Otra inmensa novela de uno de los autores victorianos menos reconocidos fuera de Inglaterra, Thomas Hardy. Como en Tess, la de los d'Uberville, Lejos del mundanal ruido, El alcalde de Casterbridge o Unos ojos azules, los trágicos personajes de Jude el oscuro luchan contra unas pasiones que no pueden controlar y contra los prejuicios sociales que les impiden progresar. La novela fue publicada por entregas entre 1894 y 1895, y parece ser que un obispo anglicano llegó a quemar en pira pública varios ejemplares por ofender el "santo sacramento del matrimonio". Y sí, efectivamente, se denigran los matrimonios fracasados que hacen desgraciados a sus contrayentes, pero, sobre todo, se vituperan las estúpidas convenciones sociales que sacan lo peor del ser humano, como las murmuraciones, el afán de "hacer leña del árbol caído" y los prejuicios de clase. Todos esos vicios sociales, que son tan frecuentes al principio del siglo XXI como a finales del XIX, han emponzoñado el corruptible espíritu humano desde que el primer australopithecus se bajó del árbol, y eso no tiene nada que ver con la religión y con las costumbres occidentales... ¿o sí? Es muy fácil desde 2026 pensar que se reprueba la sociedad victoriana, pero lo cierto es que si bien hoy no existen esos matrimonios como verdaderos grilletes, al menos en Occidente, los prejuicios sociales y la pura fortuna de haber nacido en una familia u otra (o, sobre todo, con una salud u otra) marca indeleblemente la vida del individuo también en nuestros días.
El argumento de la novela narra la vida de Jude Fawley, un chico de familia humilde que añora la vida del estudiante de teología en la cercana ciudad de Christminster (evidente referencia a Oxford), pero su situación social lo obligan a emplearse como aprendiz de cantería. Además, apenas salido de la adolescencia, empieza el juego eterno del amor y el sexo con una vecina, Arabella, que, usando uno de los más viejos trucos para cazar a un hombre, fingir un embarazo, fuerza a Jude a abandonar sus sueños. Pero la atracción física no es amor. El matrimonio entre Jude y Arabella está fracasado desde el principio, cuando ella admite haber mentido sobre el embarazo. Arabella abandonará a Jude para irse a Australia con sus padres. Por otro lado, Jude conoce a Sue, totalmente diferente de Arabella, pues es un alma sensible con afán de erudición. El amor, ahora sí, surge entre ellos, pero de nuevo el dinero (su falta) se interpone y los separa. Ella se casará con un maestro, antiguo conocido de Jude, que le saca más de veinte años. Cuando ya parece que no pueden torcerse más las cosas, Arabella regresa de Australia, pero se casó fraudulentamente en las antípodas, es, pues, bígama. Por su parte, Sue es profundamente infeliz en su matrimonio, la diferencia de edad y de caracteres se interpone entre ellos; además, Sue sigue enamorada de Jude, aunque su férrea educación le impide incluso pensar en él. Otra complicación más: Arabella confiesa a Jude que se fue a Australia embarazada de un hijo suyo, que ahora es mozo, y que vuelve a Inglaterra. Arabella quiere que Jude lo críe, éste acepta. El otro lado de la pareja, Sue, se separa de mutuo acuerdo de su marido, quedando libre (en el sentido real aunque no en el legal) para juntarse con Jude, lo que hacen. Pasa el tiempo, Jude y Sue finalmente viven como pareja, tienen hijos (dos propios, otro en camino y el de Arabella), pero la presión social los margina. La gente sabe que ambos están casados por otro lado y que entre ellos no hay papel alguno, con lo que incluso un simple cantero no encuentra trabajo. Empieza a cundir en Sue la idea de que su vida en común es inmoral y que la vida los castiga; el chico mayor, el de Arabella, emponzoñado de tristeza, asesina a sus hermanastros y luego se suicida; Sue, de la aflicción aborta a su feto. La tristeza y la desesperanza se abate sobre los dos jóvenes. En un afán de normalizar sus respectivas situaciones de pareja ante la sociedad, vuelven con sus parejas anteriores; pero Jude está enfermo, no sólo psicológica sino también físicamente. Finalmente, Jude Fawley morirá, tras llevar una vida de perros, "con menos de treinta años".
En fin, no diré que es una novela optimista, no me gusta mentir. Deja una sensación muy amarga, de incapacidad de luchar contra esas estúpidas convenciones sociales a las que antes hacía referencia, o incluso el destino fatal que a todos abruma.
Entre los defectos de forma, si es que se puede decir que es tal, citaré que la novela tiene demasiados altibajos, quizá los necesarios para atrapar a los lectores que compraban la publicación periódica en la que se fue editando la novela. Vaya, que era necesario enganchar a los seguidores con un desastre tras otro, alternando con esperanzas de solución. Este "defecto" es común a toda la literatura victoriana y acaba dando una sensación un tanto deslavazada de las novelas.
De las virtudes (citaré una porque son muchísimas las razones para seguir leyendo literatura de este periodo) destaca la perfecta armonía entre narración y descripción, dando lugar a un texto ágil, pero a la vez bien descrito. La descripción de personajes, en concreto, es excelsa, dando una verosimilitud a los protagonistas que es difícil de encontrar en otros autores; la evolución del carácter con respecto a las circunstancias vividas dan una redondez extraordinaria a esos personajes.


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