Otra estupenda novela breve de Leonardo Sciascia; otra gran reflexión vital del autor siciliano. La reflexión es sobre la pena de muerte, su más que discutible validez social y su invalidez moral, pero también sobre la indiscutible señoría de la muerte sobre la vanidad humana. La excusa para tal reflexión es la condena a muerte de un ciudadano siciliano por un tribunal palermitano. Y la cabeza en la que se da esa reflexión es la del juez de ese tribunal.
Lo mejor de Sciascia es que se plantea de una forma tan natural, que el lector lee un ensayo como si fuera una novela. Uno acaba por convertirse en ese juez que, atribulado por la barbaridad de la pena de muerte (tan bárbara, al fin, como los asesinatos cometidos por el reo), asiste impotente a la aparente inevitabilidad de la máxima pena. Se explica esa inevitabilidad en que los hechos se dan en plena época fascista en Italia, en la que el propio Mussolini, alardeando de la seguridad ofrecida a la ciudadanía, había dicho que "en Italia se duerme con las puertas abiertas". Esa expresión del dictador es, precisamente la que da el título de la novela, claro.
El argumento se basa en la exposición de los asesinatos: tres, primero el de su mujer, después el del tipo que le sustituye en el trabajo, y por último el del que lo despidió. Desde el primer momento, el fiscal es favorable a la pena capital, al igual que el jurado, formado por seis ciudadanos de la isla. Prácticamente toda la novela la ocupa la reflexión del juez, que, aun a sabiendas de que la pena de muerte iba a ser la sentencia, duda de su eficacia en un plano social, y afirma su inmoralidad absoluta. El fallo, para sorpresa de todos, no es la pena de muerte, sino una condena perpetua; parece que las reflexiones del magistrado han calado en los miembros del jurado hasta escapar de lo que parecía irrefutable. Pero, claro, esto es Sicilia: el tribunal supremo anulará la sentencia y condenará al reo a muerte. El juez, por otro lado, se ha puesto él mismo contra el poder político del país, con lo que será tildado de socialista y perderá todos los privilegios que había ido adquiriendo con el paso del tiempo. El fiscal decide jubilarse y así quitarse de en medio.
Sin duda, la situación política del momento juega un papel muy importante en la novela, pero no hay tanto un rechazo visceral del fascismo "mussoliniano" sino una velada crítica al seguidismo de la sociedad (en este caso cabría decir que no sólo de la siciliana o la italiana, sino de toda sociedad humana), que no llega a pensar por sí misma, se deja arrastrar por el poder, sobre todo cuando éste se ha impuesto con la brutalidad de la violencia.
En fin, como decía al principio, una pequeña gran novela. Un texto para leerlo del tirón en unas pocas horas y que le propone a uno una reflexión de hondura para sobrellevar el muermo intelectual de la mayoría de nuestra sociedad.


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