domingo, 22 de febrero de 2026

"¡Señor, apiádate de mí!", de Leo Perutz.

  Cuando uno lee las tendencias lectoras del grueso de la sociedad uno queda un tanto entristecido. Porque, teniendo en cuenta que son los que leen, la mayoría opta por basura comercial promocionada por los medios de comunicación (la mayoría de ellos formando parte ya de conglomerados mediático-editoriales que publicitan sus propios productos). Ya ni hablamos de la mayoría de los "ciudadanos" que no leen un libro en su vida. Es una pena no porque uno quiera que la morralla social se enriquezca y culturice, eso ya está dado por imposible, sino porque si hubiese un mayor porcentaje de población interesado por la literatura de calidad, los buenos autores serían publicados con mayor frecuencia y, por tanto, sería más fácil acceder a ellos. Eso ocurriría con  esos insignes escritores austro-húngaros (les doy esa nacionalidad porque es la que tuvieron en su juventud y anhelaron después en su madurez) que firmaron novelas extraordinarias, pero que, habiendo pasado ya tantos decenios, la mayoría de las ediciones están descatalogadas y son prácticamente imposibles de conseguir. Eso me ha pasado con esta colección de relatos de Leo Perutz, tituladas como el primer cuento que contiene, que encontré arrumbada en el depósito de una de las mejores bibliotecas de la región.
 Son nueve relatos muy representativos de la narrativa de Perutz, si bien carecen de la alta calidad de De noche, bajo el puente de piedra, Mientras dan las nueve, El maestro del juicio final o ¿Adónde vas, manzanita? 
 El primer relato, homónimo del volumen, está ambientado en la Guerra Civil rusa, en la que un condenado a muerte en una checa comunista, traductor de textos cifrados, es encargado de traducir una nota. El soldado blanco pide atravesar la línea de guerra para ver por última vez a su mujer y a su hija, volviendo después voluntariamente para traducir ese texto y asumir su muerte. Contra todo sentido común, el soldado hará todo eso, ahora bien, su pena de muerte será conmutada por otra pena, la de trabajar para los comunistas en adelante. Este es quizá el mejor relato de todo el libro.
 El nacimiento del Anticristo es otro excelente relato, en el que un zapatero genovés se afinca en Palermo, casándose con una siciliana y teniendo un hijo que nacerá en Nochebuena. Resulta que él fue un condenado a galeras por asesinato, mientras que ella fue una monja que huyó del convento. En una pesadilla, el zapatero sueña que a su hijo neonato lo visitan tres reyes, pero no traen incienso, oro y mirra, sino pez, azufre y alquitrán. Preocupado, al zapatero le informa un supuesto sabio de que el Anticristo será un niño nacido en Nochebuena, hijo de un asesino y de una monja renegada. Ya no le queda más que matar a su propio hijo, lo que haría si no fuera porque su mujer le confiesa que él no es su padre, sino que lo fue un viejo cura. La mentira urdida por la madre sólo tiene la finalidad de salvar la vida del hijo, obviamente, y el padre se dará cuenta de ello, pero ella ya había escapado con la criatura. El relato termina con el niño ya adolescente, que quiere ser cura. Perutz lo convierte en Cagliostro, alquimista palermitano del siglo XVIII.
Leo Perutz. Imagen tomada del sitio blog.dnb.de
 La genialidad de Perutz convierte historias normales y anodinas en extraordinarias narraciones inolvidables. No es de extrañar que un fabulador tan magnífico como Jorge Luis Borges lo tuviera como uno de sus maestros.

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