sábado, 17 de enero de 2026

Inciso musical: octavo concierto de abono de la temporada 25-26 de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Obras de Brahms, Schönberg y Beethoven.

  Ayer, el concierto de la OSCyL estuvo dirigido por el estadounidense Erik Nielsen, ya que la batuta habitual, Thierry Fischer, se encontraba enfermo. De nuevo, un concierto contrastante, con la delicadeza romántica con sabores clasicistas de Brahms, la ruptura estilística de Schönberg y la excelencia sin par de Beethoven. 
 Uno de los temas más recurrentes (y más interesantes) del Romanticismo musical es la llamada "Guerra de los románticos" (bendita guerra, la única que no mataba a nadie sino que sirve para enriquecernos culturalmente a todos) en la que unos pocos, relacionados o asentados en Leipzig, de gustos más conservadores, menos rompedores con el clasicismo, entre los que se encontraban Brahms o Mendelssohn por un lado; y, en el otro lado, asentados en Weimar, los más innovadores en las formas, encabezados por Liszt y Wagner. Los primeros preferían la sinfonía y otras formas musicales ampliamente desarrolladas en el periodo clásico, mientras que los segundos abogaban por la música programática, con el poema sinfónico como forma distinguida. Parece que esa "guerra" acabó incluso con silbidos y abucheos cuando se programaba la música de uno u otro compositor... Bueno, casi dos siglos después lo que queda son formas distintas de sentir y entender el nuevo estilo de entonces, el Romanticismo, pero está claro que tanto Brahms y Mendelssohn como Liszt y Wagner son inmensos compositores que han enriquecido la música culta de una forma que sólo antes habían conseguido Bach, Mozart o Beethoven. Que nos guste una forma más parecida al clasicismo o los poemas sinfónicos (que tantísimo disfruté en mi adolescencia y juventud) es pura cuestión de preferencia personal o del momento. 
 Bien, de Brahms se interpretó ayer las Variaciones sobre un tema de Haydn, pero parece ser que ese tema del padre de la sinfonía clásica, Coral de San Antonio, no era propiamente suyo sino una melodía popular interpretada por los peregrinos que iban hacia una capilla erigida en honor de San Antonio de Padua. Sea como fuere, Brahms eleva esa melodía popular a la categoría de música culta en una de las formas más bellas y exquisitas jamás creadas (y de las que Mozart fue gran maestro), los divertimenti
 Para contrastar a más no poder, las Variaciones para orquesta, opus 31 de Arnold Schönberg, obra clave del dodecafonismo, que acabaría (hay quien afirma "degeneraría") en la música atonal. De hecho, Schönberg inicia la técnica de los doce tonos con esta obra, siendo sus discípulos, luego maestros consagrados, Alban Berg y Anton Webern. El propio Schönberg era un erudito musical, y su dodecafonismo un desarrollo reflexivo sobre la música culta occidental desde sus inicios. Eso no lo duda nadie. Pero el resultado final de la música dodecafónica, no digamos ya la música atonal (sigo pensando que esa expresión es un oxímoron) acaba degenerando en piezas discordantes e inarmónicas que, todo lo más, podrían servir como música incidental de películas (de películas de terror, claro). En definitiva, que el gran público de los principales auditorios del mundo (a los cuales asiste un porcentaje insignificante de la humanidad, pero, al menos, los pocos que tienen afán de cultivarse) desdeña el dodecafonismo y la música atonal como un camino equivocado que tomó la música culta (ni siquiera, algunos compositores de música culta) y que, décadas después fue abandonado por todos. Si se sigue interpretando a Schönberg hoy en día es porque está fuera de toda duda que fue un autor de elevada erudición y, aquí está lo más terrible de todo, porque fue rechazado como "música degenerada" por las autoridades del Tercer Reich. Pero, claro, eso es precisamente lo que se llama "falacia ad hominem", que consiste en aplicar