretar con maestría). De todas las variaciones, la número 18 es la más conocida, una melodía dulce y melosa que contrasta muy vivamente con el resto. Se inicia con el piano solo, acompañando en la segunda frase musical toda la orquesta. Pero buena parte de las variaciones, como digo, tienen un tono lúgubre, destacando la variación 7, con ese motivo musical, Dies irae, que genera una sensación de ansiedad e intranquilidad.
 Después del descanso, la Sinfonía nº5 en si bemol mayor, op. 100 de Serguéi Prokófiev. compuesta en plena guerra mundial, y que, al menos por los jerarcas soviéticos, fue vista como una oda a la victoria soviética sobre el nazismo. Es una obra estructurada en cuatro movimientos: Andante, Allegro marcato, Adagio  y Allegro giocoso. El primero comienza con una de las frases  musicales más significativas de la obra, con una cierta aura sombría, con un protagonismo del viento metal; el segundo, Allegro marcato, es, en realidad, un scherzo, que cambia a vals para terminar de nuevo en scherzo; el tercer movimiento,  Adagio, está protagonizado por el clarinete, pero dando un aspecto luctuoso y triste; la sinfonía acaba con el Allegro giocoso que es una acumulación de episodios festivos que da esa supuesta celebración de la derrota nazi a manos de los comunistas. En realidad, para mí, incluso este cuarto movimiento, tiene un aire funeral y apesadumbrado, algo que encaja perfectamente con el horror que se vivió en Europa en aquellos años 1944 y 45. Bien es sabido que los mandatarios soviéticos eran terriblemente entrometidos en la creatividad musical de sus compositores, ejemplo paradigmático es el pobre Shostakovich y sus vaivenes de amor y odio con los gobernantes de su país, con lo que es explicable que también quisieran atribuirse los triunfos de aquéllos, caso que parece aplicable a la Quinta sinfonía de Prokófiev.

XX edición del Salón del Cómic y el Manga de Castilla y León.

  ¡Parece mentira! Ya son veinte los años que se lleva celebrando el Salón del cómic y el manga en la capital del Pisuerga. Reconozco que un servidor hubiera augurado poco  futuro a un evento de este tipo en un territorio tan conservador como CyL; sin embargo, me equivoqué, claramente. Esta mañana he paseado por la Feria de muestras y el lleno era total, más o menos como en años precedentes.
 Y, al igual que decía en años anteriores, es más un salón para manga (por cierto, aprovecho para pedir a la RAE que incluya en el vocablo "manga" la acepción "cómic" o "cómic de origen japonés", ya que es un término de uso común en la juventud actual) que para el cómic; predomina, con mucho, el merchandisisng sobre los productos editoriales. En todo caso, es más un evento lúdico que literario.

lunes, 2 de marzo de 2026

"La señorita Mackenzie", de Anthony Trollope.

