domingo, 8 de marzo de 2026

Inciso museístico: Museo de Valladolid.

  Al igual que en otra entrada precedente en la que glosaba la importantísima labor cultural que ejercen las bibliotecas públicas, ahora hago lo propio con los museos. Porque, a pesar de que estén prácticamente vacíos excepto los que forman parte de, digamos, "el circuito de los grandes museos", que en España son pocos aparte del Museo del Prado, el Thyssen-Bornemisza y el Reina Sofía (que, seamos sinceros, tienen miles de visitantes, la mayor parte de los cuales sólo quiere figurar ante sus amigos y conocidos de haberlos visitado para darse fuste), existen centenares de museos en España que cumplen extraordinariamente bien su función como divulgadores de conocimientos a la población general. De nuevo, son todo ventajas para el ciudadano: accesibilidad absoluta, con precios simbólicos o directamente gratuitos (el Museo de Valladolid cobra ese precio simbólico de 1 euro, y los sábados por la tarde y domingos por la mañana es totalmente gratuito); explicaciones sencillas para que todo el mundo lo entienda, pero sin perder rigor alguno; muchos cuentan ya con todo tipo de elementos interactivos para hacer más amena la visita... Vamos, que no hay excusa alguna para no visitarlos, salvo haber hecho alguna promesa de seguir siendo un zote hasta el día de la muerte.
 Y aparte de esos archiconocidos museos que he citado y alguno más, como decía, existen distribuidos por toda la geografía nacional excelentes museos, tal vez pequeños en su contenido pero que poseen una capacidad de síntesis extraordinaria que nos permiten adquirir conocimientos  extensos de forma amena y entretenida. El Museo de Valladolid es uno de ellos. Sito en el Palacio de Fabio Nelli, un hermoso palacete cuyo origen, muy modificado, por supuesto, se remonta hasta el siglo XVI, fue inaugurado como Museo Arqueológico de Valladolid a mediados del siglo pasado para albergar todos los hallazgos arqueológicos de importancia menor (los más notables están, claro, en el Museo Arqueológico Nacional) de la provincia de Valladolid. Tiene muestras desde el Paleolítico hasta el siglo XVIII, destacando los hallazgos de época vaccea y romana, quizá porque España es un país afortunado en cuanto a la enorme densidad de hallazgos de esta época, lo encontrado aquí, aquí se quedó.
Patio porticado del Palacio de Fabio Nelli. Foto del autor
 Son diez salas dedicadas a los hallazgos arqueológicos y ocho a las Bellas Artes, todas de notable interés, incluida algún óleo atribuido a Gregorio Fernández. 
 De época celtíbera, vacceos era la denominación de las tribus presentes en la actual provincia de Valladolid, tienen muchas vasijas (los vacceos pertenecen como tantos pueblos europeos del periodo del Bronce y del Hierro a la llamada "Cultura de Hallstatt" o de "los campos de urnas") y urnas funerarias en las que introducían los restos mortales incinerados, junto con otras vasijas con el ajuar funerario del fallecido, así como torques de oro, pendientes, fíbulas y todo tipo de decoración corporal.
 La Submeseta Norte de la Península Ibérica fue conquistada por Roma en torno al año 100 a.C., imponiéndose una rápida romanización. El Museo de Valladolid contiene multitud de hallazgos de esta época, incluidos notables mosaicos de las villas, alguna encontrada en el mismo término municipal de la ciudad.
Sala del museo dedicada a la época romana. Foto del autor
 De época visigoda tienen menos objetos, sin duda porque esta cultura dejó una impronta menor en la provincia, al menos en el ámbito arquitectónico o escultórico. 
 Igualmente, de época islámica los hallazgos arqueológicos fueron de mucha menor importancia en la actual provincia de Valladolid. No son comparables con la inmensa cantidad de objetos que se encuentran en Andalucía, por ejemplo, y que forman parte importantísima de su bagaje cultural.
Infrecuente representación escultórica de Niño Jesús. Foto del autor
 Ya de época moderna y contemporánea pasamos de los hallazgos arqueológicos a las Bellas Artes, con multitud de objetos que convierten al Museo de Valladolid en una pinacoteca y museo de escultura nada desdeñable.
Representación idealizada del comedor de una casa noble en el siglo XVIII. Foto del autor
 En fin, un pequeño museo albergado en un hermoso palacete cuya visita proporciona una amplia visión general de la historia y la cultura en Valladolid desde el Paleolítico hasta nuestros días. ¿Coste de la experiencia? Cero euros. ¿Disfrute de alguien cultivado? Inmenso. ¿Recomendable? Absolutamente. La visita al Museo de Valladolid es, como a casi todos los museos del país, una de las actividades más gratificantes que se puede llevar a cabo cualquier mañana. Desgraciadamente, esto debo pensarlo yo sólo, porque hoy apenas éramos cuatro o cinco los visitantes del museo.

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