con generalidad los atributos de un individuo a otros que afirmen lo mismo. Así, con esa falacia ad hominem cabría decir la barbaridad de que si los nazis consideraron a Schönberg música degenerada, todos los que detestan a Schönberg son nazis. Una estupidez evidente, ¿verdad? Sí, evidente para todos, pero aun así, hoy en día, gente cultivada con grandes conocimientos musicales tiene miedo a decir públicamente que no soportan a Schönberg no vaya a ser que alguien, aplicando esta falacia ad hominem, pueda decir que no tienen ni idea de música o, peor aún, que tienen el mismo gusto musical que los nazis. Bueno, un servidor, a sus cincuenta y cinco años, no tiene ya necesidad alguna de aprobación externa, por lo que afirmo sin rubor: no soporto la música de Arnold Schönberg.
 Bien, para demostrarnos a todos que existe un futuro esperanzador, que siempre nos quedará París... quiero decir, Beethoven, la OSCyL interpretó la Sinfonía nº 8 de Beethoven, plasmación ineludible de ese magno proyecto que se planteó nuestra orquesta hace ya tres años, la de representar las nueve sinfonías del genio de Bonn a lo largo de tres temporadas. Y, claro, todo lo anterior sentido con Schönberg: desasosiego, incomodidad, un punto de indignación... es sustituido por sosiego, confort, regocijo y reconciliación con el mundo y la humanidad. 
 Hablando con un compañero y amigo de auditorio, la Octava sinfonía es una de las sinfonías de Beethoven que menos habíamos escuchado. Habré escuchado cientos de veces la Sexta, sobre todo para elevar el espíritu, pues, creo haberlo escrito ya en este humilde blog, es una obra de un optimismo que me permite seguir alentando y luchando contracorriente; la Novena, con su complejidad estructural, una obra inigualable, que a veces entusiasma y otras cansa un poco, pero nunca decepciona, también la escuché decenas de veces; la Quinta sinfonía con sus arpegios de inicio tan reconocibles, también escuchada en multitud de ocasiones; la Tercera, la Heroica, con esos movimientos tan enérgicos y distintivos... Pero las otras se han escuchado menos (en mi caso, al menos, poco en mi juventud, pero en mi madurez me ha dado alguna vez por escuchar las nueve sinfonías seguidas, lo cual supone casi diez horas de audición). En todo caso, es una sinfonía de Beethoven, por tanto una obra maestra que, escuchada con calma me reconcilia con el género humano, como decía antes. 
 Parece ser que el propio Beethoven daba menos importancia a esta sinfonía, llamándola su "pequeña sinfonía en fa", sin duda para diferenciarla de la Sexta, que también es en fa mayor. El tono es fa mayor también en la Octava, lo cual redunda en unas melodías optimistas que se estructuran en cuatro movimientos, todos allegro excepto el tercero, un minueto; en esos movimientos alterna los compases ternarios con los binarios. Ya expliqué con anterioridad como todos los musicólogos se ponen de acuerdo a la hora de dividir la obra beethoveniana en tres periodos, temprano, medio y tardío, suponiendo cada uno de ellos un alejamiento del clasicismo musical y una profundización en el estilo propio que lo haría inconfundible. Así, en el primer periodo, en el cual se encontrarían las dos primeras sinfonías entre otras obras, Beethoven mantiene las formas de sus tremendos predecesores, Haydn y Mozart; en el periodo intermedio o heroico, la crisis personal y la sordera incipiente lo lleva a crear una música más enérgica, más romántica, menos clásica, incluyendo aquí seis sinfonías, entre ellas la Octava; por último, en su periodo tardío, incluye muchísimas innovaciones en la forma y en el fondo, que tomarán cuerpo en la Novena sinfonía. Pues bien, a pesar de haberla compuesto en 1812-1813, la Octava sigue teniendo algunas melodías más clasicistas, no tan líricas y pasionales, sino más comedidas. En todo caso, una obra con melodías y arpegios perfectamente reconocibles y memorables, una obra maestra.