  La señorita Mackenzie fue publicada íntegramente en 1865; es una novela independiente, en el sentido de que no pertenece ni a las Crónicas de Barchester ni a las Novelas de Palllister, grupos de novelas en las que el autor no sólo repetía ambientación, sino también personajes y, hasta cierto punto, argumento y temas. Como siempre digo, el argumento en Trollope es lo de menos. Lo de más es la extraordinaria capacidad que tiene de pergeñar personajes absolutamente redondos, con personalidades definidas, que evolucionan en el tiempo. No me cabe duda de que Anthony Trollope fue un gran conocedor del alma humana, pues describe hombres y mujeres que son totalmente verosímiles, podrían ser nuestros coetáneos, pues los sentimientos y raciocinios no varían con el tiempo. Por otro lado, para verlo desde otro punto de vista, y recordando que soy un ferviente admirador de la literatura victoriana, siempre dije que ésta es una "literatura de té y pastas", injusta broma mía con la que afirmo que los destinatarios principales de todas esas novelas eran señoronas y señorones (en esta novela, más las primeras, ahora explicaré por qué) de vida regalona que querían dedicar un par de horas diarias a la lectura de novelas de moda para así luego poder comentarla con sus amistades. Broma injusta, lo sé. Pero no la retiro. En el caso concreto de La señorita Mackenzie opino que el destinatario dilecto de Trollope eran las damas, y no sólo porque el personaje principal fuera una joven (joven ahora, porque en 1865 una mujer de treinta y seis años era ya una solterona), sino porque todas las consideraciones, reflexiones, dimes y diretes van dirigidas hacia las lectoras, que debieron disfrutar de lo lindo imaginándose ser ellas la famosa señorita, agraciada primero con una fortuna e, inmediatamente, por tres pretendientes. La señorita Mackenzie, pues, estaba destinada, principalmente, a mujeres de edad madura y alta cultura, que en la Inglaterra victoriana no creo que superasen el quince o veinte por ciento de la población total. En todo caso, ojalá hoy leyeran a Trollope el quince o veinte por ciento de la población total, no se escucharían tantas estupideces como se escuchan en los medios de comunicación.
  El argumento de la novela se basa en una mujer de treinta y seis años (este dato no es baladí, pues en aquella época ya se la consideraba una solterona sin remedio) que se había dedicado a cuidar de su enfermo hermano Walter hasta la muerte de éste. Recibirá en herencia una pequeña fortuna que la catapultará socialmente y... claro, aparecen los pretendientes antes inexistentes. Tres serán los tipos que se interesan por Margaret Mackenzie: Samuel Rubb, apuesto hombre de negocios de cuarenta años, que comparte inversión con el otro hermano de Margaret; Jeremiah Maguire, coadjutor anglicano de espectacular estrabismo; y John Ball, primo de Margaret, calvo (se hace especial mención de ello) y viudo, con nueve hijos a su cargo. Ninguno de los tres, claro está, tiene un chelín, la sospecha de que quieren dar un braguetazo está implícita en la descripción de los tres admiradores. Margaret, ya dueña del dinero, se muda a una ciudad balneario