A pesar de las previsiones derrotistas de los políticos y los medios de comunicación (que calan muy profundamente en la multitud sin criterio propio, más del noventa por ciento de la población), cada vez se mejoran más las condiciones de vida del ciudadano común. Un ejemplo importantísimo, en absoluto baladí, es la disposición a la que se pone el vastísimo caudal de cultura que suponen las bibliotecas públicas. Despreciadas por ese noventa por ciento de la población a la que antes aludía, las bibliotecas públicas contienen una inmensa cantidad de obras literarias, técnicas y científicas de toda época y lugar. En ciudades consideradas de segunda categoría también se encuentran estas magnas instituciones que tanto bien pueden hacer al individuo con afán de cultivarse. Ese servicio que prestan lo hacen totalmente gratis, sin pedir nada más que el lógico cuidado de los libros que se fían y que sean devueltos en el plazo correspondiente. Todo lo demás son ventajas para el lector. Es descorazonador saber el desdén con el que se tratan las bibliotecas públicas por aquellas personas que precisamente más las necesitan. En fin, está claro que el mundo está preñado de necios... Bien, todo esto viene a cuento porque el libro que reseño ha sido sacado de la biblioteca pública, como la práctica totalidad de los que he leído lentamente, pero además, gracias a una variedad que llaman "préstamo interbibliotecario", ha sido traído de otra ciudad en unos pocos días para que un servidor pueda leerlo cómodamente sin gastar un céntimo. ¡Qué importante labor cumplen las bibliotecas públicas!
El volumen, como muestra la imagen que subo, fue editado por Luis de Caralt el año 1969, y contiene siete relatos de Lernet-Holenia, de diversa calidad, siendo el más notable uno que ya había leído, El barón de Bagge.
El primer relato es el que da título al volumen, Mayerling, nombre también de un pabellón de caza de los Habsburgo cerca de Viena. En ese pabellón de caza tuvo lugar un hecho luctuoso el 30 de enero de 1889, cuando el príncipe heredero Rodolfo se suicidó a la edad de treinta años, llevándose antes la vida de su amante, María Vetsera, de diecisiete. Es esta una narración un tanto insulsa (para ser de Lernet-Holenia), más una exposición de hechos históricos sin el característico elemento mágico o fantástico del escritor vienés. Opta por la versión oficial de esa casa real, obviando los rumores de conspiración húngara o del servicio secreto francés. Esa versión oficial muestra al príncipe Rodolfo como un hombre depresivo incapaz de afrontar el exclusivo rol que la vida le había deparado. Lernet-Holenia, eso sí, muestra al príncipe como alguien juicioso, progresista y empático, que entiende que el Imperio Austro-Húngaro era un territorio inviable por la diversidad cultural, étnica y religiosa de los pueblos que lo componían, augurando su disolución en un futuro cercano.
Mona Lisa es, no podía ser de otra forma, una fabulación a partir del personaje pictórico de Leonardo da Vinci. En el siglo XVI, un oficial de las tropas francesas que atraviesa Italia para luchar contra los españoles en Nápoles se detiene en Florencia y, accidentalmente, conoce a Leonardo da Vinci. Cae rendido ante la enigmática belleza de La Gioconda, no admitiendo que alguien pueda pintar tal belleza de una mujer que, supuestamente, ha fallecido dos años antes. El oficial sospecha que la modelo sigue viva. Para salir de dudas abre el ataúd en el que debiera reposar el cadáver de la mujer, fallecida por tifus; lo encuentra vacío. Entrará por la fuerza en casa de Giocondo pensando que Mona Lisa se encuentra secuestrada por su marido. Como consecuencia, el oficial francés es detenido y ejecutado. Leonardo da Vinci sigue retocando el retrato de Mona Lisa, de memoria, pues había fallecido realmente años atrás, dejando una sonrisa si cabe más enigmática y atractiva.
El barón de Bagge, ya lo reseñé en este humilde blog, es uno de los mejores textos que he leído de Lernet-Holenia, con ese giro argumental tan espectacular ya al final del mismo, que deja al lector con un sabor de boca espléndido. Su relectura me ha permitido apreciar algunos matices que no reconocí en la primera lectura, pequeñas pistas que el autor pone y que fácilmente pasan desapercibidas, como la sensación del protagonista de estar soñando o situaciones absurdas y "pesadillescas", que son, claro, producto de la fiebre que tiene postrado al militar tras las heridas inferidas por el enemigo.
Maresi es un relato un tanto más plano, pero entrañable sobre la vida de una yegua, Maresi (nombre, por cierto, que se daba de forma cariñosa a la emperatriz María Teresa de Habsburgo) desde su nacimiento hasta que el dueño, narrador del relato, tiene que sacrificarla de un disparo. Las peripecias que el animal vive, desde ser caballo de paseo de una adinerada familia vienesa; pasando por las terribles experiencias en la Guerra del 14, cuando el animal es "reclutado"; hasta que su dueño, previamente arruinado, la encuentra trabajando como animal de tiro, siendo maltratada por su dueño de forma tan brutal que el dueño anterior, el narrador, no tiene otra opción que dispararle.
Alexander Lernet-Holenia. Imagen tomada del sitio www.lernet-holenia.com
20 de julio es un excelente relato ambientado ese día de 1944, cuando un grupo de oficiales alemanes trata de asesinar a Hitler en lo que sería llamado "Plan Valquiria". Ese intento de magnicidio fracasaría, pero Lernet-Holenia muestra a unos alemanes que ya están a disgusto con el Tercer Reich, que odian a Hitler, que sienten que han sido engañados. Este relato, como la mayoría de los de este volumen, fueron escritos tras la derrota de la Alemania nazi; este hecho no se puede obviar.
El dios ciego es otro relato entrañable con animales de por medio, un perro lazarillo con una fidelidad a prueba de bombas. Ambientado en la Primera Guerra Mundial, como tantas narraciones de este autor.
El unicornio es, probablemente, el peor relato del tomo: un confuso texto que usa ese recurso tan propio de Lernet-Holenia, el del giro argumental, en este caso por cuestión onírica, pero no está tan logrado como otros.

