domingo, 11 de enero de 2026

"New Year Haiku", by Grant Snider (www.incidentalcomics.com).

Image taken from the website www.incidentalcomics.com

"El libro de Blanche y Marie", de Per Olov Enquist.

 Octava novela que leo de Enquist. No quedan muchas muchas más "vertidas" al español. Como tantos otros escritores, Per Olov Enquist tenía unos cuantos temas en su cabeza que le ocupaban y a los que dedicó las que fueron sus mejores novelas; concretamente el hecho de haber nacido en la región de Västerbotten, en una provincia del norte del país (recordemos que la mayor parte de la población de Suecia se agolpa en el sur, donde el clima es más benigno), así como tener parte de la familia de origen finés (lo cual no es tan extraño en esas localizaciones suecas) por parte materna ocuparon los temas principales de La biblioteca del capitán Nemo o de El libro de las parábolas, probablemente las mejores novelas del sueco. En ellas hay temas que no son fácilmente entendibles para un europeo meridional, como, por ejemplo, el concepto del "Gran Norte", como un territorio adverso a cualquier actividad humana, sin duda de una belleza paisajística enorme, pero durísimo para habitar. Supongo que, comparando con la vida cosmopolita de Estocolmo, el norte de Suecia debe ser para los propios suecos un territorio terrible pero extrañamente atractivo, tal vez como un abandonado útero primordial, no sé... Lo que sí sé es que en otros autores escandinavos, Hamsun, por ejemplo, también hay esa referencia al "Gran Norte" de Escandinavia como esos lugares de origen nacional, lugares de promisión, incluso, a pesar de la dureza de la vida allí. Además de eso, como decía, el tener familia de origen finlandés, que será una rareza en Estocolmo, pero frecuente en Västerbotten también está presente. Pero quizá ocupa más espacio en esas novelas la tendencia a la demencia, no se sabe si hereditaria o provocada por la dureza vital, pero que afectó a varias mujeres de su familia, y que pesaba como una losa sobre la cabeza del escritor. Esos son los temas, y tal vez alguno más que se me escape, que poblaban la cabeza de Per Olov Enquist y que, quizá, lo forzaron a ser escritor. Pero, puesto que el tipo ya había demostrado gran capacidad narrativa, se vio obligado acaso a buscar otros temas para sus novelas y así seguir ahondando en esa profesión tan inusual. La llamada "novel histórica" es un filón, sin duda, para estos escritores, y El libro de Blanche y Marie podría caer en esa categoría.
 Porque El libro de Blanche y Marie toma personajes y hechos reales del pasado y le añade otros ficticios. Esto crea una cierta polémica, pues, aunque todo el mundo entiende que estamos ante un libro de ficción, los personajes no lo son, con lo cual, para muchos, parece una forma de perjudicar personas reales, algunos con descendencia que se puede sentir ofendida. Eso, por ejemplo, se criticó en esta novela, que Enquist imaginara una relación amorosa entre Blanche Wittman y el famoso neurólogo francés Jean-Martin Charcot.
 En fin, el argumento de El libro de Blanche y Marie se centra en las vidas de Blanche Wittman, residente en ese gigantesco hospital psiquiátrico que tenía más de cárcel que de otra cosa que fue la Salpêtrière, donde llegaron a hacinarse más de diez mil personas, y de Marie Curie, la célebre química que recibió dos premios Nobel. Blanche quedó perpetuada en el célebre óleo de André Bouillet, Une leçon clinique à la Salpêtrière, en la que también aparece Charcot. La pobre Blanche fue un alma atormentada, con una infancia terrible, enferma de lo que entonces se llamaba "histeria", que fue conejillo de indias de esos famosos neurólogos como Charcot o Tourette, y que, finalmente, tras años como ayudante de radiología, desarrolló tumores en las extremidades, lo que obligaron a que fueran amputadas. Todo ello antes de morir con cincuenta y cuatro años... De Marie Curie, cualquiera pensaría que su vida fue éxito tras éxito,toda vez que no hay todavía nadie que haya recibido dos premios Nobel, aunque uno de ellos fuera compartido con su marido, Pierre. Lo cierto es que la química franco-polaca también pasó lo suyo, con la muerte de Pierre Curie, atropellado por un coche de caballos, o con la relación adulterina con Paul Langevin, que la convirtió en blanco de la ira de todos los medios de comunicación franceses que la trocaron de científica genial en arpía destructora de matrimonios; ya lo último fue el envenenamiento por radio que le provocó una anemia aplásica que la mataría con sesenta y seis años. En fin, vidas complicadas que Enquist complica un poco más al establecer una relación entre ellas que no está acreditada, así como esa relación médico-paciente entre Charcot y Witt que se salió de madre.
 Los temas de la novela son, principalmente, el amor y la muerte. El amor (se repite en numerosas ocasiones la máxima Amor omnia vincit) con un punto de apasionamiento, de desesperación incluso, como una forma de posponer la enfermedad y, en última instancia, la muerte. Por supuesto, también se denuncia la barbarie de la época concretada en el Hospital de la Salpêtrière, como decía antes, una verdadera ciudad-cárcel, donde miles de pobres almas malvivieron y perdieron sus vidas entre verdaderas torturas. Enquist estructura su novela en tres partes, los tres ficticios libros que escribe Blanche, nombrados por el color de sus portadas: amarillo, negro y rojo, así como una coda final.
 Es, pues, una novela con su punto de dureza, por las vidas sufrientes, pero también por la desesperanza ante la muerte de sus personajes. Enquist no añade romanticismo ni heroísmo alguno a sus acciones, se limita a urdir una trama con mucho material real y algo inventado; la sordidez del hospital o de las enfermedades no son ocultadas al lector, que asiste omnisciente a la degeneración física de sus protagonistas.