ficticia llamada "Littlebath", que unos identifican con las ciudades reales de Bath o de Cheltenham, en cualquier caso una pequeña ciudad con mucha gente ociosa y sin las aglomeraciones de Londres. Allí conocerá a un reverendo, Stumfold (porque en las novelas de Trollope, ya lo sabe el lector, es imprescindible que haya religiosos anglicanos, igual que nobleza baja rural), que tiene su propio grupo de fieles y seguidores, que atacarán con dureza por envidia y rencor a Margaret. Aquí, como también es frecuente en el autor, la mujer del reverendo (Trollope la llama "Santa Stumfolda") es la voz cantante de ese grupo, una mujer cruel y despiadada que pondrá a toda la pequeña ciudad de Littlebath contra la recién llegada. Maguire es coadjutor, precisamente, en la parroquia de Stumfold.
 La situación se complicará más con dos reveses económicos de Margaret, uno pequeño y el otro definitivo. El pequeño es que Rubb le pide dinero para comprar unos terrenos junto con su hermano, argumentando que luego los hipotecarán y pondrán esa hipoteca a nombre de Margaret, pero lo cierto es que la hipoteca estará a nombre de una tercera persona; eso y que el negocio de telas enceradas que Rubb tiene con el hermano va de mal en peor supone que Margaret pierda el dinero que supuestamente les presta. Pero el revés económico definitivo es de tipo testamentario, porque resulta que la herencia de Walter, el hermano enfermo de la protagonista, está mal documentada, de modo que el dinero heredado por Margaret no le corresponde, tiene que devolverlo todo  precisamente a la familia (a la madre) de John Ball. Así, de un día para otro, Margaret Mackenzie pasa de ser una rica heredera a no tener nada de nada, de nuevo. Sin embargo, los pretendientes, al menos dos de ellos, siguen tras ella. Rubb queda descartado por su comportamiento deshonesto con la famosa hipoteca, pero Maguire sigue encaprichado con ella y Ball, a pesar de ser rico ahora, sigue bebiendo los vientos por Margaret. Maguire, celoso y viéndose como perdedor, trata de crear un escándalo social (en 1865, recordemos) publicando una serie de artículos difamatorios en los que, sin llegar a nombrarlos, equipara a Ball y a Margaret con un león y un cordero, en el sentido bíblico. A pesar de ello, o, mejor dicho, precisamente por ello, John Ball y Margaret Mackenzie, primos lejanos, acaban casándose.
 Pero, ya digo, el argumento es un poco lo de menos, lo mejor es sumergirse en la maravillosa forma de narrar de Trollope, cómo describe a sus personajes y las relaciones entre ellos, cómo los hace evolucionar en función de lo que acontece, cómo mueve al lector hacia sus sentimientos y sufrimientos... Trollope es, precisamente, un maestro de los sentimientos, por eso digo, perdón por el burdo estereotipo, que las lectoras lo entenderían mejor que los lectores, pero claro, todo depende de la sensibilidad que se tenga y eso, estereotipos al margen, depende del individuo.
 Una gran novela. Si decía Oscar Wilde: "la literatura es la forma más agradable de ignorar la vida", entonces leer a Trollope es la ocupación más agradable  y adictiva para olvidar los sórdidos tiempos que nos han tocado vivir.

