Novela publicada en 1958 bajo el título original de Non-Stop, que hoy consideraríamos "muy clásica" dentro de la ciencia ficción, en el sentido de que tanto el argumento como los temas eran los más habituales en ese subgénero narrativo. Recordemos que, a finales de los cincuenta, tanto Estados Unidos como la Unión Soviética se habían enzarzado en una lucha por la conquista del espacio que finalizaría con el (discutido) alunizaje americano en 1969. Los temas incluidos estarían relacionados con los viajes espaciales: el comportamiento social humano dentro de la nave (que, en realidad, no deja de ser un estudio antropológico, aunque muy superficial, sobre la sociedad humana en general), o el comportamiento individual ante desafíos físicos (semejantes a las novelas de aventuras del siglo XIX en la conquista de los polos, las junglas o los ignotos océanos).
La novela está muy bien pergeñada, ya que mantiene el suspense hasta el final, puesto que va desvelando poco a poco qué ocurre realmente en la nave espacial. Los personajes, aunque con las singularidades que los diferencian, son arquetípicos, pudiéndose el lector identificarse con ellos, hasta cierto punto, con sus dudas y sus zozobras. Las descripciones de la nave, único paisaje que los protagonistas conocen, son suficientemente detalladas para poder imaginar sus peripecias en ella sin que acaben siendo farragosas o excesivas.
El argumento, grosso modo, es el siguiente: una nave estelar navega por el espacio sin rumbo. Parece que algo desastroso, no se sabe qué, ocurrió en un pasado no muy cercano. Como consecuencia, los tripulantes de la nave han llegado a involucionar con el paso de las generaciones, volviendo a un estado primitivo tribal, sosteniendo frecuentes enfrentamientos entre ellos. Se alimentan de unas plantas que crecen bajo la luz artificial, los "pónicos", y cazan animales, cerdos principalmente, que se han asilvestrado por los corredores y cubiertas de la inmensa nave. La novela se centra, como es habitual, en unos pocos tripulantes, especialmente en Roy Complain (el apellido es una pequeña broma del autor, toda vez que "to complain" significa quejarse) y una científica de otra tribu, Laur Vyann. Ellos y otros pocos más desarrollan una teoría según la cual viven en esa nave espacial, pero creen que ha de existir un cuarto de control en el que otra tribu o especie, a los que llaman los gigantes por su elevada talla, gobiernan la embarcación espacial. También, producto más en este caso de evolución que de involución, han de enfrentarse con ratas que se organizan para dominar a los humanos, llegando a emplear armas rudimentarias para ello. En ese viaje a través de las marañas de pónicos que crecen en los pasillos y corredores, tratarán de llegar al hipotético cuarto de control, encontrándose de cuando en cuando con esos misteriosos gigantes que parecen hablar y andar muy despacio.
El lector, claro, va descubriendo todo a medida que los protagonistas lo hacen, manteniéndose así, como antes decía, la intriga. Poco a poco, ayudados por otros individuos, los llamados "forasteros", que también son altos (para ellos), van comprendiendo que ocurrió, que catástrofe pasada los mantiene sin rumbo en el espacio. Quien quiera leer la novela, que no lea de aquí en adelante, pues destriparé el argumento final. Lo que se desvela es que la nave partió hace generaciones de la Tierra con destino a la constelación del Can Menor, concretamente a su estrella Proción. Allí, los tripulantes pudieron aterrizar y formar una colonia relativamente estable, volviendo, bastantes años después, con la misma nave hacia la Tierra para contar las buenas nuevas. Lo cierto es que, aquí está la catástrofe, el agua que bebieron de Proción contenía en suspensión unas cadenas de aminoácidos que interactuó con las proteínas tisulares de sus organismos, provocando mutaciones irreversibles transmitidas de generación en generación. Esas mutaciones incluían una notable disminución de la talla, ninguno sobrepasa el metro cincuenta, y, sobre todo, una aceleración en el ciclo vital, ya que no viven más de veinte años en los que pasan por todas las fases de la infancia, juventud, madurez y senectud. Lo cierto es que la nave que volvía de Proción (rebautizado como "Nueva Tierra") a la Tierra debía tardar siete generaciones humanas, pero éstas han sido veintitrés. Cuando se relatan los hechos, la nave ya ha llegado a la Tierra hace años, estando orbitando a nuestro planeta desde entonces. Los que los habitantes de la nave llaman gigantes son humanos normales, mientras que éstos llaman a aquéllos "acelerados", en referencia a esa aceleración en el ciclo vital.
El final, un tanto caótico, la verdad, consiste en una desmembración de la nave espacial en multitud de cubiertas independientes, las cuales seguirán girando en órbita terrestre con sus moradores.
Como digo, es una muy buena novela, y aun cuando no se busque esto en la narrativa de ciencia ficción, hay un cierto estudio antropológico, por supuesto muy superficial y simplista, sobre las sociedades humanas, su respuesta a dificultades y obstáculos, las organizaciones más o menos autoritarias y jerarquizadas en función del primitivismo de las mismas... Un tema, por ejemplo, muy frecuente en la ciencia ficción de esta época es la importancia de la religión, con su punto de fanatismo, en las sociedades primitivas, como la de la nave estelar en cuestión. Al no poder entender qué ha pasado, por qué viven como viven, los humanos vuelven (o desarrollan) a una religión con sus dogmas de fe, sus libros sagrados y sus ritos.
En fin, para quien le guste la ciencia ficción, como a un servidor, que disfruta por igual de ésta o del más crudo realismo, La nave estelar es una excelente novela, con un nivel, esta vez sí, semejante al que Brian Aldiss había alcanzado con la que para mí es su obra magna, la trilogía de Helliconia.


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