martes, 6 de enero de 2026

Epifanía del Señor.

Di Tommè, Luca (1360-1365). La Adoración de los Reyes [temple y oro sobre tabla]. Museo Nacional Thyssen Bornemisza, Madrid.
Imagen tomada del sitio www.museothyssen.org

domingo, 4 de enero de 2026

"Boda nocturna", de Alexander Lernet-Holenia.

  Me ha pasado ya varias veces: conozco a un autor (generalmente desconocido para las masas) y comienzo, lógicamente, leyendo sus obras más famosas y apreciadas; tras engancharme con sus virtudes literarias, sigo leyendo más  y más obras, cada vez más difíciles de encontrar; acabo por leer las primeras novelas o las menos exitosas, y es entonces cuando empiezo a desilusionarme con el autor en cuestión. He leído ocho libros de Lernet-Holenia (nueve novelas), y precisamente la última, Aventuras de un joven caballero en Polonia, me ha parecido anodina, farragosa, anticuada y sin aliciente, nada que ver con excelentes novelas como El barón Bagge, Marte en Aries, El conde Luna o El estandarte. Hay que decir, en todo caso, que esa novela fue la primera que publicó, en 1931, siendo lo anterior poesía y teatro. Todo requiere un aprendizaje, "al mejor escribano le sale un borrón", reza el dicho popular. 
 El volumen de Ediciones G.P. (editorial ya difunta, esfuerzo empresarial del catalán Germán Plaza, que con esta colección Reno inundó los hogares españoles en la segunda mitad del pasado siglo) que he leído es del 73, lo encontré en la plataforma iberlibro.com, y me sorprendió un tanto la portada, muy anticuada y un tanto cursi, tanto que parecía propia de una novela rosa escrita por Corín Tellado, por ejemplo. Para evitar errores, escaneo la portada de la sobrecubierta y también la portada interior, mucho más austera.
 La primera novela es Boda nocturna, de mucha mayor calidad que la que he mencionado antes y en la que es más reconocible el autor vienés. Un conde polaco con apellido de reminiscencias germánicas, Sommerstorff, se encarga de llevar una joven campesina a la corte de Varsovia. Ambos viven un tórrido romance de camino de la capital polaca. La tal Marusia no es, como aparentaba, una joven rústica sino una princesa que fue dada en adopción a unos labriegos, y se llama María Sorel. Es hija de un noble y de una americana. Ahora, a su mayoría de edad, debe cumplir con su papel de casar con el archiduque para consolidar la situación dinástica del país. Para sorpresa del joven conde, todos en la corte conocen la relación que ha tenido con la princesa, y a nadie parece importar. En realidad, lo que ocurre es que María es heredera de una enorme fortuna por vía materna, de la que el archiduque pretende apoderarse para apuntalar la situación de la corona tras asesinar a la joven una vez ésta sea su mujer. Por supuesto, el heroico conde desbaratará los planes de boda y el asesinato el mismo día del enlace, al infiltrarse en el cortejo nupcial. El elemento mágico en esta novela, tan frecuente en Lernet-Holenia, consiste en apariciones de fantasmas de fallecidos que asedian a Marusia.
 La segunda novela incluida en este tomo, Las aventuras de un joven caballero en Polonia, también tiene como protagonista a un joven noble en edad militar, el cual tiene que pasar desapercibido, pues es un húsar del ejército austrohúngaro en la Polonia ocupada por el Imperio ruso. No encuentra otra forma de esconderse que vestirse de mozuela, Kascha se llamará ahora el teniente Keller. Así quedará hasta la liberación de la zona por tropas alemanas, liberación en la que participará heroicamente.
 Ya digo, esta segunda novel es muy floja, una opera prima en el plano narrativo, todavía muy lejos de la excelencia que alcanzaría su autor en años venideros.

jueves, 1 de enero de 2026

"Ojo por ojo", de Anthony Trollope.