viernes, 27 de febrero de 2026

Inciso musical: concierto extraordinario de la temporada 25-26. Orquesta invitada: Orchestra della Toscana. Obras de Schumann, von Weber, Schubert y Mendelssohn.

  Ayer tuvo lugar el habitual concierto extraordinario que todas las temporadas se programa desde el Auditorio Miguel Delibes. La orquesta invitada fue la Orchestra della Toscana, dirigida por Diego Ceretta. El solista invitado fue el también italiano Kevin Spagnolo. El repertorio es, claramente, una plena incursión en el Romanticismo alemán, aunque con referencias italianas en lo que corresponde a Schubert y Mendelssohn. Con respecto al programa, eso sí, se modificó la obra de Schubert, interpretándose la Obertura en estilo italiano en do mayor, D. 591 en lugar de la anunciada Obertura en estilo italiano en re mayor, D. 590; el resto del programa se cumplió a rajatabla. La Orchestra della Toscana cumplió excelentemente con su cometido, con un desempeño limpio y virtuosista, dirigida enérgicamente por la joven batuta de Ceretta. Con respecto al clarinetista Kevin Spagnolo, su inmenso talento como instrumentista, unido a su carisma personal y entrega llevaron al público del Miguel Delibes a aplausos sin fin que "obligó" al solista a regalar dos espléndidos bises.
 Para abrir boca se interpretó la Obertura, scherzo y finale en mi mayor, op. 52 de Schumann, una obra singular en cuanto que carece de un movimiento lento para convertirse en una sinfonía por derecho propio. Así, para citarla han de nombrarse sus tres movimientos constitutivos, pues antes fue citada como "Sinfonietta" sin que acabara de calar este denominación. Es una obra notable, no obstante, con una obertura luminosa y optimista, una energía desbordante en el scherzo, y un rotundo finale que piden a gritos ese movimiento lento, ese adagio, para que fuera esa sinfonía sobresaliente. El desempeño de la Orchestra della Toscana fue exquisito, sus cuarenta músicos, todos italianos, interpretaron con sobrado talento las amables melodías de Schumann.
 El Concierto para clarinete nº2 en mi bemol, op. 74 es un enérgico concierto dividido en tres movimientos: Allegro, Romanza: andante con moto y Alla polacca en las que el virtuosismo del clarinete solista ha de lucir con brillo propio. En primer lugar, la compenetración entre la Orchestra della Toscana y Kevin Spagnolo, a través del "pegamento" del director Ceretta funcionó a las mil maravillas. La notable expresividad de Spagnolo, un músico con "carisma de ángel", todo sonrisas y movimientos acompañantes, dio una teatralidad que gusta mucho al respetable, que siente y entien mejor la música de von Weber. 
 El largo aplauso del público fue premiado por Spagnolo con dos bises: una variación que suponía un homenaje a Falla en el que intercaló las melodías más conocidas del pasodoble España cañí, y una apasionante composición del clarinetista Béla Kovacs sobre una melodía tradicional klezmer. Los dos bises, pero sobre todo el segundo, interpretado con otro clarinetista italiano, con su alegría de vivir típicamente judía agradó sobremanera al público, que le otorgó un larguísimo aplauso preñado de bravos.
 Franz Schubert fue un genial compositor capaz de crear diez sinfonías, más de seiscientas composiciones para piano y voz solista, ocho oberturas orquestales y más de cincuenta obras de cámara antes de morir, con tan sólo treinta y un años. Su Obertura en estilo italiano en do mayor, D. 591 es una amable obra romántica con toda la fuerza de un joven Beethoven, por ejemplo, pero con la dulzura propia de las obras de Schubert. Una vez más, la Orchestra della Toscana demuestra su maestría al interpretar fiel pero vehemente la obra.
 Pero es con la Sinfonía nº4 (Italiana) de Felix Mendelssohn donde la orquesta invitada ayer dio su do de pecho. Sus cuatro movimientos (Allegro vivace, Andante con moto, Con moto moderato y Saltarello: Presto) la convierten en una de las obras románticas favoritas de muchos melómanos, entre los que un servidor se encuentra. El Allegro vivace  parece querer remedar la belleza del paisaje italiano y su clima, con un ritmo enrabietado que hace las delicias de los oyentes. El Andante con moto es un elegante movimiento; especialmente atrayente es la melodía de los contrabajos, que supone un contrapunto delicioso al resto de las cuerdas.  Con moto moderado es, en realidad, un minueto, que de nuevo tiene la elegancia como una de sus características centrales. La sinfonía acaba con el Saltarello: Presto, que evoca una tarantela, el conocido baile de la Italia meridional, con su ritmo frenético y apasionante.
 Suelo decir que la programación ofrecida en el Auditorio Miguel Delibes es contrastante, pero en el día de ayer todo giró en torno al Romanticismo alemán, que incluso sin las inmensas figuras de Beethoven o Brahms llega a un nivel celestial. Por otro lado, la excelente interpretación de la Orchestra della Toscana y, sobre todo, la del genial clarinetista Kevin Spagnolo regalaron ayer uno los mejores conciertos vividos por un servidor en los últimos tiempos.

