domingo, 22 de marzo de 2026

"Vida contemplativa", de Byung-Chul Han.

  Siempre me digo a mí mismo, y a quien me quiere escuchar, que no leo ensayo porque me parece siempre insatisfactorio: aunque me guste mucho la línea de pensamiento del ensayista, aunque coincida en muchos aspectos, siempre difiero en otros y, normalmente, no acabo compartiendo las conclusiones. Esto me ha pasado con Byung-Chul Han. Por otro lado, es fácil, leyendo entre líneas, encontrar pensamientos más profundos en cualquier obra de ficción, incluso las de ciencia-ficción, que pudieran parecer de puro y banal entretenimiento. Ahora mismo, por ejemplo, estoy leyendo otra vez a Chesterton, un volumen de Valdemar que han titulado Fábulas y cuentos, e incluso en esas fábulas se puede percibir las líneas de pensamientos social de alguien como Chesterton. Así, cabría decir que no es necesario leer ensayo para saber qué sociedad o qué individuo propugna, y es mucho más amena la lectura de cualquier ensayo.
 Es lo primero que leo, tal vez, lo último, del filósofo surcoreano Byung-Chul Han. Digo surcoreano, pero, aparentemente, cabría decir mejor coreano-alemán, pues está radicado en la ciudad de Friburgo de Brisgovia (Baden-Wurtemberg, curiosamente la ciudad de Martin Heidegger) y escribe todos sus ensayos en alemán. Por otro lado, pasa por ser un "filósofo católico", aunque, como ahora explicaré, parece ser una versión muy light, muy moderna de Catolicismo. Sí se aprecia desde luego una acerba crítica del Capitalismo, como sistema económico deshumanizante y  alienante.
 Vida contemplativa es, grosso modo, una defensa del tiempo libre, pero considerado como un tiempo para meditar, para pararse a pensar y ahondar en la espiritualidad que nos reconcilie con nosotros mismos. Está estructurado en seis capítulos, que, más o menos, podrían encajar con el "introducción, desarrollo y conclusión" clásico de cualquier ensayo. Iré citando algunas frases más destacables y las comentaré según mi entender.
 Comienza con Consideraciones sobre la inactividad, donde critica con dureza la vida moderna en la que "sólo percibimos la vida en términos de trabajo y de rendimiento", percibiendo, por tanto, que el tiempo libre es un tiempo perdido, por cuanto no rendimos nada. El Capitalismo alienante "transforma el propio tiempo en una mercancía. Con lo cual, este pierde toda festividad". "El capitalismo es la actividad en estado puro. Es la trascendencia que se apodera de la inmanencia de la vida y la explota por completo... El humano se degrada en forma de un animal laborans". Se apoya, en este primer capítulo de citas de Walter Benjamin, Marx e incluso de Peter Handke.
En Una nota marginal a propósito de Zhuangzi introduce a ese archiconocido filósofo chino del siglo III a. de C. para recordar su doctrina de la inactividad como una parte inolvidable de la ley natural.
 De la acción al ser es el tercer capítulo del ensayo, en el que cita a menudo a Hanna Arendt, también radicada (hasta que llegó el Tercer Reich, claro) en Friburgo de Brisgovia. Han considera que "la meditación inactiva va tras el esplendor de lo insignificante, lo inutilizable, lo indisponible, de lo que se sustrae a toda utilidad, a toda meta". En este capítulo, además de a Arendt, también cita numerosas veces a Heidegger.
 La absoluta falta de ser comienza con un poema de Rilke, para luego afirmar que "el corazón no puede brindar hoy ningún refugio a la perennidad. Si el corazón es el órgano del recuerdo y la memoria, en la era digital estamos absolutamente desprovistos de corazón. Almacenamos cantidades impresionantes de datos e informaciones sin recordar". Con respecto a la obsesión por durar lo más posible, Han dice: "hoy invertimos lo mejor de nuestro empeño en alargar la vida. En realidad, la vida se está reduciendo a supervivencia. Vivimos para sobrevivir. La histeria de la salud y la manía de la optimización son reflejos ante la falta de ser reinante". 
 De los tres pilares aristotélicos de la persuasión (páthos, ethos y logos), Han recurre al primero cuando afirma en El páthos de la acción: "El páthos de lo nuevo y del nuevo comienzo desarrolla rasgos destructivos, si no es inhibido por aquel otro espíritu que Nietzche llamó genio de la meditación".
 Por último, la supuesta conclusión es titulada La sociedad que vendrá, y comienza con lo que parece una salida de orientación cristiana cuando asevera: "La crisis actual de la religión no puede atribuirse simplemente al hecho de que hayamos perdido toda fe en Dios o a que nos hayamos vuelto desconfiados con respecto a determinados dogmas. En un plano más profundo, esta crisis apunta a que estamos perdiendo cada vez más la capacidad contemplativa". Sin embargo, cuando uno esperaba una defensa cerrada de la contemplación, en el sentido cristiano de la misma, es decir, en la atención a la espiritualidad en detrimento de lo material, Byung-Chul Han opta por una versión muy light del Cristianismo, que está, por otro lado, muy de moda, y que ha sido llamado "new age", es decir que liga la divinidad a la naturaleza, considerando lo contemplativo como la vuelta a lo natural.
 Así pues, como decía antes, la lectura de este ensayo me deja un poco frío. No encuentro verdaderos argumentos que refuercen la vida contemplativa, de nuevo, en un sentido cristiano, como la de aquellos de vida consagrada que no siguen la archiconocida regla benedictina del ora et labora, sino que apuestan todo a la espiritualidad, a la contemplación, al ora. Los planteamientos iniciales de Han son correctos, también cuando critica el Capitalismo actual que hace que nosotros mismos nos "autoesclavicemos", no dejándonos ni un minuto libre para la reflexión. Con ese afán de productividad, que sin duda tiene un origen capitalista o mercantil, nos explotamos a nosotros mismos como si fuéramos animales de trabajo, negligiendo nuestra parte espiritual, la más importante de nuestro ser. Pero luego no remata bien su ensayo al no promover ese "bajar los brazos para elevar el espíritu", es decir, dejar de producir para meditar, reflexionar, pensar y sentir.

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