  Ojo por ojo no pertenece a ninguna de las dos series de novelas del escritor inglés, ni a las "Novelas de Barchester", ni a las de "Palliser"; es una novela independiente. Tampoco tiene la complejidad argumental y de personajes que otras novelas del genial autor victoriano. Con todo, para un fervoroso admirador de Trollope como un servidor, leerlo ha sido un placer que me ha aislado de la mediocridad social y existencial que nos rodea. 
 Anthony Trollope vivió muchos años en Irlanda (cuando la isla esmeralda formaba parte del Imperio británico), trabajando como un simple empleado postal. Desde un punto de vista literario, esta época de su vida dejó poso en varias novelas, ambientadas total o parcialmente en esa isla, y en personajes irlandeses un tanto estereotipados (católicos fervientes, tradicionalistas, bebedores, enemigos de todo lo inglés...). En Ojo por ojo, de hecho, los principales personajes irlandeses (Kate O'Hara, su madre y el cura) contrastan vivamente con los ingleses, siendo éstos comedidos y razonables, apasionados e iracundos, aquéllos.
 El argumento de Ojo por ojo es, grosso modo, el que sigue: Una familia inglesa de rancio abolengo nobiliario se encuentran ante la tesitura de decantarse por un heredero apropiado. El joven que, de forma natural, sería el mayorazgo lleva una vida disoluta y, finalmente, muere joven, con lo que el conde elige a su sobrino Fred Neville como sucesor. Éste es un joven oficial del ejército británico que ha de ser destinado a Irlanda (como antes dije, todavía tierra británica en aquella época). Allí conocerá a una joven, Kate O´Hara, y a su madre, esta última, supuesta viuda. Por otro lado, en Inglaterra, la condesa intriga por su parte para que Fred se empareje con una joven local, la señorita Mellerby. Trollope, gran descriptor de caracteres presenta a las dos jóvenes como antítesis: la morena, visceral, apasionada e inquieta irlandesa se contrapone a la rubia, razonable, anodina  y calmosa inglesa. Pero, más aún, las mujeres de una generación anterior, que patrocinan y protegen a las menores también se enfrentan; Lady Scroope, la condesa, que promueve a la Mellerby es manipuladora pero se autocontrola; la madre de Kate es, por el contrario, prona a los ataques violentos. Dejando de lado a las mujeres, los hombres son mucho más simplones: el viejo conde sólo quiere que Fred siente la cabeza, le da igual que sea con una o con otra; y el propio Fred no es más que un pobre hombre incapaz de imponer su carácter sobre las manipulaciones femeninas. En fin, está visto que Anthony Trollope, gran conocedor del alma humana, distingue entre los estereotipos masculino y femenino de forma extraordinaria, pintando un retrato absolutamente verosímil para cualquier época y lugar. La situación se complicará con el embarazo de la irlandesa, estratagema clasiquísima para cazar al rico heredero. Pero, además, el padre de la irlandesa, un tipo patibulario que hasta el momento se creía muerto, aparece para extorsionar al inglés, exigiéndole una fuerte suma o una renta vitalicia para desaparecer de su vida. Una vez más, Neville será incapaz de complacer a ninguna de las mujeres: pretende casarse con la irlandesa para cumplir con ella, pero no hacerla condesa y vivir en el extranjero para satisfacer a su tía. Todo se desbaratará trágicamente cuando la madre de Kate O´Hara, en un ataque de ira, empuje al joven heredero por los acantilados de Moher.
 En fin, un dramón, pero perfectamente creíble, especialmente por la capacidad que tiene el autor de retratar personajes con sus caracteres perfectamente definidos. Otra gran novela de Trollope, por mucho que, como decía antes, no sea de las mejores.

miércoles, 24 de diciembre de 2025

Natividad de Nuestro Señor.

Murillo, Bartolomé Esteban. (1655-1670). Natividad con el anuncio a los pastores. [Óleo sobre lienzo]. Colección particular.
Imagen tomada de Wikimedia Commons

domingo, 21 de diciembre de 2025

Solsticio de invierno.

