sábado, 31 de enero de 2026

"El Stradivarius perdido", de John Meade Falkner.

  No conocía al tal Falkner, la verdad. Me enteré de su existencia por una reimpresión de la Editorial Valdemar, así que lo busqué en la biblioteca. Parece ser que era más un escritor diletante que otra cosa, pues su profesión tenía que ver con los negocios que estuvieran en auge en cada momento, como la industria armamentística (¿y cuándo no fue buena época para la industria armamentística?). Bien, situándolo espaciotemporalmente, este autor podría ser categorizado dentro de la llamada "literatura victoriana", aunque en su época más tardía, ya que, aunque viajó por medio mundo, residió mayormente en su país de nacimiento y origen, Inglaterra de finales del XIX y principios del XX. Lo cierto es que El Stradivarius perdido podría haberlo firmado algún gran autor de la época como Dickens o James, puesto que es, claramente, una "novela gótica", subgénero narrativo muy en boga en aquella época y por aquellos lares, que no era propiamente dicha novela de terror, pero que tiene muchos de sus componentes. Así, su argumento incide en lo sobrenatural pero sin cargar las tintas, dándole sólo un aspecto morboso al comportamiento del protagonista; los fantasmas están presentes aunque no claramente delineados, sólo insinuados; el final es siempre dramático, a veces un tanto exagerado, pues ha de terminar sí o sí con la muerte trágica del personaje principal; las ambientaciones son vetustos palacios (una abandonaba villa napolitana en esta novela), que parecen  exigir que haya un fantasma en nómina para que todo esté en orden... En fin, El Stradivarius perdido es, sin duda, novela gótica, concretamente lo que los anglosajones llaman "ghost story", que tuvo su época dorada precisamente en esa época a ambos lados lados del Atlántico.
 El argumento se centra en el malhadado John Maltravers, joven noble, estudiante en Oxford, que comprueba con terror como el fantasma de otro joven, vestido con ropas de un siglo antes, acude cada vez que toca una obra concreta al violín. Además, durante la búsqueda de un determinado libro en una alacena, encuentra un precioso Stradivarius oculto en un compartimento secreto. Además de la conocida etiqueta del famosísimo luthier ("Antonius Stradivarius Cremonensis faciebat 1719") lleva otra que incluye "Porphyrius philosophus"). Tras la comprobación de la autenticidad de esa joya musical, la suerte del joven Maltravers se trunca, aislándose de sus acompañantes y enfermando a ojos vista. En poco tiempo, la otrora lozana salud del protagonista se torna en palideces, debilidades y agotamientos sin solución. A pesar de los esfuerzos de sus deudos, Maltravers se aísla de todos y sólo quiere tocar su violín. Poco después se muda a Nápoles donde compra una enorme villa abandonada. No saldrá de allí, morirá el día de Navidad. La novela termina con un escrito de un tal Gaskell, amigo y compañero de estudios de John Maltravers, quien explica un poco lo ocurrido: el fantasma que se aparecía desde el principio era el de un antepasado, un tal Adam Temple, propietario también del Stradivarius escondido en la alacena; cuando Maltravers viaja a Nápoles, compra la villa que fue de su antecesor y descubre su cadáver en el sótano. La influencia de la vida de su antiguo pariente lo domina de tal modo que su vida pronto toca a su fin con un grado de consunción extremo.
 La novela toca de modo superficial la conversión de John Maltravers a una suerte de neoplatonismo como el practicado por Porfirio, ese filósofo sirio del siglo III y IV de nuestra era que promovía un acercamiento más popular a la religiosidad, además de las ventajas de la dieta exclusivamente vegetariana.  
 La novela, todo sea dicho, no es muy interesante ni está muy bien desarrollada; es bastante predecible en algunos momentos y carece de la profundidad de otras obras de este subgénero narrativo. Por otro lado, parece que el autor pretende dar un baño de erudición con la incorporación de esas teorías filosóficas, pero el resultado es un tanto ampuloso y artificial. Es, sin duda, una obra menor de entre todas esas de la novela gótica, una más, una de las menos atrayentes.

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