miércoles, 25 de febrero de 2026

Inciso cultural (pictórico) y social (con un poco de acritud): Exposición "Imágenes de la Historia. Ferrer-Dalmau".

  Es un gran acierto, logrado en toda esta comunidad autónoma, el "reciclaje" de edificios religiosos para darles una nueva finalidad, la cultural. Que nadie se equivoque, de donde primero proviene el interés de hacer estos cambios es de la propia Iglesia católica a través de sus diócesis y archidiócesis. Y es normal, pensemos que muchos de esas iglesias, conventos y monasterios están prácticamente abandonados, a los sumo habitados por dos o tres religiosos ancianísimos que ya no pueden ni con su alma. Con buen criterio, las órdenes religiosas van cerrando esos centros y reubicando a sus moradores en otros donde podrán ser mejor atendidos. Así, los edificios quedan abandonados, sufriendo el durísimo clima de la región, amenazados de ruina en pocos años. Y, de nuevo, que nadie se equivoque: que se les dé un nuevo uso a edificios religiosos no supone merma, ofensa alguna ni desaire a la religiosidad en general. Los edificios son desacralizados por la propia Iglesia y se convierten en edificios corrientes y molientes, como cualquier otro. Después de eso, tras reformas más o menos complejas, las iglesias, conventos y monasterios pueden ser reutilizados como salas de exposición, galerías o incluso, se está haciendo ahora mismo, en un museo del vino. Con ese pasado hay dos salas de exposiciones en la capital del Pisuerga, la Sala de las Francesas, sita en la antigua iglesia del Convento de las Francesas, o la Sala de la Pasión, que fuera antes la iglesia homónima. Bien, todo esta introducción sirve para dar pie a la fugaz visita que he hecho esta mañana, apenas cinco minutos. La exposición, como su nombre indica, es sobre la obra del pintor hiperrealista Augusto Ferrer-Dalmau, talentosísimo pintor especializado en la recreación de historia militar española. El hiperrealismo no es mi estilo preferido, ni la historia militar la temática que más me gusta, pero tengo ojos en la cara y sensibilidad suficiente para reconocer que Augusto Ferrer-Dalmau es un pintor de un talento difícilmente alcanzable, algo a lo que hoy casi nadie llega. No me cabe duda que lo de Ferrer-Dalmau es un don que sólo los grandes como Velázquez, Goya y otros pocos disfrutaron, por ello creo que cuantas más exposiciones de este sobresaliente pintor se realicen, tanto mejor. Ahora bien, ya digo, mi visita ha sido fugaz, y ha sido porque, tras disfrutar de una obra de Ferrer-Dalmau durante unos minutos, he leído un extracto de la arenga del teniente coronel Primo de Rivera (por cierto, tío de Miguel Primo de Rivera y, por tanto, tío-abuelo de José Antonio Primo de Rivera), y, tras leer esa arenga, he cortocircuitado.
 Ese es el cuadro de Ferrer-Dalmau, Carga del río Igan por el Regimiento Alcántara, sin duda una obra de un dramatismo y un dinamismo tan sólo posible por asombrosos artistas como Augusto Ferrer-Dalmau.
 El extracto de la arenga del teniente coronel Fernando Primo de Rivera estaba situado justo encima del óleo, era éste:
 Por si no se lee bien, lo transcribo: "¡Soldados! Ha llegado la hora del sacrificio. Que cada cual cumpla con su deber. Si no lo hacéis, vuestras madres, vuestras novias, todas las mujeres españolas dirán que somos unos cobardes. Vamos a demostrar que no lo somos." Teniente Coronel Fernando Primo de Rivera.
 En fin, soy hijo de mi tiempo, a Dios doy gracias. Vivimos en 2026 en un país occidental, como tal pienso y actúo. Pero nací y fui criado en una familia ultraconservadora que me tatuó a sangre y fuego ideales y formas de pensar que ya estaban obsoletas cuando me las inculcaron en los años 70 y 80 del pasado siglo. Como buen imbécil, más por querer agradar a mi padre que por otra cosa, hice el servicio militar, la famosa "mili", entre septiembre de 1991 y septiembre de 1992. No fue tan malo aquel estúpido periodo, aunque, a mis veintiún años lo pasara vestido "de primera comunión" viendo como adultos idiotizados de uniforme se comportaban como niños (esto, sin el uniforme, lo sigo viendo a diario), pero sí fue una pérdida absoluta de tiempo y una forma de plegarse a una tradición ya periclitada y obsoleta. Bien, el tiempo sigue pasando, cambia la sociedad, cambian los modos de vivir, llega una revolución social llamada "feminismo de nueva ola" que indirectamente llama maltratador a cualquier hombre por el mero hecho de serlo. Yo, en mi machismo recalcitrante, soy quien limpia mi casa a diario, compra y cocina, mientras mi mujer trabaja.
 Sé que han pasado ciento cinco años (la carga del río Igan tuvo lugar en 1921), pero lo cierto es que lo que ocurrió allí no se ha reparado (no se pueden reparar las muertes, no valen el dinero, las medallas ni los homenajes). Lo que quiero decir es que cuando el teniente coronel arengaba a sus soldados, chicos de veinte años o menos, a cumplir con el deber (morir en batalla, vamos) para que "sus madres, sus novias y las mujeres españolas no les llamaran cobardes" sólo conseguía rentabilizar el sentimiento de culpa de pobres chicos sin experiencia en la vida que acabarían muriendo en un secarral del Rif para que sus madres, sus novias y las mujeres españolas se quedaran tranquilas en casita. ¡Qué imbéciles hemos sido los hombres desde tiempo inmemorial! Esos chicos murieron por supuestamente defender a sus novias (que al día siguiente de enterarse ya estarían con otro) y derramaron su sangre gota a gota. Cien años después, en su mismo país, los hombres en general son considerados seres violentos, primarios y brutos, incapaces de tener otros intereses más que "follar y comer" (así, al menos, me trató mi madre toda la vida). En fin, tras semejante borrasca mental, no he podido seguir con la exposición y he salido a despejarme dando un paseo.

domingo, 22 de febrero de 2026

"Romance del ecuador", de Brian Aldiss.