Foschi, Francesco, (1750-1780). Pasaje invernal con una familia de campesinos [Óleo sobre lienzo]. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.
Imagen tomada del sitio www.museothyssen.org

viernes, 19 de diciembre de 2025

"La escalera del hotel", de Franz Werfel.

  Mármara ediciones publica un pequeño volumen de Werfel que contiene un pequeño relato, una pequeña joya en realidad del autor praguense. La escalera del hotel es un relato de técnica impecable, casi parece un ejercicio autoimpuesto para describir psicológicamente a un personaje, una de las características que diferencian un gran escritor de uno del montón. Y, en esto y otras cosas, Werfel alcanza la excelencia. Pero, además, esta edición incluye una introducción del autor, prevista para ser leída por estadounidenses que no conocían nada de Austria-Hungría ni de Europa en general. Esa introducción, que el autor titula Ensayo sobre el Imperio austriaco, ocupa más espacio y es mucho más interesante que el relato que da nombre al tomo. Observe el lector que digo "es mucho más interesante", no que sea mejor; de hecho, ha sido para mí bastante decepcionante conocer la visión social, política e histórica que tenía este hombre. En parte decepcionante, pero en parte es un buen recordatorio de que no hay nadie a quien seguir, ¡nadie! Digo esto sin acritud y sin vehemencia, pues, a mis cincuenta y pico años, estoy ya muy "de vuelta" de las estupideces del ser humano como para caer en una suerte de idolatría hacia alguien. Nunca fui mitómano, ni siquiera en mi adolescencia; tuve, por otro lado, unos terriblemente malos ejemplos familiares que me vacunaron por las bravas contra la adoración a ninguna otra persona.
 Bueno, entro en faena. Como decía, Ensayo sobre el Imperio austriaco, es la cosmovisión del autor, la pérdida de su patria (no tanto en un sentido político, sino social y cultural) y lo que esto supuso. Comienza con una suerte de metáfora en la que el Imperio austrohúngaro sería de naturaleza divina y los Estados resultantes de su desmembración, entidades demoníacas. No llega a argumentar esta aseveración tan atípica, aunque, a lo largo de la historia haya habido tantos territorios (y, sobre todo, sus monarcas y regentes) que han asegurado ser rey o emperador o lo que sea "por la gracia de Dios". Quizá la inteligencia de Werfel le impidió llegar a escribir tamaña estupidez, aunque, a juzgar por lo que más tarde afirma, lo pensaba. Pero antes glosa la belleza y unicidad del Imperio austrohúngaro recordando la diversidad del enorme territorio (enorme para ser Europa central, claro), comenzando por los climas, desde la alta montaña de los Alpes hasta las costas mediterráneas de la Dalmacia, pasando por las llanuras húngara o serbia; después la variedad cultural y racial del país, desde las mayorías dominantes germánica y magiar, hasta los rumanos, serbios, eslovacos, checos, polacos, croatas, italianos... sin olvidar el elemento judío, tan abundante en Austria-Hungría. Hasta aquí todo es soportable, pero luego comienza a alabar a los Habsburgo, considerándolos la esencia de las bondades del imperio, y luego personaliza todo en la figura del emperador Francisco José. Ya que no soy dado a leer biografías (son pura idolatría en la mayor parte de los casos, y estúpida vanidad cuando son autobiografías) no estoy acostumbrado a estos ejercicios de adoración cuasi infantil de un líder político, con lo que me rechinan todos los dientes según voy leyendo los párrafos. Para Werfel, Francisco José I de Austria era el paradigma del buen gobernante e incluso del buen ser humano; lo retrata con todas las cualidades posibles: era bondadoso, noble, reflexivo, compasivo, sacrificado, humilde... Vamos, un dechado de virtudes. La mayor parte de los historiadores serios actuales consideran al emperador un hombre honesto pero incapaz de comprender los cambios sociales y políticos que se estaban dando en el seno de su imperio. Sin duda él creía en el derecho divino a ser emperador de varios millones de seres humanos, se creía incluso con derecho a mandar a la muerte a miles de chicos jóvenes para defender ese statu quo. Más de cien años después, la imagen que llega de ese emperador es la de un hombre trasnochado, habitante solitario de las inmensidades de su Palacio de Schönbrunn, desde el que seguro que no podía tener un visión sensata de lo que les pasaba a sus súbditos. Ni los actuales austriacos, ni, por supuesto, el resto de pueblos que formaban parte de ese "Estado Frankenstein" que era Austria-Hungría guardan un buen recuerdo de Francisco José, no hay más que ver cómo el nacionalismo serbio (muy desarrollado en ese país balcánico) considera a Gavrilo Princip, el asesino de Francisco Fernando (sobrino de Francisco José), como un héroe nacional. En fin, los tiempos cambian y las consideraciones también, pero parece que estos emperadores y reyes ya estaban obsoletos hace más de cien años.
 Y después, el relato que da nombre al volumen. La escalera del hotel es la historia de un suicidio, el de la joven Francine, que se arroja desde el quinto piso de la escalera de un hotel de lujo. Pero, como decía antes, es, sobre todo, un excepcional ejercicio de descripción psicológica del personaje. Werfel detalla de forma tan excepcional los sentimientos y pensamientos que abruman a la chica, que uno cree conocerla desde hace años aunque la conozca desde hace sólo unos párrafos. Son retratos psicológicos equivalentes a los de Stefan Zweig o Dostoievski, de una complejidad sobresaliente sin caer en sensiblerías o excesos.

