domingo, 5 de abril de 2026

"Vampiras. Antología de relatos sobre mujeres vampiro".

  Reseño aquí un volumen de la Editorial Valdemar, publicado en la excelente colección "El Club Diógenes", que amén de recuperar a autores de altísima calidad, juntándolos en el mismo tomo, también tiene un tamaño contenido que permite portarlo a cualquier lugar, para aquéllos que disfrutamos de la lectura en parques, jardines, plazas... De hecho, los de Valdemar frecuentemente editan los mismos textos en este formato reducido y en otro más grande, colección llamada "Gótica", que suelo rechazar en favor de la primera (no sólo por su coste mayor, sino también por su engorroso tamaño). Por otro lado, Valdemar, en el ámbito físico, escoge materiales de primera calidad, con papel grueso y tapa dura. Por supuesto, esto es lo de menos, lo principal son los textos escogidos, así como las buenas traducciones, que permiten disfrutar de autores frecuentemente descatalogados. Aunque muchos de esos tomos publican textos de un mismo autor, otros muchos, como el que nos ocupa, son antologías con determinados temas. El volumen en cuestión trata de mujeres vampiro, no confundir con vampiresas, término que la RAE reserva para describir a "mujeres que aprovechan su capacidad de seducción en beneficio propio". Con todo, esa capacidad de utilizar su atractivo personal para sacar beneficio está también en varios de los relatos aquí incluidos, aunque sea de refilón. No sé cuantos volúmenes tendré en casa de El Club Diógenes, pero seguro que superan el centenar, y seguiré comprándolos si los señores de Valdemar tienen a bien seguir editándolos.
  El volumen de Valdemar incluye dieciséis relatos, el más antiguo de 1836 y el más moderno de 1979, con autores tan excelentes como Téophile Gautier, Joseph Sheridan Le Fanu, August Derleth, Richard Matheson o Stephen King. Iré comentando los mejores:
 El texto más antiguo, y muy clásico en su planteamiento, es La muerta enamorada, de Gautier, en el que se aprecia esa dualidad de la que antes hablaba entre vampiras y vampiresas, pues es éste un relato típico del súcubo, ese diablo con bellas formas femeninas que seducen a los incautos protagonistas. Aquí la vampira y vampiresa se llama Clarimonde, que seduce a Romuald, un joven sacerdote que acude engañado a dar la extremaunción a una joven que ya es una "no muerta".
 El relato más conocido, y que la propia editorial Valdemar le dedicó un libro junto a otros textos del autor, Sheridan Le Fanu, es Carmilla, admiradísimo relato ambientado en un remoto castillo de Estiria en la que vive una joven, Laura, y su padre. A esa alejada morada llega una extraña joven, la famosa Carmilla, de inusual belleza, que seduce a Laura (se habla incluso de que, según se interprete, se podría incluir entre las primeras narraciones con tema lésbico) y trata de beber su sangre. Resulta que la tal Carmilla ha estado con anterioridad en otros lugares, bajo nombres que son el mismo con diferente orden de letras (Millarca o Mircalla) tratando de beber igualmente la sangre de jóvenes doncellas. Una suerte de "cazavampiros", menos famoso que el archiconocido Van Helsing, pero con los mismos expeditivos métodos, el barón Voldeburg acabará con la vampira con el procedimiento habitual (estaca en el corazón, decapitación e incineración de los restos).
 Una vampiresa más que vampira es la que narra Mary Wilkins Freeman en su Luella Miller, que los de Valdemar califican de "vampira psíquica", en definitiva, una mujer que aprovecha todos sus encantos, ya sean físicos para los hombres o de carácter para las mujeres, para vivir a costa de los demás, agotándolos hasta la consunción y muerte.
 Sin ser un gran relato, me ha gustado La capa, de Robert Bloch, muy clásico en su concepción. Un tipo busca un disfraz de Halloween, obteniendo gratis una extraña capa antigua en una tienda a punto de cerrar. Como es obvio, la capa en cuestión es una auténtica capa de vampiro, provocando el horror en la pequeña localidad. Aquí, la vampira es otra asistente a la fiesta, que también lleva un disfraz de la misma tienda.
 Manly Wade Wellman recrea un relato metaliterario cuando hace a Edgar Allan Poe el personaje principal del mismo. En Cuando había luz de luna, Poe busca información para una narración propia sirviéndose de una noticia local de Filadelfia en la que una mujer había sido enterrada viva, salvándose pocas horas después por el ruido que salía del cementerio. Al final se descubre que esa mujer era una vampira, y que tenía a su marido como un animal de producción al que explotar poco a poco.
 Y así hasta dieciséis relatos. No hay ninguno verdaderamente malo, aunque, lógicamente, hay altibajos de calidad, pero no deja de ser un disfrute leer las selecciones de Valdemar. Esperemos que sigan sacando antologías.

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