sábado, 9 de mayo de 2026

Inciso musical: decimosexto concierto de abono de la temporada 25-26 de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León, dirigida por Masaaki Suzuki. Obras de Bach, Mozart y Mendelssohn.

  Antepenúltimo concierto de abono de la OSCyL de esta temporada. La orquesta estuvo ayer dirigida por la prestigiosa batuta japonesa de Masaaki Suzuki. El concierto de ayer estuvo, a Dios gracias, libre de experimentos con música culta contemporánea; se programó un excelente concierto con tres inmensos compositores germánicos (dos alemanes y un austriaco) de tres periodos consecutivos: barroco, clásico y romántico. 
 Masaaki Suzuki es uno de los mayores eruditos actuales sobre Bach fuera de Alemania, hasta el punto de ser el fundador y director del Bach Collegium de Japón, tras haberse formado en Europa, claro. El resultado fue bueno, aunque a un servidor no le acaban de entrar bien las composiciones de Bach interpretadas por una orquesta sinfónica, parece más propias para que lo sean por reducidos sextetos o septetos de cuerda (como, por otra parte, el compositor de Leipzig planeó).
 En todo caso, una gran virtud del concierto de ayer fue poder observar la evolución natural de la música culta en tres de los periodos más prolíficos de la misma. Comprobando, por ejemplo, cómo la orquesta va aumentando sus efectivos para dar mayor capacidad de  contrastes dinámicos en melodías cada vez más complejas.
 Como se respetó el orden cronológico, el concierto comenzó con Bach y su Suite para orquesta nº 3 en re mayor, una de las obras más admiradas del maestro de Eisenach. Cierto es que cuando pensamos en Bach nos viene inmediatamente a la cabeza la música religiosa, toda vez que la espiritualidad fue la más importantes fuentes de inspiración del genial compositor, pero también compuso música profana, especialmente para la corte de Köthen. Para dicha institución, en 1730, presentó la famosísima suite, de la cual el segundo movimiento, Aire, es una de las piezas más estimadas de toda la música culta de cualquier periodo. El resultado con la OSCyL fue excelente, mencionaré especialmente a la violín solista, habitual concertino de nuestra orquesta, Beatriz Jara. Con todo, como antes dije, no puedo dejar de decir que prefiero una instrumentación menor para las obras de Bach. Escuchando el archiconocido segundo movimiento sólo para cuerda y bajo continuo, el resultado es mucho más conmovedor, más intimista, más espiritual incluso, si se quiere, que cuando es interpretado por una pequeña orquesta con viento-madera y viento-metal. La instrumentación conseguida con ese septeto de cuerda y bajo continua en una sala de cámara consigue el efecto de sutileza, delicadeza y emoción que Bach quería transmitir.
 A continuación, la Sinfonía nº 25 de Wolfgang Amadeus Mozart, compuesta a los diecisiete años por el asombroso compositor salzburgués, en 1773. Si la obra de Bach es paradigmática del Barroco, la de Mozart lo es del Clasicismo. El estilo suntuoso, muy ornamentado del compositor de Lepzig es sustituido por una búsqueda del equilibrio y simetría melódica. Es por ello por lo que escuchar a Mozart supone reconciliarse con la vida, algo que cuesta entender con la corta y frustrante vida (sólo 35 años y multitud de fracasos profesionales) que llevó el músico más genial de todos los tiempos. El musicólogo Mario Muñoz Carrasco, para el programa de mano, recupera una frase de Mozart que ilustra esto perfectamente: "las pasiones, violentas o no, nunca deben expresarse hasta el punto de provocar repugnancia; y la música, incluso en la situación más terrible, nunca debe ofender el oído, sino agradarlo, y por tanto seguir siendo siempre música". Y, con inspiración divina o sin ella, ese pequeño hombre de Salzburgo creó obras musicales que hacen que la vida sea soportable, disfrutable incluso.
 Y, por último, Felix Mendelssohn, otro genio de corta vida (38 años), uno de los grandes impulsores del primer Romanticismo, que muestra ya unas melodías mucho más líricas, más dramáticas y contrastadas; no se recrea en el equilibrio y simetría del Clasicismo. Su Sinfonía nº 5 en re mayor es clara prueba de ello. Dividida en cuatro movimientos, la Quinta sinfonía de Mendelssohn, también llamada "Reforma" es un ejemplo de música programática, aquélla que tiene como objetivo evocar imágenes en el oyente. El propio autor refiere como inspiración a una tormenta y sus embates. De todos, el último movimiento, Andante con moto - Allegro vivace - Allegro maestoso, es el más interesante, e incluye la melodía principal de un himno cristiano compuesto por el propio Martín Lutero, conocido como Castillo fuerte es nuestro Dios ("Ein feste Burg ist unser Gott") que resuena luminosa con un extraordinario solo de flauta. Es una composición menos conocida que las sinfonías nº 3 y nº 4, Escocesa e Italiana, respectivamente, famosas para el gran público, pero participa de las características que sus hermanas mayores.
 En fin, un concierto, como decía antes, sin experimentos extraños, con tres obras reconocidas y admiradas por la práctica totalidad de los melómanos que llenan cualquier auditorio. El desempeño de la OSCyL, como siempre, excelente; la dirección de Suzuki, extraordinaria.

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