miércoles, 17 de diciembre de 2025

"Un circo pasa", de Patrick Modiano.

  Hay que cumplir con lo que se dice, aunque no sean promesas y se diga como de pasada y sin verdaderamente desearlo. Dije hace poco que aunque no me acaba de gustar Modiano, reconozco que tiene algo extraño que me atrae y me incita a leerlo. Sí, es verdad que sus novelas (todas muy cortas, la mayoría más relatos que novelas) son muy ligeras y tienen poca enjundia; también es verdad que sus personajes son demasiado evanescentes y están poco definidos; y, en última instancia, aseveré, y no lo retiro, que no me parece que estuviera justificado el Premio Nobel que le concedieron en 2014. Pero, a pesar de todo, aquí está otra novela más, esta publicada en 1992, Un circo pasa, una novela de mayor calidad en cualquier caso que la anterior, aunque sus características son siempre las mismas: ambientada en París, narrada en primera persona por un joven que sale de la adolescencia, relaciones extrañas y peligrosas que el protagonista establece con tipos patibularios... El título de la novela hace referencia a que el marido de la protagonista trabajó en un circo, pero, echándole imaginación, también puede hacer referencia a algo que pasa sin dejar mucha huella, como las relaciones y avatares que sufren los personajes de Modiano, no sé, es una hipótesis...
 Argumento de Un circo pasa: Jean es un adolescente al que sus padres han abandonado a su suerte (el padre se va a Suiza y la madre al sur de España), malvive en París con trabajos mal remunerados conviviendo con un amigo y socio de su padre. Conoce a una chica, ligeramente mayor que él que, a su vez, trata con gente de más edad y condiciones de vida cercanas al ámbito delincuencial. Sus vidas se encuentran en una situación cuando menos compleja, aunque, como siempre, Modiano lo narra sin dramatismos. Todos los tratos que se deparan son poco intensos, ninguno sabe realmente quién es el otro, simplemente se juntan en determinados pisos y bares. Uno de esa pandilla propone a los jóvenes un encargo: han de atraer hacia él a un tipo al que no conocen. Cobrarán por ello. Las amistades son siempre muy laxas, pero inquietantes, tanto que los chicos se empiezan a angustiar y planean dejar París, aprovechando que han prometido a Jean un trabajo en una librería francesa en Roma. Para aumentar la intriga y el desasosiego, un supuesto policía habla con Jean para asegurarle que corre riesgo con esas amistades, especialmente con la chica, la cual, supuestamente, estuvo casada (eso ya lo sabía él), había cometido varios delitos e incluso había pasado por la trena. Cuando ya están a punto de coger el tren para la capital italiana, la joven tiene un accidente mortal con el coche que les habían prestado la inusual banda. Ahí acaba todo, sin conclusión verdadera.
 Es, verdaderamente, una novela muy "modianesca", con esa sensación de vidas irreverentes, evanescentes y vaporosas que uno lee como en una suerte de inquietante sueño. Otra más, quedan pocas.