  Dicen que "en la variedad está el gusto", y la verdad es que es difícil contradecirlo. Pero también ocurre que en la variedad uno encuentra más fácilmente las diferencias y, consecuentemente, aprueba algo y desaprueba lo otro, o, al menos, lo uno gusta mucho más que lo otro. Eso me ha pasado a mí recientemente, que he alternado la lectura de relatos de Leo Perutz con este otro tomo de relatos, pero de Brian Aldiss. Y, para decir la verdad, la diferencia de calidad entre el praguense y el inglés se me ha antojado inmensa. Y aunque alguien pudiera aducir que no se debe comparar autores, pues siempre hay diferencias de estilo, argumento, temas o estructura, habrá otros que afirmen que, en realidad, Perutz y Aldiss no se diferencian tanto. Porque sí, es cierto, Aldiss es un autor de ciencia ficción o fantasía puro (por cierto, este volumen incluye un prefacio del autor disertando precisamente sobre las diferencias entre ciencia ficción y fantasía), pero es que en casi todas las narraciones de Perutz hay un elemento digamos mágico o fantasioso. No llega al extremo de Aldiss, pero ahí está. Bueno, en cualquier caso, se me ha hecho difícil leer a Aldiss a la vez que a Perutz. La prosa del inglés me parecía demasiado prosaica, sus argumentos un tanto previsibles desde el principio, y sus temas muy manidos. Estoy seguro de que no habría sentido esto de no haber intercalado su lectura con los relatos de Perutz.
 Este volumen de la editorial Minotauro (Grupo Planeta) contiene veintiséis relatos, fechados desde 1960 hasta 1989, es decir, en el periodo más fructífero del autor, cuando publicó Barbagrís, Criptozóico, Frankenstein desencadenado o, sobre todo, su obra cumbre, la trilogía de Heliconia. Pero, claro, es una recopilación de obras menores, de aquellos relatos que quedan un tanto descolgados de las principales. Y eso, la verdad, se nota. En todo caso, son un puñado de relatos interesantes y que merece la pena conocer si a uno le gusta el autor.
 En El viejo centésimo los hombres, desaparecidos, han sido sustituidos por los animales a los que ellos mismos desarrollaron intelectualmente, siendo capaces de pensar y hablar. Es un relato un tanto confuso (para lo corto que es) y pretencioso.
 El rey encadenado está ambientado en la Península Balcánica en los días de la invasión del Imperio Otomano. El último rey serbio, herido, delira refugiado en un monasterio ortodoxo.
 El origen presenta una nave espacial con "buscadores" que llega al planeta Tierra en busca de sus orígenes. Los terrestres son animales primitivos. Aunque se trate del presente, los buscadores son humanos evolucionados y superinteligentes. A este relato le falta un buen final.
 Un embaucador de aldea. Este no es un relato de ciencia ficción o de fantasía, es un relato crudo de pobreza material y moral. Unos ingleses residentes en la India conviven con gente paupérrima. Las dolorosas diferencias entre ricos y pobres lleva a que éstos donen órganos a aquéllos como quien vende un cuadro familiar.
 En El gusano que vuela, en una Tierra futura los humanos son inmortales y han mutado a formas arbóreas. El gusano que vuela es otra adaptación, la muerte que acaba por alcanzar incluso a los inmortales. Relato con tintes filosóficos.
 Recién llegada de Java ha sido uno de los relatos que más me ha gustado: Un hombre de cuarenta y tantos años con vida anodina (trabajo, sin pareja, cuidando de su ancianísima abuela...) explica su vida. La habilidad de Aldiss consiste en que el personaje único del relato muere, y el lector sólo se da cuenta de esto en el párrafo final.
 El relato que da nombre al tomo, Romance del ecuador, es una fábula sobre el paso del tiempo, el amor y su evolución en el mismo. Un joven se encuentra con dos gacelas que se transforman en dos jóvenes mujeres. Se empareja con las dos. Cuando ha de elegir una,  no puede hacerlo. Aprende a amar a cada una de una forma distinta.
 La muchacha que cantaba es una historia de Heliconia. En plena guerra entre dos bandos humanos, un joven hace de profesor de niños para familias ricas y poderosas. Tiene la lectura de filosofía barata, filosofía de aplicación diaria que es tan típica en Aldiss.
 El fondo azul es un pequeño relato, en absoluto fantástico, ambientado en la Eslovaquia rural en la que un niño valora una imagen de Cristo de una vieja ermita abandonada. Un fotógrafo que pasa por allí y se interesa por la talla a instancias del crío. El niño, ya siendo adulto recibirá un libro de fotografías publicado por el fotógrafo con la foto de la ermita en cuestión.
 La llanura, la interminable llanura es un interesante relato con tintes antropológicos sobre una "Tribu" que deambula por una gigantesca llanura. Se narra el avance de generaciones, partiendo de veintiún individuos hasta la décima generación. Hay evoluciones e involuciones biológicas. Es de la época de Heliconia y participa de sus conceptos evolutivos.
 Y así hasta esos veintiséis relatos. Los hay mejores y peores, a mí me gustan más los más recientes, quizá por el mayor desarrollo filosófico (sí, aunque sea filosofía de andar por casa) y antropológico de los personajes.