Ayer tuvo lugar el habitual concierto extraordinario que todas las temporadas se programa desde el Auditorio Miguel Delibes. La orquesta invitada fue la Orchestra della Toscana, dirigida por Diego Ceretta. El solista invitado fue el también italiano Kevin Spagnolo. El repertorio es, claramente, una plena incursión en el Romanticismo alemán, aunque con referencias italianas en lo que corresponde a Schubert y Mendelssohn. Con respecto al programa, eso sí, se modificó la obra de Schubert, interpretándose la Obertura en estilo italiano en do mayor, D. 591 en lugar de la anunciada Obertura en estilo italiano en re mayor, D. 590; el resto del programa se cumplió a rajatabla. La Orchestra della Toscana cumplió excelentemente con su cometido, con un desempeño limpio y virtuosista, dirigida enérgicamente por la joven batuta de Ceretta. Con respecto al clarinetista Kevin Spagnolo, su inmenso talento como instrumentista, unido a su carisma personal y entrega llevaron al público del Miguel Delibes a aplausos sin fin que "obligó" al solista a regalar dos espléndidos bises.
Para abrir boca se interpretó la Obertura, scherzo y finale en mi mayor, op. 52 de Schumann, una obra singular en cuanto que carece de un movimiento lento para convertirse en una sinfonía por derecho propio. Así, para citarla han de nombrarse sus tres movimientos constitutivos, pues antes fue citada como "Sinfonietta" sin que acabara de calar este denominación. Es una obra notable, no obstante, con una obertura luminosa y optimista, una energía desbordante en el scherzo, y un rotundo finale que piden a gritos ese movimiento lento, ese adagio, para que fuera esa sinfonía sobresaliente. El desempeño de la Orchestra della Toscana fue exquisito, sus cuarenta músicos, todos italianos, interpretaron con sobrado talento las amables melodías de Schumann.
El Concierto para clarinete nº2 en mi bemol, op. 74 es un enérgico concierto dividido en tres movimientos: Allegro, Romanza: andante con moto y Alla polacca en las que el virtuosismo del clarinete solista ha de lucir con brillo propio. En primer lugar, la compenetración entre la Orchestra della Toscana y Kevin Spagnolo, a través del "pegamento" del director Ceretta funcionó a las mil maravillas. La notable expresividad de Spagnolo, un músico con "carisma de ángel", todo sonrisas y movimientos acompañantes, dio una teatralidad que gusta mucho al respetable, que siente y entien mejor la música de von Weber.
El largo aplauso del público fue premiado por Spagnolo con dos bises: una variación que suponía un homenaje a Falla en el que intercaló las melodías más conocidas del pasodoble España cañí, y una apasionante composición del clarinetista Béla Kovacs sobre una melodía tradicional klezmer. Los dos bises, pero sobre todo el segundo, interpretado con otro clarinetista italiano, con su alegría de vivir típicamente judía agradó sobremanera al público, que le otorgó un larguísimo aplauso preñado de bravos.
Franz Schubert fue un genial compositor capaz de crear diez sinfonías, más de seiscientas composiciones para piano y voz solista, ocho oberturas orquestales y más de cincuenta obras de cámara antes de morir, con tan sólo treinta y un años. Su Obertura en estilo italiano en do mayor, D. 591 es una amable obra romántica con toda la fuerza de un joven Beethoven, por ejemplo, pero con la dulzura propia de las obras de Schubert. Una vez más, la Orchestra della Toscana demuestra su maestría al interpretar fiel pero vehemente la obra.
Pero es con la Sinfonía nº4 (Italiana) de Felix Mendelssohn donde la orquesta invitada ayer dio su do de pecho. Sus cuatro movimientos (Allegro vivace, Andante con moto, Con moto moderato y Saltarello: Presto) la convierten en una de las obras románticas favoritas de muchos melómanos, entre los que un servidor se encuentra. El Allegro vivace parece querer remedar la belleza del paisaje italiano y su clima, con un ritmo enrabietado que hace las delicias de los oyentes. El Andante con moto es un elegante movimiento; especialmente atrayente es la melodía de los contrabajos, que supone un contrapunto delicioso al resto de las cuerdas. Con moto moderado es, en realidad, un minueto, que de nuevo tiene la elegancia como una de sus características centrales. La sinfonía acaba con el Saltarello: Presto, que evoca una tarantela, el conocido baile de la Italia meridional, con su ritmo frenético y apasionante.
Suelo decir que la programación ofrecida en el Auditorio Miguel Delibes es contrastante, pero en el día de ayer todo giró en torno al Romanticismo alemán, que incluso sin las inmensas figuras de Beethoven o Brahms llega a un nivel celestial. Por otro lado, la excelente interpretación de la Orchestra della Toscana y, sobre todo, la del genial clarinetista Kevin Spagnolo regalaron ayer uno los mejores conciertos vividos por un servidor en los últimos tiempos.

















